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César Malavé: Deseos de Fin de Año

 

Se nos muere un año más y, en Venezuela, crece la esperanza de cambio. Enero nos espera y nos invita a ser optimistas y a mirar la oportunidad para regresar a la democracia que nos arrebataron desde 1999. Despedimos el año 2018 deseando un cambio radical en la realidad país. Nuestra esperanza está puesta en la desaparición de las agendas ocultas y en el rescate del bienestar colectivo como meta. En el logro de la mayor suma de felicidad posible. En la extirpación del tumor del insulto y la violencia como valor. En la recuperación del respeto y la decencia como marco y entorno para la vida ciudadana. En la resiembra del sentido de la justicia, de tal manera que sea castigado el crimen, el robo, la verdadera afrenta a la ley, y que no se criminalice el pensar distinto, o el aspirar legítimamente a un cambio para mejorar. Deseamos no seguir en los grupos de países propiciadores de las autocracias y nugatorios del estado de derecho. Deseamos un país donde se le dé valor al trabajo real de todos los actores de la sociedad. Aspiramos que a partir del 2019 sea posible levantar un hogar con un oficio y que la dignidad del trabajador venezolano se mida en función de su aporte al crecimiento de la patria con su profesión.

Anhelamos entrar a un año nuevo de cara a un país donde la iniciativa privada sea respetada y no perseguida y estigmatizada, a los fines de volver a ser una nación exportadora no solamente petróleo y sus derivados, donde tenemos todo el potencial para volver a capitanear por muchos años; sino también la mayor variedad imaginable de productos y servicios. Desde los cultivos de la tierra que una vez nos dieron fama en renglones como café y cacao, hasta tecnología que se puede producir en nuestras universidades en tanto y en cuanto sean respetadas y cuidadas como el recinto sagrado que son. Ansiamos volver a ver, un fin de año, nuestro plato típico preparado con ingredientes totalmente cultivados en nuestros suelos. Socialmente deseamos, que nuestros abuelos vivan sus años de oro en paz, sin sobresaltos de salud; pero mucho más allá de eso, que tengan calidad de vida y puedan emplear ese tiempo libre en actividades satisfactorias. Que regresen los que se fueron, y que lo hagan motivados por la seguridad, por el bienestar, por las oportunidades, por el progreso venezolano. Que los hijos de los venezolanos que nacieron fuera de nuestra frontera vengan a conocer y a disfrutar de las bondades de la tierra de sus padres. Aspiramos 2019 sea el año del inicio de la libertad plena; que se abran todas las cárceles que retienen a venezolanos por disentir del gobierno, y, por último, que nuestra educación, pilar fundamental de una sociedad,  se vuelva prioridad. Pero la verdadera educación, la que apunta al crecimiento de la persona, a su desarrollo, a su individualidad e independencia. Y que, por supuesto, se deje de confundir educación con un mercado persa o un convento de adoctrinamiento, básicamente por aquella máxima que reza que donde todos piensan igual, nadie piensa demasiado. Sabemos que en el deseo comienza toda realidad concreta, por eso, al despedir un año más, deseamos esta sea la ruta del mapa de la Venezuela nueva, democrática, próspera y justa.

@cesarmalave53

 

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