Gloria Cuenca: El Voto

 

Este desastre continuado hace 20 años ha logrado hacer trastavillear a los más sólidos y completos demócratas. En esta esquizofrenía política -tan del gusto de quienes se declaran comunistas- muchos de quienes  son demócratas, al encontrarse en un momento de disparates históricos e ideológicos empiezan a “disparar” palabras sin sentido, que  repiten como loros. Es el término adecuado, disparar, con una especie de ametralladora loca que no se sabe, en que circunstancia empieza a lanzar toda clase de cuestiones insólitas con relación al voto. Cualquier cosa que se les ocurra en este despropósito en que  se nos ha convertido la vida, hace que todo parezca posible. El cuento es, que  les dio por empezar a hablar mal de las elecciones. Y lo peor, del voto. Coincidencialmente, los abstencionistas, estarían de acuerdo, en primer lugar con los grupos más radicales: los  de toda la vida, “Tercer Camino, “El Douglismo” “Chávez, en su primera etapa”, entre otros, antes de encontrar el camino electoral, el del voto, donde logró su primera victoria. Si hubiera seguido por el camino de la abstención, nunca, contradictorios lectores, nunca habría ganado. Ya había sido derrotado, en dos terribles golpes militares, en donde asesinaron a más de 300 personas. (De lo que, por cierto, nadie se acuerda). Por esa ruta, no habría llegado a ninguna parte. De las cosas que aprendió este país en  democracia fue ir en contra de los golpes militares. No es que lo diga yo, sino que así es: una realidad. Por cierto, de eso poco se habla, del “golpismo trasnochado”. Nada, los genios han decidido hacerle caso a los viejos abstencionistas,  pescaron en “rio revuelto”, ¿recuerdan, contradictorios lectores, “ganancia de pescadores”? Son ciertos demócratas quienes han perdido la fe en el voto, por cuanto hay trampa en las elecciones. ¿Y, qué me pregunto? Las trampas a veces se impiden, con organización, conciencia, valentía y decisión. En otras, se denuncian y se comprueban. Durante todos estos años así ha sido. Lo hemos logrado en algunas oportunidades y en determinados lugares, donde nuestra gente no lo ha permitido. Eso sí, con trabajo arduo, decisión y mística. De manera que, como me choca el abstencionismo, lo lamento por todos esos inconscientes o, tal vez conscientes seguidores de Chávez, votaré. Por fortuna tengo por quien votar, no perderé mi voto y como demócrata cumpliré con lo que creo y pienso, coherentemente con mi posición. ¡A votar!

 

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