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Nelson Chitty La Roche: Sobre el final y otros finales más

 

“¡Colombianos!, habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad, donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí de que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores y me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

“Al desaparecer en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo haceros la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno, para liberarse de la anarquía: los Ministros del Santuario, dirigiendo sus oraciones al cielo, y los militares empleando la espada en defender las garantías sociales. ¡Colombianos!, mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos, y se consolide la unión yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Simón Bolívar.

A lo largo de la vida se nos va haciendo presente la dinámica del ciclo que acompaña las distintas empresas en que nos involucramos, conscientemente o no. Dejamos paulatinamente la infancia, la niñez, la pubertad, la adolescencia. También la escuela, el liceo, la universidad, el estrado, la fábrica, el consultorio. La derrota, la prevalencia, la victoria, la gloria, el partido, el gobierno. Son como fases, etapas, intermedios, inicios, finales, sin olvidar la única certeza del que nace y es aquella de que morirá.

Hay en la vida un balance ético para evaluar y apreciar en el desarrollo existencial los parámetros sobre los que fluimos. Traeré una opinión autorizada que estimo conveniente. “La ética es justicia, es la decisión entre lo que está bien y lo que está mal, es aplicar reglas que fomenten un comportamiento responsable sea colectivo o individual; en sí, es la esencia de cada individuo”. (Connock. S. y Johns. T, (1995).

Siendo católico, creo firmemente en la resurrección y en el encuentro en el Valle de Josafat, pero admito que el devenir suele ser un tránsito complejo que, sin embargo, afirma para pasar a otras instancias que a menudo postulan otra dimensión de la misma existencia. Hay que atreverse a concluir como a iniciar, aún más, si vivimos con deseos de trascendencia.

Nos enseñó Toynbee que las civilizaciones pueden extinguirse, aunque algunas son capaces de vencer en su desafío, en su tour de forcé para sobrevivir, mutar, evolucionar. Spengler, Danilevski, Sorokin bordean la temática para referirse a los lapsos temporales de comienzo y término o acaso, de esas civilizaciones que conocieron un auge, pero también una caída.

¿Cuánto aprendemos de Kipling al leerlo y evocamos con el poeta? ¿Imaginamos, reconocemos, a los impostores del momento, coronándonos o arrancándonos la corona en las metáforas de nuestra vida? ¡Nada es para siempre, aún la más hermosa rosa se marchita! Hay que saber entender que debemos una actitud para cuando echamos a andar un propósito, pero también al asumir por sus resultas y objetivando el juicio que debemos concluirlo eventualmente.

Hay una denuncia, sin embargo, a tener en cuenta que apunta a quienes creen que la tercera ley de Newton no tiene cabida en la dinámica social, y que pueden hacer y deshacer indefinidamente. Viene a mi memoria una hermosa cita que me permito compartir: “Controlamos la vida, Winston, en todos sus niveles. Te estás imaginando que hay algo que se llama naturaleza humana que se escandalizará por lo que hacemos y se volverá contra nosotros. Pero nosotros creamos la naturaleza humana. Los hombres son infinitamente maleables”. (Orwell, G. 1984, París: Folio, 1948, 379).

Venezuela se interroga a diario sobre cuándo, por fin, terminará esta desgracia que vivimos ¿Maduro y su combo se aferran al poder o a la dominación?, cabe preguntarse. Legitimidad no tienen ya, si atendemos a los estudios de opinión que nos muestran que apenas 17% de los venezolanos encuestados los quieren aún gobernando y la aplastante mayoría los quiere fuera de la institucionalidad. La mejor prueba la tendremos en unos días más, en ocasión de las elecciones municipales que mostrarán una abstención grosera como respuesta a un mecanismo que sabemos desacreditado por un árbitro pútrido. Dirán que sí, que ganaron, ante el desprecio y la lejanía de 8 de cada 10 conciudadanos que se quedarán en casa, rencorosos, resentidos, ofendidos, humillados, obstinados y cansados del fraude, y de la farsa en que devino el Estado chavista.

Dominan, pero por las malas, mimetizados en las bayonetas de una FANB hecha jirones, armados para repeler, pero no a los verdaderos enemigos del país que lo han arruinado y maculado, por cierto, sino al pobre pueblo que otrora les confió la defensa de su soberanía y su ilusión.

Viene a mi memoria otra de esas citas imprescindibles de Michel Foucault: “El rasgo distintivo del poder consiste en que algunos hombres pueden, más o menos, condicionar la conducta de otros hombres, pero nunca de manera exhaustiva o coercitiva. Un hombre encadenado y arrodillado está sometido por la fuerza que sobre él se ejerce, pero no por el poder”.

El chavismo, como propuesta, no es viable; rechazado, racional y científicamente por la entidad de sus errores y fiascos, enfermo de ilegitimidad e ilegalidad. Se mantiene entonces precariamente por la represión y la judicialización de la justicia, la criminalización de la ciudadanía, la enajenación militar y la impunidad. La tiranía define eso fenomenológicamente bien, pero no comienzan, sino que terminan; no pueden fracasar reiteradamente sin que les arrastre por el albañal de sus desastres, los traspiés y la mezcla de falencias, carencias y déficits.

Asesinaron la República a puñaladas de incompetencia, cinismo y corrupción; son reos de traición a la patria y el mundo los reconoce como responsables del mayor desfalco del que se haya sabido.

Asuman su barranco y no sigan aparentando que la normalidad les asiste. Recibieron una tasa de plata y dejan un estado fallido, endeudado, desarticulado, vulnerable, arruinado. Deben salir.

Leo a otros que escriben por estos medios u opinan que no hay posibilidad de hacerles ver a los chavistas maduristas, el tamaño de su cataclísmica gestión. Advierten algunos que no puede haber transición, pero no muestran, y eso los debilita, ¿cómo se irán los zafios?, ¿cómo se convencerán los sostenes del mal de forzar una salida? y no ayudan mucho al logro de la superación del hondo bache histórico que representa la permanencia del pernicioso chavismo madurismo.

No llega, no alcanza ensayar, pretendidos facultativos de la realidad, un diagnóstico; atrévanse a proponer una terapia, un plausible tratamiento o guarden silencio para que otros lo hagan. Este es un asunto de los venezolanos todos y nadie debe desmerecer a quien ejerce su derecho de participar de la deliberación, pero de manera útil. Esta vigilia hórrida debe finalizar; esta pesadilla ha de terminar.

En enero, sin embargo, se agudizarán las contradicciones, colapsarán servicios y empresas porque se profundizará el aislamiento, la penuria de alimentos y medicinas, repuestos, empleos y, peor aún, la insolente y desafiante inflación nos hará ya no pobres sino paupérrimos y míseros, si acaso ya no lo somos. Tal vez entonces sepamos ponerle fin al final que se ve enorme, pero que no acaba de concretarse. ¡Dios nos ayude!

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