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Carlos Guillermo Cárdenas: El Nacional, el diario

 

Desde joven como estudiante de bachillerato recuerdo mis primeras lecturas del diario fundado por D. Miguel Otero Silva. En casa de los abuelos maternos, temprano en horas de la mañana, cuando el alba despuntaba, el diario era recogido en el portal de la casa en la Avenida Independencia una cuadra abajo del rectorado de la Universidad de Los Andes, por el abuelo. Después de la lectura de rigor, me lo entregaba para rayarlo con creyón como todo niño lo haría. Así me familiarice con el diario que dirigía el escritor y periodista.

A mediados de los 60s, nuestros primeros escarceos con el Movimiento Estudiantil Católico que tenía presencia en el Liceo Libertador de Mérida, nos abrió otros horizontes y El Nacional fue la curiosidad para conocer la realidad de nuestro país. Desde entonces, fui asiduo lector del diario, al punto que durante la maestría en hemodinamia en el Instituto del Corazón de Texas (Texas Heart Institute, Houston),  visitaba el consulado para leer la prensa venezolana. En el último año (1980), pude adquirirlo con regularidad en la librería cercana a mi residencia. El Nacional llegaba al día siguiente en un vuelo que mantuvo la línea aérea Continental en el trayecto Caracas-Maiquetía-Houston.

El Nacional dejó de publicarse en papel el pasado viernes 14 de diciembre. Este hecho tiene una lectura muy singular en la vida de los medios de comunicación, pues se trata del segundo diario nacional más antiguo, después de El Universal, que sale de circulación en la edición impresa. El diario que fundó D. Miguel Otero, hombre que luchó junto con la llamada generación del 28 para rescatar la libertad y la democracia del país.

El Nacional fue el diario de muchas generaciones de intelectuales, universitarios, profesionales, empresarios, comerciantes, estudiantes, amas de casa y trabajadores y de todos los sectores de opinión de la política nacional. Fue un diario que mantuvo la amplitud que le imprimió su fundador. En sus páginas escribieron hombres de gran relieve y talento. Sus páginas de opinión fueron leídas en todos los rincones y los editoriales constituyeron una orientación, compartida o no, por muchos de sus lectores, del acontecer nacional.

Con la salida de El Nacional, se le quita una parte al intelecto y al pensamiento nacional. Se cercena una porción del espíritu de lucha que caracterizó al que muchos consideramos el diario más importante de Venezuela. Sólo nos queda pensar con optimismo, que es un paréntesis y que más temprano que tarde, El Nacional estará de nuevo en los kioscos del país.

 

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