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León Moraria: Otro Progresista

 

Se inaugura otro gobierno de los llamados “progresistas”. Estamos convencidos de haber oído, muchas otras veces, el discurso de toma de posesión de López Obrador al inaugurar su período presidencial. Tiene el mismo tufo demagógico y populista de todo gobernante que inaugura su mandato. Son muy pocos los que renuncian al discurso programático de lugares comunes y sólo pronuncian palabras de aceptación. Entre ellos, la más elocuente en silencio, fue la presidente Bachelet, en su primer mandato, sin discurso y sin juramento, como corresponde a un ateo y en su caso, agnóstica. Este modelo debería tomarse como protocolo, por cuanto ¿De qué sirve el discurso de promesas y planes si al final del mandato el gobernante termina siendo una copia al calco de gobiernos anteriores? Y el juramento ¿Para qué si hacen todo lo contrario de lo que juran cumplir? Para muestra, no un botón, sino, varios: Chávez, Lula, Mujica, Santos, Kirchner, Ortega y pare de contar. Los resultados están a la vista en cada país.

Vamos a destacar algunos de los lugares comunes en el discurso de López Obrador:

Primero. La lucha contra la corrupción. ¿Cómo interpretar lo que dice? ¿Interpretarlo cómo lucha anticorrupción o como lucha procorrupción? ¿Por qué? Porque en cada uno de nuestros países hay dos cosas que crecen sin freno: la corrupción y la deuda externa. ¡Saquean las arcas nacionales y para colmo, nos hipotecan! Dos cuñas del mismo palo. El gobierno que llega trae nuevas prácticas de corrupción, de rapiña, de saqueo. Los gobernantes de nuestros países se disputan el trofeo. Hay algún país de Latinoamérica donde el exgobernante no sea señalado de corrupto, no sólo por la administración de las arcas nacionales, sino, en todo lo demás – por ejemplo – qué decir del respeto a la Constitución y la institucionalidad democrática. En Perú, los últimos cinco presidentes tienen juicios: unos, están en la cárce; a otros, los está buscando Interpol. Se da el caso de los que mueren, como Chávez, y no hay forma de hacerles pagar sus desafueros. La lucha contra la corrupción en nuestros países es como ver la cara oculta de la Luna.

Segundo. Defensa del ambiente y los recursos naturales. Otro lugar común en los discursos de toma de posesión presidencial. En este tema, lo dicho por López Obrador provoca risa por las contradicciones que envuelve: Dice, “la industria petrolera mexicana está en quiebra y hay que rescatarla”. Si el petróleo y el carbón son los mayores productores de monóxido de carbono – aporte del hombre al calentamiento global – reactivar la industria petrolera ¿Acaso no envuelve la mayor contradicción en que caen los gobernantes de los países productores de petróleo y de carbón cuando hablan de “defensa del ambiente” y firman el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París? Es muy sincero Trump cuando se retira y denuncia el Acuerdo de París. En la TV hay una promoción de protección de los océanos que dice “Planeta o plástico”. Debería ser imitado por uno que diga “Planeta o petróleo”. Según los últimos informes de científicos, y de La ONU, el margen de dos grados de calentamiento previstos para final de siglo, se cumplió o está a punto de cumplirse, lo cual hace imposible el proceso de recuperación del equilibrio climático. Qué coincidencia, los dos mayores productores de petróleo en Latinoamérica, durante décadas, Venezuela y México, tienen en quiebra su industria petrolera. ¡Planeta o petróleo!

Tercero. Demagogia y populismo. No sé por qué al oír el discurso de López Obrador, por mi mente pasaban visiones horribles – que discurso tan cruel – como las que estamos padeciendo los venezolanos. Desabastecimiento de alimentos: hambre. Falta de medicinas y servicios hospitalarios: salud. Delincuencia y narcotráfico: inseguridad. Fallas en los servicios elementales: institucionalidad. Ruina económica de la agricultura y la industria: pobreza, desempleo, migraciones. El proceso que condujo a nuestro país a la ruina en que nos encontramos es el mismo que anuncia López Obrador para México, país petrolero: subsidios al consumo de gasolina y alimentos; tarjeta de la patria; creación del Banco de la Mujer y Banco de los Pobres. Buenas relaciones con los países vecinos, Colombia/Brasil, perdón, Estados Unidos y Guatemala. En general, la propuesta social de López Obrador es la misma que ejecutó Chávez y Madura consolida. Mismo plan de misericordia y no de justicia social que ha vivido Venezuela durante los últimos 18 años. ¿Cómo conseguir que esos planes cumplan su propósito y no terminen en lo contrario, como ocurrió en nuestro país? He ahí el meollo del asunto.

Deseamos de corazón que los anuncios de López Obrador se materialicen en hechos positivos para los mexicanos y dentro de seis años, no estén padeciendo la dura situación que se vive en el denominado país más rico de Latinoamérica. Paz a sus restos, se dice en los obituarios.

 

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