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Enrique Meléndez: ¿Ha muerto El Nacional?

 

La muerte de El Nacional supone la muerte del diarismo en Venezuela. Sobre todo, porque significó durante toda su trayectoria de más de 70 años una escuela de la comunicación impresa. Recuerdo siempre las palabras de Miguel Otero Silva, su fundador, quien decía que este periódico había nacido de una audacia comercial, que se había suscitado entre su padre, Miguel Henrique Otero Vizcarrondo, y él; pues éste había viajado a los EEUU en el año de 1943, en plena II Guerra Mundial, y por allá se encontró con que estaban vendiendo la imprenta de un rotativo, que había ido a la quiebra, y entonces, un amigo lo animó a que la comprara, trayéndole a colación el hecho de que su hijo Miguel podía hacer maravillas en el periodismo con aquella imprenta aquí en Venezuela.

Agregaba Otero Silva que de inmediato su padre le mandó un telegrama con un par de palabras: “¿Te encargarías de un periódico, si compro una imprenta?” De inmediato Miguel le respondió: “Sí”. Para entonces Miguel era un joven, que comenzaba a dar los primeros pasos en la literatura venezolana; hasta convertirse posteriormente en un escritor de una cierta notabilidad, sobre todo, a raíz de la publicación de una novela con el nombre de “Fiebre”, y donde evoca los sucesos de la famosa Semana del Estudiante de los carnavales de 1928; en los cuales germina la dirigencia; que entonces pasaba por las aulas de la UCV, y que hará historia política en este país entrado el siglo XX; aparte de que Miguel ya había fundado algunos periódicos, sobre todo, de corte humorista; en la misma línea de lo que había sido el periodismo costumbrista de comienzos de siglo XIX, encabezado por Leoncio Martínez.

El periódico nace en el año de 1943, bajo el gobierno de Isaías Medina Angarita, y cubre setenta años de historia; uno diría que cubre la modernidad, en especial, la prolongación de nuestros procesos de democratización, caracterizada por la génesis de los partidos políticos, que van a ser los actores del escenario público de los llamados cuarenta años de nuestra República Civil; plasmada, en especial, en la Constitución de 1961.

Fue además de una escuela de periodismo; una escuela de la literatura; pues en sus primeros años arrastró, precisamente, ese corte, que yo llamo de carácter costumbrista, que signó el periodismo de comienzos del siglo XX, y que era elaborado por poetas, escritores; como El Universal, que va a ser el otro gran rotativo, que hará historia en este país, y que será fundado por el poeta Andrés Mata; más que por gente salida de escuela, como se estila hoy, cuando en nuestras universidades existen las escuelas de comunicación social; una en las cuales nos formamos los actuales periodistas, que estamos en pleno ejercicio hoy en día en Venezuela; de modo que se trataba de un órgano de la comunicación, que andaba a medio camino entre la noticia de actualidad y la ficción; siendo su primer director Antonio Arráez, un escritor consumado para la época.

Porque, por lo demás, por allí pasaron grandes figuras de las letras venezolanas; incluso, figuras de talla universal, como Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Martínez, quienes hicieron periodismo allí en algún momento y bajo ciertas circunstancias; además de opinión; como opinión tuvo Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri. Incluso, fue célebre la amistad que sostuvo Otero Silva con Pablo Neruda; cuyos poemas o textos literarios no dejaron de aparecer por allí. Es decir, pasó por El Nacional lo más granado de la literatura latinoamericana del siglo XX; lo que se conoció como el boom literario, incitado desde España; donde también entraban figuras como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Octavio Paz; cuyos textos tampoco dejaron de aparecer en sus páginas literarias; un periódico, por lo demás, identificado con la revolución cubana, pues no se olvide que esta gente, que acabo de nombrar, comulgó en un momento determinado con la figura de Fidel Castro, con sus excepciones; siendo hoy un anacronismo histórico, sobre todo, por su ya reconocida satrapía. De hecho, cuando Neruda estuvo en Venezuela, en cierta oportunidad, se hospedó casa de Otero Silva, y el gobierno de Betancourt lo echó de Venezuela, al descubrirse que andaba recaudando fondos para la revolución cubana.

Fue famoso el boicot a El Nacional en la década de 1960; cuando la burguesía caraqueña descubrió esa identificación, y entonces se le hacía ver a los anunciantes, que su aviso había aparecido al lado de un artículo, firmado por un sujeto que aupaba la revolución cubana, y entonces vino el retiro de la publicidad en forma masiva de sus páginas, y fue cuando Otero Silva tuvo que ceder; entonces era director del periódico, so pena de poner en peligro, como él mismo lo decía, la fortuna de la familia Otero; salió él; como a Eleazar Díaz Rangel, entonces periodista de la fuente de política; dirigente del Partido Comunista, lo obligaron a ocuparse de la fuente de los deportes, para no despedirlo; sólo que hay que hacer la salvedad, de que se trataba de los tiempos en los que ese partido y otros de izquierda habían decretado la lucha armada, en una arremetida contra el gobierno de Rómulo Betancourt, bajo la inspiración del castro-comunismo; de modo que aquí todo el mundo tenía los nervios alterados, en ese sentido.

Algo parecido a lo que le ha sucedido a El Nacional ahora; cuando a su directiva Diosdado Cabello la ha puesto de rodillas; luego de una persecución judicial implacable, y donde se demuestra que el gobierno, a los fines de cercenar la libertad de expresión, dejó de lado el recurso del cierre; como ocurrió con RCTV, que mucho daño le hizo, para valerse de otros recursos; como el de cerrarle el suministro del papel; su principal insumo; motivo por el cual ahora pasa a medio digital.

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