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Jaime García: No lo llame cemento, llámelo pego

 

Es dramática la escasez de cemento y pego en el país. Actualmente en el estado Falcón el saco de cemento de 42.5 Kg se cotiza en 10 dólares según mercado negro (8.000 Bs.S) y es una odisea homérica conseguir tan necesitado producto.

La otrora colosal planta “Cementos Caribe”, ubicada en Cumarebo, Municipio Zamora, en la carretera Moro-Coro, famosa por la cantidad importante de mano de obra empleada y por  la contratación colectiva envidiable, hoy día es un espejismo.

La declinación de la producción ha sido tan impactante, que la baja producción solo es vendida por cupos a algunas privilegiadas unidades de producción social (UPS), a la Misión Vivienda y uno que otro afortunado camarada gobiérnero.

Es bien conocido, aquella famosa frase “ven a mí que tengo flores”. En ese momento las plantas cementeras que operaban en Venezuela manejadas por la empresa privada de manera eficiente, rentable con precio razonable de mercado, fueron adquiridas por el estado venezolano con el pretexto de optimizar de manera soberana, las operaciones cementeras en el país. O sea el pueblo tendría garantizado el cemento y el pego de manera oportuna y al precio justo.

Hoy día la producción inexplicablemente no llega al pueblo. Ni para remedio se consigue en Coro y Punto Fijo un saquito de cemento al precio regulado.

Para lograr adquirir un saco de cemento o pego, hay que tener un bojote de bolívares soberano y caerle bien a la mafia gobiérnera (UPS, funcionarios regionales, alcabalas policiales, etc.).

La escasez de cemento y pego, ha pasado a engrosar el rosario de necesidades existente en el soberano, aunado a la carencias de comida, de medicinas, gas doméstico, repuestos automotrices, ropa, juguetes para niños, transporte público, dinero en efectivo, apagones eléctricos intempestivos, caída de señales en la telecomunicaciones, falta de agua potable, migración forzada, etc.

La construcción domestica habitacional se estancó. Cada día las grietas en las paredes de las casas y ranchos de la familia venezolana se hacen más grandes. Las cerámicas están arrumadas en los rincones esperando el pego y el cemento blanco.

Los falconianos guasonamente decimos, “no lo llame cemento, llámelo pego” y bien pegao que estamos sin cemento y sobreviviendo a esta crisis humanitaria.

 

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