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Enrique Meléndez: Las consecuencias del célebre millardito

 

Decía el Libertador en el Manifiesto de Cartagena, que entre las causas de la caída de la Primera República estaba el hecho “de que se había recurrido al peligroso expediente de establecer el papel moneda sin otra garantía que la fuerza y las rentas imaginarias de la confederación; que fue lo que le pareció a los ojos de los más una violación del derecho de propiedad”, y que es lo que vemos hoy en día que se repite doscientos años después, sobre todo, a partir de la emisión del dinero sin respaldo, que el gobierno viene haciendo, uno diría, desde que a Hugo Chávez se le metió en la cabeza que las Reservas Internacionales eran una especie de ahorro, y que por lo tanto a partir de un nivel óptimo, como decía, podía disponer de ellas.

Fue cuando éste comenzó a hablar del famoso millardito: “denme mi millardito”, le exigía al Banco Central de Venezuela, con el cuento de que esos recursos los iba a destinar a los famosos programas sociales, a las misiones, cuyo financiamiento ya estaba contemplado en los presupuestos, que cada año se presentan, para su debida aprobación ante la Asamblea Nacional; sólo que como se trataba de una persona, que no tenía una idea de lo que eran los ejercicios fiscales de la nación, se empeñaba en estas exigencias con motivo de estas políticas populistas.

De hecho el famoso programa de las misiones sociales, que fue una de las supuestas grandes banderas de su gobierno, era algo que se había establecido desde el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando se habló de la famosa Beca Escolar; instituida con la finalidad de evitar la deserción escolar, seguido de otros beneficios, y que el gobierno de Rafael Caldera, que le siguió a continuación, amplió hasta contemplarse catorce, recuerdo yo que enumeraba el entonces ministro de dicho gobierno, que se había nombrado para tal efecto; partiendo, sobre todo, de la idea de que había que atender la educación de la población, pensando en el desarrollo que venía del país, en un momento en que se iban a necesitar profesionales en distintos campos, en especial, en el área de los hidrocarburos; cuando se había aprobado la Apertura Petrolera, y que tenía como meta la producción hasta de seis millones de barriles de petróleo diarios.

Por supuesto, todo esto le echó para atrás Hugo Chávez; pues él era de la tesis de que había que restringir dicha producción, a objeto de que los precios del petróleo repuntaran, por consecuencia, y en lo que el destino pareció darle la razón; pues a partir de los primeros días de su gobierno dichos precios se iban a incrementar, y entonces él se vanagloriaba de aquello, sin conocimiento de causa, como si se tratara de uno de sus grandes logros; habiendo alcanzado niveles mínimos históricos durante el gobierno de Caldera, y no obstante, no llegamos a esos niveles de precariedad económica y social, que estamos viendo hoy en día.

Fue cuando Arturo Uslar Pietri y el grupo de los llamados Notables, que le habían empedrado el camino, para que se hiciera de la presidencia de la República, se dieron cuenta de que Chávez era de una ignorancia delirante; pues como se lo hicieron ver los economistas en su momento, no se podían confundir las reservas internacionales con las reservas del Tesoro, que sí eran acumulativas. Incluso, fue más grave aún lo que hizo a continuación, y fue la eliminación del Fondo de Estabilización Macroeconómica, que se había instaurado desde los propios tiempos del gobierno de Pérez, a los fines precisamente de evitar las contingencias, derivadas de la volatilidad de los precios del petróleo, a propósito de su condición de fondo de ahorros, y que Chávez transformó en un fondo de gastos con la creación del célebre Fonden; un fondo que nadie sabe cuánto ha recibido, y en qué se han gastado sus recursos; toda vez que Chávez obligó a Pdvsa a darle la mitad de sus ingresos, y los cuales entregaba al Banco Central de Venezuela en su totalidad, de acuerdo a las leyes respectivas.

En efecto, hasta allí no hubo problemas, en un momento en que los precios del petróleo alcanzaron los máximos históricos, luego de ese repunte, que comenzaron a tener desde los primeros días de su gobierno, hasta tocar el techo de los 119 dólares en el 2012; pero cuando éstos experimentaron el declive, que vimos a continuación, producto de las circunstancias del mercado petrolero; con un aparato productivo quebrado, a causa de la política de las expropiaciones y confiscaciones, y cuando los gastos excedían por completo los ingresos de Pdvsa, que vino a ser la única fuente de financiamiento del país, entonces, para decirlo con las palabras del Libertador, no quedó más remedio que apelar al peligroso expediente de la impresión de dinero sin respaldo, y cuyo volumen a medida que aumentaba incidía directamente sobre el valor de la moneda; de modo que al día de hoy hemos visto la puesta en vigencia de tres conos monetarios, y con vistas a que se produzcan más en lo adelante, si tomamos en cuenta que el que ha establecido Maduro desde el mes de agosto, ya se igualó hacia abajo a los anteriores, y lo cual se observa en el hecho de que a esta altura ya nadie quiere aceptar ni los billetes de dos ni de cinco bolívares; porque a la ciudadanía le parece basura. He allí el resultado del célebre millardito.

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