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Jesús Alexis González: Una visión de la catástrofe que dejó la dictadura este 2019

 

 Iniciemos, con una cita cargada de nostalgia, decepción y rabia: Venezuela durante 60 años (1920-1980) fue el país con mayor crecimiento a nivel mundial; e igualmente al inicio de la etapa democrática exportaba un promedio de 3 millones de b/d de petróleo, mientras que para el 2018 dicho promedio no alcanzó 1 millón de b/d.

Es de recordar, que en la década de los 80 el modelo socio-económico instaurado por la democracia ya mostraba signos de agotamiento, lo cual facilitó el arribo al poder, por vía electoral, de Hugo Chávez luego de dos intentonas golpistas; quien posteriormente dio inicio a la catástrofe económica y social al adelantar la apropiación de las empresas privadas a la luz de un enfermizo rechazo a las fuerzas del mercado en un ambiente desprovisto de fundamento ideológico.  Es de obviedad manifiesta, que Nicolás Maduro Moros imprimió energía adicional a la hecatombe (suceso trágico que produce una gran destrucción y muchas desgracias humanas y materiales).

Es así, que al cierre del 2018 la inflación acumulada (variación del índice nacional de precios al consumidor diciembre 2017-2018) se situó en 1.698.488,2 % (más de 500 veces la tasa registrada en 2017 y bien alejada de la reflejada en junio 2013 que fue de 56,2%);  al tiempo de perfilarse como el país de mayor inflación a nivel mundial en un contexto donde solo ocho países tenían una inflación superior al 20%, siendo Libia el segundo con una inflación acumulada del 29,9% (la inflación venezolana solo en el mes de diciembre 2018 fue de un 141,8%); escenario que obviamente agudizó la hiperinflación al punto de incrementar y profundizar los niveles de pobreza y hambre. El PIB 2013-2018 (valor monetario de todos los bienes y servicios producidos), cayó cerca de un 50%; es decir el tamaño de la economía se redujo a la mitad con el agravante que las importaciones disminuyeron en un 80%, lo cual en conjunto generó una brusca caída en el nivel de bienestar de la población, al punto que una gran mayoría (o casi la totalidad) se encuentra hoy día en condición de pobreza (privación severa de necesidades humanas básicas) habida cuenta de una reducción de la demanda agregada (total de bienes y servicios demandados por un país, a un determinado nivel de precios) en lo referido al consumo público y privado, a la inversión interna, a las exportaciones (disminuyeron desde 32,4 mmm$ en 2017 a 26,5 en 2018) y a las importaciones (cayeron desde 19,4 mmm$ en 2017 hasta 11,2 en 2018); con el perturbador añadido que las reservas internacionales continuaron su tendencia descendente desde 9,7 mmm$ en 2017 a unos 8,8 en 2018. Consecuentemente, el desempleo que a mediados del 2012 marcó un mínimo histórico de 890.000 personas (7,8% de la población activa) pasó en el primer trimestre de 2016 a 2.700.000 personas (18% de la población activa); hasta alcanzar para 2018 un máximo histórico de unas 4.900.000 personas (33% de la población activa). Es de acotar, que el aterrador y desesperante cuadro de pobreza- hambre-desempleo muchos lo intentan enfrentar (en función de ellos y sus familiares) mediante la emigración cuya cifra para 2018 ya superaba los 3.300.000 ciudadanos. Desde un ángulo complementario, es de observar que para el año 1980 Venezuela reflejaba el mayor PIB per cápita de América (muestra la paridad del poder adquisitivo del PIB, al estar dividido por el tamaño de la población) al extremo de ser (era) uno de los países más desarrollados de la región.

