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Enrique Contreras Ramírez: ¿Dónde están los votos?

 

El casi 90% de abstención, en las recientes elecciones municipales, solo demuestra que la partidocracia está agotada por los niveles de corrupción que ha desarrollado y por ser una clase política –sin excepción- al servicio del poder imperial.

Si algo se está visualizando y de manera acelerada, es la decepción del pueblo venezolano hacia los partidos políticos, llámense de derecha o de izquierda. Los procesos electorales así lo vienen indicando, sin que la clase política tome en cuenta esta variable, donde la abstención se presenta como una manifestación no de protesta, sino que va más allá, es de repudio, abominación y animadversión.

Tal situación la vaticino y ya lo venia notando con gran certeza, el educador y periodista Fabricio Ojeda, quien fuera presidente de la Junta Patriótica y  que dio al traste con la dictadura del perezjimenismo, cuando señalara en su carta de renuncia al Congreso de la República -ya instalado el “puntofijismo” – que “el pueblo está cansado de que se le hable de una democracia que nunca llega, pero a nombre de la cual, se maltrata, se persigue, se asesina y se engaña”.

Los partidos políticos, aparte de ser una copia del colonialismo eurocentrista, en Venezuela, son mafias organizadas para saquear la nación y para encarcelar, torturar y asesinar a quien se les oponga y vivir parasitariamente de lo que ellos mismos llaman estado.

La democracia nuestra es una lamentable y triste caricatura, una democracia real es lo que se ha dado en llamar “gobierno del pueblo”, viene del griego “demos” y “kratos”,  cuyo significado respectivamente es expresión de pueblo y gobierno, lo que en la práctica seria poder del pueblo. ¿Y dónde está o se encuentra ese poder del pueblo? cuando los que nos gobiernan, desde un simple concejal, alcalde, diputado, gobernador, ministros y el propio presidente lo nombra es el partido y donde lo que hace la población es votar por el que impone el partido o las mafias del partido y para completar, sus actividades están vinculadas al enriquecimiento ilícito, al narcotráfico, al lavado del dinero, a las comisiones fraudulentas, al asesinato político, a las desapariciones, a las empresas de maletín, y donde oposición y gobierno se fusionan en el reparto tramposo del poder.

La democracia encarcelada

Hoy día, se viene reconociendo por los historiadores y analistas políticos, que la democracia no ha sido posible en Venezuela, al igual que otros países latinoamericanos producto de que la capturaron los partidos políticos, partidos políticos que se convirtieron en sindicatos gansteriles, mafiosos y grupos de pandilleros cuyo objetivo único ha sido el poder, poder que ha sido utilizado para controlar social y políticamente la población y donde el abuso de poder también ha servido para saquear la república.

Este teatro, ya no lo puede ocultar la dirigencia de esos partidos, tanto en los países capitalistas como en los llamados socialistas. Ya la población no quiere votar dentro de la partidocracia, porque nunca la han dejado elegir, porque los que eligen son los partidos y al pueblo se le convoca a votar por los que elige el partido – aunado a esto- la desconfianza es enorme, esos partidos le han cercenado el modo de vida al ciudadano, saben que cuando gobiernan crean el terrorismo de estado, generan el hambre, el desempleo, la pobreza extrema, crean la desintegración familiar, la inseguridad desde todo punto de vista, el crimen organizado y masifican el miedo. Ese miedo que provocan las clases dominantes, los que poseen el poder que conocemos, es la causante de una población enferma no solamente desde el punto de vista físico –sino peor- desde el punto de vista psicológico que ocasiona situaciones como el estrés postraumático, ansiedad, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), ataque de pánico.

El poder que ha creado y generado la actual democracia, esa que han impuesto los partidos llámense de derecha o izquierda,  tanto en los países llamados capitalistas o socialistas, no han  originado cambios sustanciales y mucho menos estructurales, capaces de reivindicar las esperanzas históricas y colectivas  de nuestros pueblos. Ese poder sólo ha servido para anclar y fortalecer una clase en el poder, independientemente de su filiación ideológica y política y de sus regímenes económicos que desarrollen.

Ese poder, que de manera enajenada las masas obedecen -de ese poder- no se puede esperar que se originen cambios y menos revoluciones para honrar la vida en comunión, pues están conscientes que de darse esos cambios estructurales, quedarían echados del poder y control que tienen y que a nombre de un “Estado” practican, conservando sus ventajas de clase.

Poco a poco, nuestro pueblo pareciera estar dándose cuenta, que los partidos aparte de ejercer la rapiña, se encargan de dividir la población para facilitar los objetivos que los mismos se han propuesto.

Llegara el momento, en que la propia historia tome la palabra, por aquello de que la historia la hacen los pueblos y de que las misma se encarga con el tiempo de colocar a cada quien en su sitio.

 

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