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José Machillanda: No es el “Día D”, es el ¡“Día A”!

 

El postchavismo militarista ideologizado ha impuesto un Ambiente Político Real Violento, responsable por la híper-inflación, una incremental persecución y una condición de sociedad ahuecada propia de un bestiario militarista y su función de caporales del chavismo castrista, lo cual apunta obligatoriamente a que un liderazgo democrático defina la transición política. Transición política entendida como proceso de socialización, que requiere de preparación-adoctrinamiento, activación de la resistencia civil hasta llegar a la huelga general y/o rebelión cívica para desplazar este régimen responsable de la violencia política hasta crear la más dolorosa yaga de una sociedad: la diáspora.

La transición política tiene que garantizar el Día A mediante el uso de la política con la ética constitucional, en la cual hombres y mujeres demócratas privilegien el accionar ciudadano. Accionar ciudadano por la vía de la resistencia civil, que será el camino para alcanzar la transición que restituya la democracia liberal. Se trata, entonces, que la política medie y contenga la barbarie y la violencia política del régimen, que se ha exponenciado hasta ser responsable por la calamidad política-social y la amenaza en el hemisferio occidental, a tal extremo que obliga a la definición del Día A como momento inicial y crítico para la transición política.

Es el Día A lo primero que tiene que definir la transición política, con lo cual conseguirá la mayor motivación que bulle en el sentir democrático en contra del chavismo, del postchavismo, de aquellos que han negociado y dialogado con el postchavismo. El Día A es una responsabilidad del líder político emergente, que por la vía política contraria a la antipolítica haga posible, mediante un proceso de socialización que requiere de preparación-adoctrinamiento, activación de la resistencia civil hasta la huelga general conocida como rebelión cívica, con la cual se desplazará al régimen autocrático militarista, que ya está amenazado con el 16J de 2017 y el 20M de 2018, manifestaciones ejemplares de la resistencia civil en Venezuela.

Es el Día A antes que el Día D para la transición política es un requerimiento, es obligante, ya que la sociedad venezolana entiende el peligro del intervalo entre el socialismo a juro y la democracia liberal. Es el Día A antes que el Día D para orillar el autoritarismo y privilegiar la lucha del liderazgo democrático hoy acechado por la barbarie, que logrará autonomía en la medida que sea capaz de unir esfuerzos, voluntades y coraje cívico para contener las estructuras militarizadas e ideologizadas de dieciocho años de regresión política por nuevas concepciones -hasta la de la contrademocracia- propias del siglo XXI en una sociedad líquida.

Es el Día A con lo cual nos garantizarnos los ciudadanos que se privilegiará la política y el gran actor será el ciudadano, quien ejecutará la resistencia civil como muestra del aprendizaje doloroso de dieciocho años de tiranía, maltrato y persecución de un régimen amarrado al castrocomunismo, soportado por un bestiario militarista en el cual parecieran muy profundas o desaparecidas las raíces sanas. Raíces sanas que, de existir, debieran acercarse a una sociedad valiente y decidida a reconquistar el derecho a vivir en paz, en función de lo que establece la Constitución, el cuerpo de leyes y el gentilicio venezolano.

Es el Día A que se requiere para conjugar voluntades, flexibilizar organizaciones y potenciar la virtud política, la iniciación del ejercicio político en el barrio, en el edificio, en la urbanización, quizás como la bella metáfora de los samanes del Padre Ugalde que muestra una real esperanza de acción y reflexión, allí donde renace la política y se construyen las energías que van a conducir a la resistencia política como método colectivo de lucha, que potenciará la desobediencia a un régimen cercado internacionalmente y despreciado por una sociedad ahuecada en calamidad político-social.

Sin Día A no hay Día D. El Día A muestra la política, obliga a las coincidencias, contiene los individualismos, da lecciones al partidismo atorrante y facilita el lenguaje plano para el ejercicio del poder de la mayoría. Es la política real, cierta, la que convoca a una acción masiva, racional, que habla de la conquista del espacio público, que muestra la decisión mayoritaria sin violencia y, de manera determinante, refleja el gentilicio democrático de manera sabia. El Día A es quizás lo más difícil de una transición, por cuanto llama a los demócratas, rechaza la manipulación y reflota la ética política entendida como un valor y una meta de la democracia liberal.

 

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