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Víctor Manuel Hermoso Aguilar: Panchito Mandefúa ilusiona de nuevo

 

Los cuentos de navidad, que recuerde, son caminos de justicia. De cómo Panchito Mandefúa cenó con el niño Jesús, es uno de ellos. Esta inspiración de José Rafael Pocaterra, retrata la época de principios del siglo XX. En mi memoria navidad era ropa para el frío, patines y madrugada, estrenos sentidos por la novedad, olor de manzanas, tarjetas de navidad redactadas por quien las enviaba, almanaque de Rojas Hermanos y él que le regalaba a papá, el señor del Abasto… me entretenía mirando los días en que caían los cumpleaños.

Sinceramente no me acuerdo del pan de jamón, pero sí que la presencia de la tunja (especie de pan dulce que mojábamos en el café). Era un acontecimiento la molida del maíz pilado para las hallacas. Cuando se nos cansaba una mano, acudíamos a la otra. En esta alternancia competía con mi hermano Marcos. Mamá con mis hermanas pequeñas, hacían las hallacas y estaban pendientes de que yo no les robara las pasitas.

Nunca escribí una carta al niño Jesús. Pensaba en el regalo que anhelaba, lo repetía en familia y así él se enteraba y a veces, solo a veces, me complacía. Pero, siempre había un presente que descubría el 25 de diciembre. Verdad era que trataba de no dormirme para ver al niño Jesús, pero el sueño me vencía. En mi casa el pesebre era el adorno navideño por excelencia, pero nunca fue algo espectacular. Si lo era un pesebre que elaboraba un señor alemán que abarcaba la enorme sala de su casa.

Añoro la sencillez de antaño, pero no por ello deja de entusiasmarme la navidad de hoy. Ya el arbolito de navidad es criollo, en las casas se las ingenian para construirlo cuando no es posible comprarlo. Esto de ser criollo es algo polémico. Así el pesebre alguna vez fue ajeno, hoy el árbol de navidad es para algunos, expresión de navidades foráneas.

Navidad sin música no es navidad.  No imaginamos una fiesta decembrina sin los aguinaldos, parrandas y gaitas. En la radio y en los templos se dejan oír los conjuntos navideños. Siempre tuve una gran admiración por los compositores de villancicos, quienes captaban el <pálpito de la gente>, en estrofas que combinaban lo sagrado y lo cotidiano. Navidad sin fuegos artificiales (los están prohibiendo desde antes de inventarlos), es una noche en silencio.

El año nuevo es otro cantar. Es una renovación de vida (independientemente de que las promesas no se cumplan), es sentirse nuevo. Así por ejemplo este año quiero hacerle un homenaje a José Rafael Pocaterra y a su Paquito Mandefuá. Se trata de un cuento navideño que me refirió mi Tía Clota y se llama Panchito Mandefúa ilusiona de nuevo.  

Clota Aguilar de Ancestro: La Tía Clota

El escenario es Turmero, lugar donde residen los Mandefúa. Panchito creció y se dedicó al comercio. Al <transcurrir del tiempo>, el niño creció entre gente de vivir en emergencia y desarrolló una gran habilidad para los negocios. Pero, a medida que la ciudad de Caracas crecía Panchito se fue hastiando de tanta contaminación, del ruido de los carros, de las personas deshumanizadas, de la falta de espacio para albergar a su esposa y a sus hijos, de las iglesias sin feligreses y especialmente de la invasión de los amigos de lo ajeno. Buscando un sitio que estuviera cerca de la ciudad como pueblo grande y que le permitiera sembrar y criar animales se mudó para Guayabita, cerca de Turmero Estado Aragua.

Corrían los año sesenta y los Mandefuá, estaban instalados en la finca “Cené con el niño Jesús”, en remembranza con  aquella navidad de la Caracas de los años veinte. A sus cincuenta y tantos años, ya Panchito era abuelo. Su hija Libertad llamó Panchito a su primer hijo que nació un veinticinco de diciembre. Era Panchito Mandefuá II, porque el padre lo asumió como tal. El carricito le preguntó a su mama Libertad si el niño Jesús era quien traía los regalos o si eran los padres los que los compraban. Libertad se quedó pensando y respondió. Solo a aquellos que están convencidos que el niño Jesús es quien trae los regalos les complace. El niño creyente inspira la generosidad del niño Dios. Aquellos niños que perdieron la inocencia bajan del cielo y se refugian en la esplendidez de los padres.

Aunque Panchito Mandefuá II, no entendió bien el mensaje de la madre, optó por creer en el niño Jesús, pero puso a prueba su existencia. Su travesura consistió en pedirle al niño Jesús algo que sus padres no pudieran comprarle. Su carta al niño Jesús fue la siguiente.

Querido niño Jesús

Supongo que estás muy ocupado y que tal vez, no puedas leer mi carta y solo te ocupes de saber lo que te pido de todo corazón. Aquí en el barrio, mis amiguitos piensan que no existes y que solo los niños tontos creen que eres real. Yo no quiero ser tonto pero tampoco puedo abandonar a quien me trae algo todos los años. Por eso he decidido no pedirte nada y por el contrario, ofrecerme como tu ayudante. He visto a mi hermana menor, Caridad Mandefuá, envolver regalos y en mi Jardín de Infancia “Coro de Ángeles”, aprendí a usar la tijera y a cortar papel. Te anoto mi dirección, aunque sé que no la necesitas: Calle Bullicio, Villa Mandefúa”, Guayabita, estado Aragua.

Si te voy a pedir que le traigas a mi hermanita una muñeca que hable y llore. Ella no sabe escribir. Por favor deme su bendición y avíseme para ayudarlo.

Panchito Mandefúa II.

La respuesta del niño Jesús fue:

Querido Panchito II

Para mi es inolvidable la familia Mandefuá. Tuve, hace un tiempo atrás, la fortuna de recibir en mi mesa a tu abuelo Panchito. Aprendí de él que la necesidad es fe que concierta, luz que inspira, tejedora de caminos… que dar es recibir. Caí en cuenta que la desigualdad lleva en sí variantes de aprecio, en lo que damos y recibimos. Tu abuelo era un niño de la calle, que luego de un accidente el dia de navidad, cenó conmigo aquí en el cielo. Entonces convencí a mi Dios-padre para que lo regresara a la Tierra. Para tu abuelo eso, fue solo un sueño.

Yo soy para los niños la ilusión que vivifica. La ilusión es el regalo de Dios para combatir las realidades crueles. Bienaventurados los ilusos porque de ellos será el reina de la felicidad. El regalo del niño Jesús se engrana con la ilusión. Posee un toque de ternura que glorifica. Ilusión es espiritualidad. Quieres envolver regalos, inventa una ilusión para tus padres y hermana. Cuenta con la muñeca para tu hermanita Caridad.

Que Dios bendiga la ilusión que albergas.

El Niño Jesús.

 

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