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El País / Editorial: Comicios limpios

 

Los numerosos procesos electorales que se celebrarán en la Unión Europea en 2019 han puesto en alerta a las instituciones comunitarias ante la posibilidad de que las plataformas tecnológicas sigan sin evitar que sus maquinarias alberguen enormes redes de desinformación. La UE tiene la certeza de que en los próximos meses —y especialmente en las fechas previas a los comicios al Europarlamento del 26 de mayo— se disparará el riesgo de propagación de infundios.

En el punto de mira de Bruselas está Facebook. La todopoderosa red social ha encadenado a lo largo del año que acaba un escándalo tras otro, quebrando la confianza de las instituciones y agudizando el descontento de los usuarios. La mayor brecha se produjo en marzo, cuando se detectó una fuga de datos privados de 87 millones de personas que fueron utilizados por la consultora Cambridge Analytica para beneficiar la campaña electoral de Donald Trump. Seis meses más tarde se supo que Facebook había sufrido un ciberataque que había dejado al descubierto 50 millones de perfiles. En diciembre, otro nubarrón cayó sobre la compañía fundada por Mark Zuckerberg al difundirse que compartió información sensible de los usuarios con más de un centenar de grandes empresas, entre ellas Apple, Amazon, Netflix y Microsoft.

Con estos precedentes, la UE hace bien en tomarse muy en serio los riesgos que entraña Facebook. Reino Unido ya multó a la compañía con 565.000 euros e Italia le impuso una sanción de 10 millones por “inducir a engaño” a los usuarios que se registran en la plataforma e “implementar prácticas agresivas” para influir en los consumidores.

Más allá de la utilización de datos sin el consentimiento de sus dueños, el gran peligro en ciernes es la expansión de bulos y noticias falsas a través de la red social más poderosa, con 2.000 millones de personas registradas en todo el mundo. Bruselas considera que las campañas de desinformación contra la UE y sus instituciones se multiplicarán a medida que avancen las citas electorales (más de 50 en dos años) en los Estados de la Unión. La Comisión Europea percibe las noticias falsas como una moderna arma de guerra híbrida cuyo objetivo es desestabilizar la democracia, derrumbar sus valores y erosionar sus instituciones.

La inquietud no es baladí y toda vigilancia puede ser poca. Así lo entiende Bruselas, que ha instado a las grandes plataformas de Internet a informar mensualmente a la Comisión sobre las acciones que llevan a cabo para combatir las fake news. Es obvio que el código de conducta voluntario suscrito por los gigantes tecnológicos para cerrar cuentas fraudulentas o rastrear los bots que bombardean mensajes de forma automática e indiscriminada no es un compromiso que, a la vista de los antecedentes, ofrezca demasiadas garantías.

Además de las medidas adoptadas por las instituciones, los usuarios han de ser conscientes de que los datos que suministran a Facebook, a veces con un simple “me gusta”, pueden ser utilizados en cualquier momento de manera irregular. La mejor forma de proteger su privacidad es no exponerla al gran escaparate que representa Facebook y las marcas de su órbita, como WhatsApp e Instagram, muy usadas por los jóvenes.

 

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