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Héctor Silva Michelena: Un gobierno proxeneta

 

¿Qué es un proxeneta? La Real Academia Española la defina así: “Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona”.  Precisamente, y con alevosía, este es uno de los negros resultados del gobierno dictatorial que nos abruma con sus desastrosas políticas públicas y su fría crueldad, expresada por las garras perversas de la Policía Nacional Bolivariana, el Sebin, la Dirección General de Contrainteligencia Militar, las milicias bolivarianas, los colectivos y otras organizaciones paramilitares.

No estoy diciendo que los “facilitadotes” de la trata o del tráfico de esclavas sexuales sean agentes del gobierno venezolano. No, no es así. Solo digo que se trata de mujeres venezolanas que, solas o acompañadas de familiares y amigos, se vieron obligadas a emigrar de su país, huyendo de las severas penurias que torturan hoy a los habitantes de Venezuela.

En efecto, un despacho de Associated Press, AP, fechado el 22 de noviembre pasado, informa, desde Bogotá, que más de 40 venezolanas fueron rescatadas de una red colombiana de “esclavismo sexual en pleno siglo XXI”, en la que permanecían cautivas y eran forzadas a prostituirse, según fuentes de las autoridades de Colombia.

La red capturaba a las mujeres en la ciudad fronteriza de Cúcuta y las trasladaba a Bogotá, capital de Colombia, donde les confiscaban los documentos y las obligaban a prostituirse durante 20 días para pagar por el transporte, de acuerdo con las autoridades. El fiscal general, Néstor Martínez, señaló que las mujeres solo tenían 15 minutos libres al día y eran multadas si regresaban tarde a casa.

Los capos de la red de tráfico sexual, que no está formada solo por colombianos, fueron entrenados por expertos “facilitadores de países de Europa del Este. Se dice que estos traficantes contrataron a un médico para realizar abortos a las mujeres que quedaban embarazadas, agregó Martínez, que sentenció rotundamente: “Es absolutamente repudiable”.

Sabemos que a defensores de derechos humanos les preocupa que el tráfico de personas se incremente conforme crece la emigración de Venezuela. Las autoridades locales indican que muchas venezolanas han huido de la crisis económica y humanitaria de su país y son halladas en la prostitución, con frecuencia en un intento desesperado de ayudar a sus familias.

Según Naciones Unidas, cerca de tres millones de venezolanos han emigrado en los últimos años, y Colombia ha recibido a más de ellos que cualquier otra nación. Muchos llegan con tan solo una maleta de pertenencias.

El fiscal Martínez subrayó que el rescate de las mujeres podría haber sucedido antes, pero que un agente de migración de Colombia advirtió a la red sobre la redada. El fiscal no ofreció el nombre del agente, pero prometió que sería presentado ante las autoridades en las próximas horas.

El secretario de Seguridad de Bogotá, Jairo García, detalló que cerca de la mitad de las mujeres fueron rescatadas en Bogotá y las demás en Cúcuta. Añadió que muchas de ellas fueron atraídas a la red con promesas de alimentos y dinero.

García afirmó que a las mujeres les dijeron que “todo va a estar bien, y cuando llegaban a Bogotá les quitaban la identificación y las encerraban”. Informó que las autoridades tratan a las mujeres como víctimas y les han brindado alimento y ayuda humanitaria. El rescate formó parte de un operativo más amplio en el que 144 personas fueron detenidas, al menos una de ellas bajo cargos de trata de personas.

La trata de mujeres: esclavitud en el siglo XXI. Yo pienso que todo esto que ocurre con las infortunadas venezolanas, que no migran voluntariamente sino obligadas por la larga y profunda tragedia que azota a Venezuela, bajo un gobierno dictatorial, que ha sumergido al país en la peor crisis humanitaria de su historia. Insisto, no estoy afirmando que los “facilitadotes” de esta abominable trata de esclavas sexuales sean sicarios del gobierno venezolano. No, no es mi propósito. Solo digo que se trata de mujeres venezolanas que, solas  o acompañadas de familiares y amigos, se vieron obligadas a emigrar de su país, huyendo de las severas penurias que torturan hoy a los habitantes de Venezuela. Con la complicidad del Alto Mando Militar que viola los artículos 328 a 331 de la Constitución, de 1999. Una frase del artículo 328 reza: “En el cumplimiento de sus funciones está al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso de persona o parcialidad política alguna”.

La trata de personas –mujeres en su gran mayoría– para la explotación sexual forzada constituye un delito preocupante tanto por sus consecuencias en las víctimas como por la cantidad de leyes nacionales e internacionales que infringe. A pesar de que se trata de un negocio en continuo crecimiento, es un problema que no recibe atención suficiente de los gobiernos y medios de comunicación, y las víctimas y las atrocidades que sufren suelen quedar en el olvido. Son “las excluidas de las excluidas”.

La trata y tráfico de personas continúa siendo un negocio muy rentable por razones obvias: las víctimas trabajan completamente al margen de la ley, sin derechos laborales ni sanitarios, recibiendo poco o nada a cambio y sin tener otra opción. Se calcula que en muchos países mueve el mismo dinero que el tráfico de armas y drogas juntos, aproximadamente 6 billones de dólares al año, lo que supone 1,5% del PIB mundial. El proceso que lleva a estas personas a verse atrapadas en esta situación es muy complejo y cambiante; para comprenderlo correctamente se deben analizar todos los factores y partes implicadas, y evitar caer en clichés y prejuicios generalizados.

Es cierto, pero sabemos que la estigmatización de las prostitutas es uno de los factores que más hace mella en la resistencia de las víctimas de explotación sexual. A pesar de haber sido forzadas, la sensación de culpa y vergüenza por haberse convertido en una puta se convierte en una de las principales barreras a la hora de denunciar lo sucedido a las personas de su alrededor o a las autoridades. Además de ello, sufren amenazas, deudas que no terminan, violencia física y verbal, tratos vejatorios, intoxicaciones con drogas y sedantes…; todo vale con tal de garantizar el control total de las víctimas y su sumisión.

Ello resulta en que la mayoría de las víctimas jamás son identificadas. La ONU afirma que solo 1% de las víctimas de trata sexual sale a la luz, por lo que es complicado saber con exactitud la cantidad de afectadas. Aun así, se calcula que la trata de personas con fines de explotación sexual es el negocio criminal con mayor crecimiento de todos. Y nada de esto sería posible sin la otra cara del negocio: los clientes. Conseguir que vuelvan a tener confianza en sí mismas y en los demás es el paso más complicado y pocas veces se logra; muchas de ellas, ante la falta de apoyo estatal y social, se resignan a una vida que “ya está arruinada” y recaen en la prostitución como único modo de vida que conocen. Vea el filme La inmigrante, protagonizada por la gran actriz Marion Cotillard, en el que un proxeneta la obliga a vender su cuerpo para poder subsistir.

La masiva y sin precedentes diáspora venezolana, y singularmente sus mujeres, es un éxodo sin dioses ni reyes. Son las náufragas de la miseria de un gobierno mafioso.

 

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