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César Malavé: Juristas…¡Qué horror!

 

Pueden llamarse Susana, Maikel, Calixto, Luisa o Gladys nuestros jueces, cuyas ejecutorias nos hacen recordar el libro del abogado alemán, Ingo Müller. Son esos quienes, a tenor de lo afirmado por un miembro innombrable del Tribunal Supremo de Justicia, cumplen con el deber de perseguir y condenar al que se oponga a la revolución bolivariana.; despropósito criminal que disuelve la nacionalidad, acaba con el talante generoso que nos fuera propio a los venezolanos y desata nuestros lazos de afecto social y ciudadano para hacernos presa colectiva de la mendacidad. Para los juristas chavistas, las palabras de la constitución no tienen el significado propio registrado en el vocabulario, sino un significado diverso, acomodaticio e interesado. Para ellos, hay un ordenamiento oficial, que se expresa en las leyes, y otro oficioso, que se concreta en la práctica política sistemáticamente contraria a las leyes. De allí que el Tribunal Supremo de Justicia venezolano, no dudara para dictar la sentencia que concretó el asalto a las urnas electorales de los estudiantes de la Universidad de Carabobo. Sin ninguna competencia para impugnar;   los juristas con este horror anulan la proclamación de Marlón Díaz, legitimo ganador a la presidencia de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad de Carabobo, quien obtuvo más del 80% de los votos; y proceden a proclamar a la candidata del PSUV , Jéssica Bello, cuya plancha no obtuvo siquiera un consejero estudiantil. Frente a este horror de los juristas del régimen, la rectora de la Universidad de Carabobo, Jessy Divo, manifestó que la Universidad de Carabobo hará respetar la voluntad de su comunidad estudiantil y que ningún ente externo vulnerará su autonomía.

Para los integrantes del TSJ venezolano no importan los votos ni quienes los cuentan sino quien decide, y en este caso decidieron ellos, lo que denota el grado de secuestro de las instituciones de parte de esta autocracia que gobierna a Venezuela.  Lo que estos juristas justifican hoy tendrán que explicarlo mañana.

Nuestro papel en estos días es no callar, no permitir que nos dobleguen haciéndonos pensar que nada podemos hacer. Es nuestro deber resistir el atropello con el valor de quienes amamos este país y no estamos dispuestos a entregarlo. Hay necesidad de evitar que en el futuro tengamos que buscar nuestro propio Ingo Müller para que escriba un libro de cómo un grupo de eunucos modificó las leyes del país y las puso al servicio de una presunta revolución. Dios no quiera que algún día debamos publicar nuestra propia y bochornosa memoria de cómo se destruyó una república y cómo pudimos permitirlo.

@cesarmalave53

 

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