La recesión económica (disminución generalizada de la actividad económica medida a través de la caída anual del PIB durante un largo periodo), inevitablemente se hace presente durante el primer trimestre del 2014 ante la ausencia de políticas públicas, la cual culmina en el tercer trimestre del 2015, para reaparecer durante el tercer trimestre del 2016 hasta el presente lo cual indica que Venezuela tiene ¡10 trimestres consecutivos en recesión! (dos trimestres se considera una situación de suma gravedad). Tal catástrofe, está impulsada muy especialmente por el desplome de la producción petrolera que desde un nivel de producción de 3,3 mbd en 2008 apenas alcanzó 1,09 mbd al cuarto trimestre 2018, cifra equivalente a un 33,1% de lo producido en 2008. Vale destacar, que cerca de un 77% del desplome se originó en el periodo 2016-2018 propiciando en simultaneo una dramática reducción de los ingresos fiscales reales no petroleros como consecuencia, tanto de la caída de la actividad económica interna como de la hiperinflación y su efecto sobre la recaudación impositiva, hecho que se tradujo en un incremento del déficit fiscal cuyo monto estimado para 2017 ascendió a más de 19% del PIB. Por otra parte, la deuda publica representó para 2013 (inicio de la dictadura madurista) un 52,1% del PIB y para el 2018 alcanzó el 161,2% del PIB, cifra a la cual debe sumarse el monto importante que tanto el régimen como PDVSA han dejado de cumplir por concepto del servicio de la deuda externa.

En función a complementar la visión de la catástrofe (grave alteración del desarrollo normal de las cosas) propiciada por el régimen militar-civil chavista-madurista, resulta pertinente acotar otros datos relevantes: 1.- En 2007, el salario mínimo era de 113,66 US$ mientras que la canasta básica costaba 500,98 US$ siendo necesario 4,4 salarios para adquirirla, mientras que en 2017, el salario mínimo era 7,81 US$ y la canasta básica costaba 159,99 US$ y por tanto se necesitaban 20,5 salarios para poder comprarla, siendo que el salario al 14 de enero 2019 se ubicó en 9 US$ (ridícula cantidad que “facilita” adquirir una pequeña porción  de una canasta básica implícitamente dolarizada); 2.- En enero de 1983, con 4,30 bolívares se compraba 1 US$, mientras que al inicio del 2017 con 4,30 bolívares se compraba 0,00000179 US$; 3.- Según la Oficina de Asuntos de Narcóticos de EEUU, más de 110 toneladas métricas de cocaína pasan anualmente por Venezuela, al punto que más de la mitad de la droga colombiana pasa primero por nuestro país convertido por la dictadura en un territorio seguro para el narcotráfico; 4.- En 2018, se reflejó una escasez del 80% de los medicamentos; 5.- Al año 2002, Venezuela contaba con unas 830.000 empresas en pleno funcionamiento, mientras que a mediados del 2018 quedaban cerca de 200.000 muchas de ellas trabajando por debajo del 50% de su capacidad instalada; 6.- Venezuela, en la actualidad, ocupa a nivel mundial el último puesto en el ranking de Derechos de Propiedad; el puesto 113 de 113 países ranqueados en el Índice de Reglas y Leyes; somos el país más corrupto de América Latina y de los más “destacados” a nivel mundial junto con Irak; somos el país con menor libertad económica del mundo según el Índice de Libertad Económica; y para colmo mostramos el riesgo país más alto del mundo.

Reflexión final: A partir del año 2016, según el Índice Mundial de Miseria, Venezuela ocupaba el primer lugar en el ranking de los países más miserables del mundo (inferimos que aún mantiene esa posición), al tiempo de ser la economía más infeliz del planeta.

Tenemos la firme convicción, que tan insoportable y detestable comportamiento, puede perfectamente revertirse a la luz de un drástico cambio en la orientación política del país, tal como se visualiza en un futuro muy inmediato con el retorno a la democracia y la libertad al amparo de la Constitución con un pueblo participando armónicamente con una Asamblea Nacional de renovado accionar y liderazgo; situación ideal para iniciar la refundación de Venezuela sobre sus propios escombros a la luz de un coherente programa de reconstrucción socio-económico con énfasis en procurar un equilibrio entre los tres sectores de la economía (primario, secundario y terciario) en un contexto que abandone (por fin) el populismo con sustento petrolero como estrategia política para alcanzar y mantenerse en el poder aun ejerciendo un pésimo gobierno (como el caso en comento) e igualmente restituir el sendero de los méritos como requisito para una eficiente movilidad social. El financiamiento inicial (unos 100.000 millones de US$) para adelantar tan ambicioso programa, provendrían de aportes de los Organismos Multilaterales y de los recursos canalizados por intermedio del Fondo para la recuperación de activos provenientes de la corrupción y el narcotráfico o economía “negra” que se estima en unos 500.000 millones de US$, que próximamente aprobará la Asamblea Nacional y que igualmente constituirá un “espaldarazo” para la recuperación ética y moral de Venezuela.

 

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