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Antonio Sánchez García: La era Bolsonaro y las derechas en América Latina

 

“Ojalá que este momento no sea apenas una ola conservadora en Suramérica”.
Eduardo Bolsonaro, La Tercera, 18 de diciembre de 2018.

 

El hijo del presidente electo del Brasil, a dos semanas de asumir el mando de la nación, y diputado electo, a los 34 años de edad, con el mayor respaldo popular en toda la historia de su país, plantea el principal desafío del futuro gobierno: coadyuvar a que su triunfo, expresión de la derechización del electorado brasileño luego de los cuatro períodos de gobierno del Partido de los Trabajadores –de claro sesgo castrista– contribuya a un giro profundo y duradero de la hegemonía izquierdista dominante en el continente desde la victoria de la llamada revolución cubana y el predominio de gobiernos demócratas en Estados Unidos, un giro marcado por las victorias de Mauricio Macri, en Argentina; Sebastián Piñera, en Chile, e Iván Duque, en Colombia. Ninguno de los cuales, sin embargo, expresó de manera más cabal y exitosa ser expresión de los nuevos tiempos de derechización abiertos con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos.

El deseo de Eduardo Bolsonaro, cerebro estratégico del nuevo gobierno brasileño que, en lugar de conformarse con ser una ola, se convierta en una verdadera e indetenible marea conservadora.

Por ahora, el gobierno de Jair Bolsonaro tiene la vía muchísimo más libre y expedita para intentar seducir al electorado brasileño y garantizar un giro estratégico en la hegemonía dominante en la región que los gobiernos de Argentina, Chile y Colombia. En todos ellos, la sombra de las izquierdas –el neoperonismo kirchnerista argentino, el neoallendismo chileno y las FARC colombianas– amenazan la futura estabilidad de sus gobiernos, obligados por este hecho a suavizar la polarización que promueve Bolsonaro y a cuidarse las espaldas ante la permanente acechanza del castrocomunismo.

Ciertamente, por primera vez en los últimos 60 años se manifiesta en amplios sectores políticos de la región un contundente rechazo a la dictadura cubana y ya se escuchan las exigencias por salir de su tiranía, algo que jamás había ocurrido en el pasado, blindada la dictadura cubana por la narrativa antiimperialista impuesta en la región por la hábil, demagógica y perseverante prédica de Fidel Castro y sus aliados regionales. Un blindaje resquebrajado por el desprestigio de los gobiernos de Nicolás Maduro y Daniel Ortega, sus satrapías en tierra firme. Profundamente corrupto y hamponil el primero, sostenido por pandillas criminales sin ningún sustento ideológico, y desembozadamente tiránico el segundo, ambos desmoronados por desastrosas políticas públicas.

Un tercer factor que coadyuva a la emergencia de aspiraciones derechistas, ahora potenciadas por la victoria de Bolsonaro, lo constituye el evidente y manifiesto fracaso de las izquierdas democráticas opositoras de toda la región, y muy en particular de la misma Venezuela, en la lucha contra la tiranía de Nicolás Maduro. La sospecha de una complicidad y una tolerancia de dichos sectores con el régimen madurista, de los que se sospecha con fundadas razones la ausencia de toda verdadera disposición liberadora, fortalece el respaldo popular a la línea política de la única fuerza liberal que hoy se enfrenta a la tiranía consecuentemente: la de la plataforma unitaria Soy Venezuela y el partido político Vente, ambos liderados por la carismática figura de la ex diputada María Corina Machado, perseguida por el régimen y privada de su legítima diputación ante la pasividad, si no la benevolencia de algunos de los restantes partidos opositores, que la ven como una carta a futuro que podría desbancarlos de sus aspiraciones de poder.

A partir de este próximo 1° de enero se abre una nueva era política en América Latina. Sus efectos ya se sienten en las derechas regionales. La UDI, el único partido que se confiesa abiertamente de derechas en Chile, se ha fracturado prácticamente en dos mitades, en gran medida por el efecto polarizador de la presencia de Bolsonaro. Su futuro influjo podría ser determinante para vencer los pruritos socialdemócratas que cohíben la expresión de los conservadores latinoamericanos. Es un cambio importante en las hegemonías. Habrá que estar atento a sus efectos.

 

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