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Jaime Granda: Un país de embuste

 

Venezuela en este siglo XXI ha terminado siendo el laboratorio de todas las teorías, tergiversaciones, remiendos y postulados  conocidos en materia ideológica y en materia económica.

No hay corriente, laboratorio, investigador ni grupo capaz de explicar realmente lo que está ocurriendo en este país. La mayoría apunta a la ignorancia de los que se apoderaron del Estado y cayeron en la humana tentación de corromperse frente a la riqueza fácil en perjuicio de millones de venezolanos, muchos de ellos buscando en otras naciones lo que perdieron en la propia.

Lo único que parece cierto es que Venezuela vive lo que los teóricos denominan una fase estructural en proceso de desarrollo, con todas las consecuencias porque la política es el reflejo de las tendencias de desarrollo de la estructura, con errores, contradicciones  y correcciones a lo largo de un tiempo indeterminado.

Todo lo demás que se diga responde a las teorías conocidas pero no determinantes de lo que estamos viviendo en esta Tierra de Gracia y botín para cualquier grupo local o extranjero.

Precisamente, la teoría dice que el socialismo es un sistema económico y social que centra sus bases ideológicas en la defensa de la propiedad colectiva frente al concepto de propiedad privada de los medios productivos y de distribución.

Igualmente dice que el principal fin del socialismo es la consecución  de una sociedad justa y solidaria, libre de clases sociales y con un reparto de riqueza igualitario.

La gran mayoría de venezolanos ha sufrido de la expropiación de los medios productivos y de distribución por un pequeño grupo que reemplazó a sus antiguos propietarios y convirtió al colectivo en esclavos peor pagados que cuando esos medios eran privados. Así que eso de conseguir una sociedad justa y solidaria ha sido pura teoría y las clases sociales siguen existiendo, pero ahora se denominan “enchufados” y “traidores”.

En vez de un reparto de riqueza igualitario, quedó demostrado que en la práctica se cumplió aquello de que “lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”.

En teoría, un estado de carácter socialista cuenta con un gobierno o una estructura estatal fuerte y con amplio poder en la toma de decisiones en materia económica y de distribución de rentas y bienes. En teoría es la ciudadanía la que debe controlar mediante mecanismos democráticos a sus gobernantes, pero han sido numerosos los estados socialistas que han derivado en gobiernos totalitarios, poco defensores de la libertad individual y corruptos.

En cuanto a los supuestos opositores, tienen 20 años facilitando la estrategia del grupo dominante. Cada cierto tiempo inventan un “mesías” y la gente cae para luego sufrir otra decepción, sin aprender que detrás de cada candidato hay grupos cuya motivación principal son las riquezas del subsuelo venezolano.

Partiendo de la afirmación del alemán Ludwig Feuerbach: “El hombre es lo que come”, podemos concluir que nuestro futuro no es nada agradable porque mientras la mayoría de venezolanos sigan comiendo “cobas”, es decir mentiras, embustes y manipulaciones, Venezuela seguirá siendo por mucho tiempo un país de embuste o país fallido, como dicen los manuales.

 

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