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José Manuel Rodríguez: Del NEP al PRCP

 

Siete años de guerra produjo la destrucción de la planta industrial y la clase obrera… Lo decía Lenin en 1921. Defendía, con gran razonamiento político, el Nuevo Plan Económico (NEP) sin ocultar lo que era: un acuerdo, un bloque, un pacto del Poder Soviético, es decir del poder estatal proletario con el capitalismo de Estado… Tampoco dejó dudas del peligro que significaba tal alianza. Pero la muerte sustituyó la razón por la fuerza. Quedó la incógnita de su desinterés por aquella cultura agrícola que, en la antigüedad, cubrió de comunitarismo los campos rusos y su producción.

Aquí en Venezuela, por razones mucho menos dramáticas, ha ocurrido un cierre de numerosas empresas y una muy baja producción en aquellas que funcionan (privadas y gubernamentales, estratégicas o no). A esto hay que agregarle el desatino de confundir el irradiar dinero con un plan productivo y el aniquilamiento histórico del espíritu de trabajo por el sindicalismo de la componenda. En esa atmósfera disoluta el gobierno intenta una alianza con una burguesía que siempre parasitó al Estado. Ese es el Plan de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad.

Lo curioso de todo esto es que fue Chávez quien puso la mira en la antigua cultura agrícola comunitaria. La imaginaba, dotada de todo el avance del siglo XXI, como la nueva forma de producción, y además, como la forma más democrática de organización estatal. Que haya sido abandonada sólo lo explicaría el jalonamiento en direcciones opuestas de dos sectores del actual gobierno: el socialdemócrata que ha tomado distancia del marxismo y aquellos formados en la ortodoxia comunista que desconoce cualquier otra cosa diferente a lo que la URSS de Stalin empujó.

Los primeros imaginan un socialismo liberal, los segundos siguen pegados del poster “Así se templó el acero”. Ninguno de ellos entiende que aquí la conquista y sometimiento del sindicalismo por AD, sepultó la lucha de clases negociando avenencias entre patrones y asalariados. Eso poco ha cambiado: los sindicatos siguen siendo adecos y el gobierno sigue intentando repartir a discreción lo que queda de renta petrolera. Mientras en la calle, la vida se gana como se pueda.

 

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