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Cristian Silva: Mi Cumaná marcha por la libertad

 

Bajo el lema “aquí todo el mundo está echando el resto” se realizó el 23 de enero la gran marcha de Cumaná, la concentración de personas más gigantesca en todos los 500 años de la ciudad capital del estado Sucre.

El punto de encuentro fue en la redoma La Copíta donde confluyen las avenidas Santa Rosa, Gran Mariscal, Fernández de Serpa y las calles Montes y Ayacucho.

El desplazamiento inicial de la multitud fue hacia la avenida Gran Mariscal para luego tomar la tercera transversal, empalmar con la avenida Miranda y continuar por la avenida Fernández de Serpa.

Para quienes conocen Cumaná, todas estas arterias viales estaban repletas de marchistas cuando llegaron al Comando de Policía frente al Cuerpo de Bomberos, y todavía muchos no habían empezado a moverse desde La Copíta, por no haber espacio para ello.

La multitud llegó a la Avenida Humboldt y en la esquina del Colegio Corazón de Jesús continuó a empalmarse con la avenida Las Palomas, la cual recorrieron en toda su extensión y en el Terminal de Pasajeros frente al edificio Hilados Cumaná, se incorporaron a la Avenida Perimetral o Aristides Rojas -mal llamada Cacique Maragüey- en sentido sur oeste.

En toda la extensión de la avenida Las Palomas se pudo observar gente llorando de alegría con la firme esperanza de encontrar un camino y un cambio al estado de hambre y desesperación de Venezuela.

La marcha vivió su máxima expresión cuando llegó hasta el elevado en el mismo lugar donde estuvo la redoma de El Indio, y el otro extremo o punta todavía estaba más alla de la Iglesia Virgen del Valle.  Más allá de la Bomba Venezuela. Una extensión equivalente a unas quince cuadras normales.

Ni Chávez en sus mejores tiempos ni la tradicional “Marcha a Jesús” ha podido concentrar y movilizar hasta ahora tantas personas al mismo tiempo en la ciudad primogénita de América.

La alegría era contagiosa y el pedimento de la multitud solo era: “yo no quiero bono, yo no quiero Clap, yo solo quiero que se valla Nicolás”.

Y esa canción llegó hasta las entrañas de la fosa del golfo de Cariaco.  A profundidades  jamás alcanzadas por el hombre.

No obstante, al término de la caminata en la inmediaciones del conjunto residencial Villa Venecia, la marcha tan linda con un recorrido tan bonito, estuvo a punto de ser enlodada por la presencia de colectivos criminales del régimen moribundo, quienes en motocicletas, encapuchados, portando piedras, botellas, palos y otros objetos, quisieron forman el casos incitando hechos de violencia.

Pero ya el mandado estaba hecho y quedaron registros fotográficos para la historia.  “Yo no quiero bonos, yo no quiero Clap, yo lo único que quiero es que se valla Nicolás”.

 

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