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Carlos Guillermo Cárdenas: El hospital fenece

 

Ha transcurrido mucho tiempo desde que los hospitales venezolanos van a declive. La fuerza de deterioro hospitalario pareciera que no tiene muro de contención. Las fallas y deficiencias son un tema recurrente que sólo hace falta repetirlo para no olvidarlo. Los médicos venezolanos que laboramos en los hospitales públicos no abrigamos esperanzas de mejoría en el suministro de medicamentos, de insumos, de recursos diagnósticos, de comida balanceada para los niños y adultos hospitalizados, pues esa esperanza se esfuma en el tiempo. Y lo más grave es que cada día la solución es más difícil, pues en el caso de los equipos diagnósticos, de acuerdo a la cifras que disponemos, más del 80% de los mismos no están operativos. No es uno o dos equipos, es la inmensa mayoría de los mismos que no prestan servicio.

La tomografía y la resonancia magnética (RNM), dos recursos diagnósticos de primera línea de importancia en la medicina moderna, prácticamente ningún hospital venezolano dispone del mismo. El recurso diagnóstico de equipos es esencial en la medicina del siglo XXI, pues se puede contar con un experimentado y docto clínico en la sala de hospitalización, pero al estar ausente el estudio especializado de imágenes, el diagnóstico puede adolecer de múltiples fallas. Un ejemplo lo ilustrará mejor, en la afección de la displasia arritmogénica del ventrículo derecho, de evolución compleja y delicada, la RNM es un recurso de gran valor complementario para el diagnóstico. Y como el caso anterior, muchas otras afecciones o enfermedades requieren de la RNM. Algo más trivial como los trastornos de la rodilla, que pueden incapacitar al individuo, el diagnóstico de RNM constituye el recurso último para asumir la conducta frente a la afección.

No menos importancia tiene el equipo de hemodinamia para el tratamiento del síndrome coronario agudo (infarto agudo de miocardio) que requiere de dilatación de la arteria responsable para restituir el flujo sanguíneo y recuperar el músculo cardíaco en peligro.

Nuestra esperanza está depositada en la sensatez y la racionalidad de los cuerpos directivos de la salud a nivel nacional, que por rango constitucional están en la obligación de brindar y garantizar una medicina oportuna y de calidad.

 

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