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Pedro R. García: Juan Guaidó ¿El Caballero de Durero?

 

En Macbeth hay un curioso diálogo entre Lady Macduff y su pequeño hijo.  El niño pregunta quién debe ahorcar a los traidores, y la madre contesta que los hombres de bien. Con la ingenuidad característica de sus años, el niño comenta: “entonces los traidores serian imbéciles si se dejaran ahorcar, por que ellos son mayoría y pueden ahorcar a los hombres de bien”…

Una acotación necesaria…

Cuidado Juan con el Canto de las Sirenas: Uno de los episodios más memorables de la Odisea es aquella en que Odiseo se las ingenia para oír el Canto de las Sirenas, quienes con su melódica voz, atraían a los marinos hasta la costa para hacerles naufragar: “Circe nos aconsejó rehuir la voz de las sirenas. Dijo que sólo yo debía oírlas; atadme con cuerdas al mástil, y en caso de que os mande que me soltéis, atadme con más cuerdas todavía”.

Ulises explica cómo actuó: “Tomé al instante un gran pan de cera, lo partí con la espada en pedacitos que apreté con las manos y fui tapando con ella los oídos de todos los compañeros. Luego me ataron al mástil, y cuando estuvimos cerca, las sirenas comenzaron a entonar un melodioso canto: “¡Famoso Ulises!” acércate y dejen la nave para oír nuestra voz.  No hay nadie que pase por aquí sin oír la dulce voz que fluye de nuestra boca.  Hice gestos indicando a mis compañeros que me desatasen; pero todos agacharon la cabeza y se pusieron a remar.  Levantándose dos de ellos, me ataron más fuerte. Cuando dejamos atrás las sirenas y ya no se oía su canto, mis fieles compañeros se quitaron la cera con que había tapado los oídos y me soltaron las ligaduras”. ¡Átate al pueblo todo¡ Un poema de Anacreonte dice que los dioses se repartieron diversas cualidades: fuerzas, veneno, astucias, dientes, velocidad. Y al hombre le cayó en suerte algo muy diferente, la prudencia, Guaido. Pero es un regalo que exige ser conquistado. Un obsequio difícil de poseer, por que el gobierno más difícil es el gobierno de uno mismo.  Supone colocar y mantener a la razón en el vértice de una pirámide donde se amontonan las libertades, los deberes, las responsabilidades, los sentimientos, los gustos, las afinidades, las manías, las rarezas, las aficiones: toda una fauna difícil de gobernar. Acompasa al país Juan. Platón en el tema del placer, plantea un problema de equilibrio, lo explica con belleza y plasticidad en el mito del carro alado.  El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber.  Todo el arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro y acompasarlo con el blanco, para correr sin perder el equilibrio.

¿Estamos en la clausura de un ciclo histórico?

