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Earle Herrera: Primer ultimátum de año

 

Después de un ultimátum, no hay más nada, todo se ha agotado: diálogo, mediación, puentes y carantoñas. Pero en Venezuela no es así, gracias a una oposición que no cree ni en  la etimología.

Desde 1999 viene poniéndole fecha de salida al gobierno y, si no, que se atenga a las consecuencias. Para este 10 de enero ejecutará sin apelación el primer ultimátum del nuevo año, aunque lo lanzó desde el   año viejo.

El ultimátum tiene su correlato familiar en la frase  “no te lo vuelvo a decir”. La canta criolla lo resumió en el verso in extremis de Ernesto Luis Rodríguez: ¡Voy jugando a Rosalinda!

En los anales de la mamadera de gallo se perdió la cuenta de las veces que la derecha venezolana se ha jugado a su mulata. Para el 10 de enero jura que con el apoyo de Duque, Bolsonaro y la bendición de Trump, este ultimátum sí será el último, valga la redundancia que esperamos sea la última.

Nuestra oposición –porque es nuestra aunque Almagro se la quiera coger- se volvió adicta a los ultimátum, a ponerle plazo a las vainas, a berrear “hasta aquí llegué”. El gran José Alfredo Jiménez creó una respuesta para esas constantes amenazas con el verso: “Ya estás grandecitas, ya sabes lo que haces”. Vente Venezuela, VP y la secta de Ledezma, mejor conocido como “El suegro ético”, viven azotados por el síndrome de abstinencia del ultimátum.

Por eso a cada rato están lanzando uno o hasta tres a la vez.  El filósofo Manuel Rosales dice que eso es algo así como una pepera.

Los historiadores pensaban que el ex presidente  Chávez era insuperable en materia de ultimátum, pero con  Maduro se dio el caso del alumno que supera al maestro, al menos en ese tema. Desde la misma noche de su elección, la derecha le gritó al nuevo Presidente: “¡hasta aquí llegaste!”, cuando todavía no había empezado.

Los siquiatras sostienen que la adicción a los ultimátum es curable, o al menos, controlable. Hasta misia Machado  puede recuperarse de esa cosa, incluso antes del 10 de enero.

La clave está en precisar  si la proporción del ultimátum lanzado se corresponde con tus fuerzas para concretarlo.  Si lo precisas y aceptas, nunca más amenazarás con lo que no puedes cumplir. Y ante ti se abrirá la senda que puede reconvertirte en algo muy sencillo: una persona normal.

 

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