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Cesáreo Espinal Vásquez:  Odio y paz

 

Quien viva odiando muere abrazado con su peor enemigo, el odio.

El mundo está sometido a una revolución permanente de odios y de enemigos. Vivimos en la era del miedo. Al leer la prensa y escuchar las noticias, nos convertimos en neuróticos de la inseguridad. Hace más de 2000 años, Jesús de Nazareno, dijo “amaos, los unos a los otros”, pero al parece entendimos “armaos, los unos a los otros”, no solo con las armas sino con el odio, fomentando enemigos, crímenes, asaltos, robos, secuestros, abuso de poder, terrorismo y demás. Estamos viviendo un mundo alienante. Pero siempre habrá una rendija para la búsqueda de la paz, de la conciliación, de la concordia y del abrazo fraterno. Esa pequeña luz puede avivarse, engrandecerse e iluminar la conciencia de todos, sin excepción y de uno mismo. Los errores, las faltas y  delitos se han cometido y continuarán. El problema de curar las enfermedades es deteniendo su avance fundamentalmente con medidas preventivas. Los médicos no evitan la muerte, solo tratan por sus diagnósticos, prolongar la vida. Nelson Mandela al salir de la prisión, dijo: “Sino dejo atrás el odio, seguiré siendo un prisionero”. Efectivamente, es una gran sentencia social de convivencia, porque “vivir por vivir, no es vivir; vivir en paz es vivir”. Todas las doctrinas políticas, son buenas pero sus procedimientos, los medios aplicados, se alejan de la paz social y en especial si nacen con odios. Carlos Marx, con sus ideas en El Capital y con el Manifiesto Comunista, fomentó el odio, la revolución social, la privación de libertad, la eliminación de las clases social y de la propiedad privada, etiquetando la frase “los medios justifican los fines” y ese fin, es el estatismo político, o sea, el Estado (el gobierno) la cúpula del poder político, sea el dueño  de la vida y la muerte de la gente, con esas ideas fatalistas de Marx acabó con la Liga de los Justos”, que pregonaba “Todos somos hermanos”. El capital, es bueno en sus fines de bien común, justicia y seguridad, pero inaceptable en su degeneración de capitalismo salvaje, porque también es odio en contra de la paz. El socialismo marxista nace en 1848 con el manifiesto comunista que es una declaración de revolución social en contra de la revolución industrial y ello comporta una carga de odio proclamando la destrucción de la propiedad privada y al asumir el “gobierno”, transforman la cúpula de poder en dueño absoluto de la producción y de los servicios, cercenando el libre desenvolvimiento de la personalidad y de la conciencia humanitaria y social, de la gente, para convertirlos en  “pordioseros”. Inaudito. Odiando no existe paz.

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