En toda su historia Republicana, Venezuela no había experimentado una crisis como la que sofoca la vida institucional del país. Pudiera postularse que el tejido que dio forma a la existencia que cultivamos los venezolanos en el siglo pasado, se encuentra en su estado terminal. Sin lugar a dudas nos aproximamos a la fase de clausura de este ciclo histórico. Esta es una afirmación gruesa que apunta hacia lo sustantivo de lo que está arribando a su momento decisivo. Así se explican las dificultades que experimentan los diversos factores colectivos, en la búsqueda y articulación de una salida a esta asfixiante situación. Necesario es preguntarse entonces ¿Qué tejido ha entrado en crisis? ¿El político, el económico, el institucional o el discursivo? ¿La totalidad de ellos? ¿Existe implicación causal entre las distintas dimensiones societarias? ¿La crisis política generó la económica? o fue ¿La desigualdad económica que engendró la conflictividad política? ¿La respuesta a la crisis ha de ser exclusivamente política, económica o institucional? ¿Tendrá que tener un sentido más amplio? ¿En esta alteración hay un nuevo orden discursivo? ¿Cuál será su lógica? Es inaplazable intentar responder estas interrogantes, las cuales deberían ser objeto de un gran debate nacional. Una reflexión en el plano de las ideas. (Cabildos abiertos) Para ese ejercicio los partidos políticos lucen trabados, los que agonizan, torpemente conducidos por nulidades fosilizadas y los que intentan emerger, “crisálidas en estado quiescente”, sumidos todos en una especie de dramática adolescencia eterna, arrinconaron todo rastro de democracia interna y por esa senda todos terminaron, en el proceso de alienarse a las “elites” en cuyas canteras debían haberse provisto de la necesaria renovación intelectual, ideológica y programática. El resultado del acuerdo aprobado hoy en la Asamblea Nacional, con sus optimistas resultados para unos e inciertos para otros, con sus posibles desgarradoras consecuencias, no es otra cosa que un empate hegemónico característico de la actual situación social y política que vive el país. Es importante resaltar que esta tendencia se ve reforzada por el hecho de que el régimen en sus 20 años de ejercicio gubernamental, ha privilegiado una visión instrumental del Estado; es decir una plaza que puede ser conquistada y ocupada por el partido mayoritario y ser destinada como instrumento al servicio exclusivo de sus “políticas”. En articulación con esa visión, las tácticas desplegadas por este movimiento político, dirigido antes y sin mediaciones por un jefe único, y ahora por una confusa regencia  Bifronte, desestiman la existencia de realidades políticas que se imponen y actúan independientemente del “tamaño” de su victoria o derrota electoral. He allí, una de las razones que inciden en la situación de turbulencia y confrontación que esta presente en el clima político de la Venezuela actual. La consolidación de una democracia expansiva, ha de ser el resultado de articulaciones entre principios políticos, (libertad, igualdad, justicia, inclusión, participación). Se hace necesario vertebrar su cultura con su política.  Esta relación no es de fácil construcción. Las tradiciones populares son vistas por el racionalismo político como antiguallas para la modernización. Sin embargo, el mundo rural, urbano, el sincretismo religioso, la diversidad indígena, el lenguaje popular, el mestizaje y demás, son fuerzas decisivas en el presente, que pueden proporcionar las creencias que las libertades políticas deben proteger. Es en este marco seria posible concebir la preterida democracia, no como una abstracción, sino como un componente vital en la vida de los venezolanos.  Sólo así, la política se articularía al entreverado de tradiciones, costumbres y creencias que proporcionan singularidad a nuestro pueblo. Democrático ha de ser el lenguaje que permita dotar de amplificadores a nuestra diversidad de voces.  La sociedad no es homogénea, especialmente en sus sectores más débiles, es diversa, sabe, siente, intuye, comprende e interpreta desde múltiples referencias criticas, pero también ha sido expropiada de las voces de impugnación, de sus medios de expresión y de diversas herramientas que permitan colocar la luchas en condiciones de mayor igualdad, contra el sentido común dominante, contra los discursos hegemónicos. En el país no hay claras definiciones teóricas. Fluyen incesantemente, propuestas e ideas que, aunque cargadas de esperanza, se mueven en el terreno del desconcierto. Esto, resultado de un intento de continuidad entre la búsqueda actual y la evocación del pasado, hay que evitar la repetición dogmática o neutra de teorías revolucionarias y la copia servil de modelos socialistas de otras latitudes, rasgos que han marcado en gran parte nuestras pasadas luchas. No tenemos un pacto societario, cabalgamos todavía en un pacto nacional que es un pacto de las élites, (libertad-igualdad-derechos y deberes), cada época tiene una teoría. A eso deseaba enfrentarse el filósofo  italiano Gianbattista Vico, para muchos fundador de la filosofía de la historia. Con sus reflexiones de modo arrojado y con considerable esfuerzo para su tiempo bautizó como la confabulación de los doctos a esa especie de asociación de de lugares comunes que se dan por verdaderos sin serlo gracias al prestigio que les confiere la simpatía de algunos Académicos. Apelemos a los argumentos del filósofo alemán-costarricense Franz Hinkelammert, quien hace una corrosiva crítica a los relatos de la modernidad. Este autor disecciona el pensamiento occidental que sirve a esta innovación de fundamento y legitimidad, desde John Locke, para sostener que no es el capitalismo lo que esta en crisis, sino la vida, la reproducción humana y del mundo por efecto del capitalismo.  A partir de ello elabora criterios para plantear un nuevo orden que repose en la centralidad del hombre concreto, corporal, de la humanidad, de la vida para todos, incluyendo la naturaleza…  Finalmente para no olvidar la metáfora inicial, debemos tener claro que en el país, la política no fija el rumbo necesario de los eventos en marcha, la fijan los conglomerados intereses. La complejísima problemática y los intereses que de ventilan no son necesariamente los del país ni los de la política, su configuración, su control y su funcionamiento, han yegado a ser agentes primarios de socialización. En razón de su importancia, por eso en el preterido capitulo sobre el debate mediático, no caben abdicaciones, complicidades, apresuramientos ni simplificaciones, hoy a través de los rayos catódicos, entonan sus modernizadores cantos las sirenas de nuevo cuño. Están en juego demasiadas cosas en el contexto actual de las nuevas relaciones de poder. Sobre este tema volveremos en su momento, Compatriota Juan Guaido, el pueblo le ha entregado el testigo para este difícil nuevo tramo con obstáculos…Antes de aceptar que Dios nos creo a su imagen y semejanza, el infante tendrá que hacerse un yo a su imagen y semejanza: un representante en el intercambio simbólico que le degradará del alucinatorio estatuto divino a su humanidad real. Este yo será el sujeto de la palabra y de la actividad responsable, el acosado inquilino racional del mundo. El trastorno en su estatuto propio, porque debe trazar su camino permanente, hostigado por los impulsos infernales (es decir, inferiores) de la materia viviente y por la sombra represiva del consorcio simbólico, establecido con sus parientes, los demás hablantes. Se encuentra usted Compatriota Guaido en una situación semejante a la del enérgico caballero que protagoniza un grabado de Durero, cabalgando con prudente  acompañado por un perro que se asocia a la lealtad y la fe (fides), pero orgullosa firmeza a través del bosque de la existencia, mientras sufre el incesante hostigamiento del Diablo y de la Muerte… Sin cuya ominosa compañía olvidaría ciertamente quién es y adonde va.

No se puese verter vino nuevo en odres viejos, sin que aquel se corrompa”

“A pesar de las compañías Juan no olvides jamás quien eres, y adonde vas”…

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