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Luis Fuenmayor Toro: ¿A dónde nos llevan?

 

Hemos llegado a una situación que era previsible según el devenir de los acontecimientos, generada prioritariamente por los sectores extremistas del gobierno y de la oposición. La violencia que se ha desatado lleva ya una treintena de muertos, además de heridos y detenidos, que como siempre ningún sector reconocerá como causados por sus acciones y achacarán al contrario todas las culpas de lo sucedido. Así, todos los asesinatos serán responsabilidad del gobierno, según los opositores, o fueron generados por la violencia opositora según el gobierno. Lo mismo ocurrirá con los heridos, los detenidos y los perseguidos, y con la destrucción que ocurra producto de los enfrentamientos. Cada uno ira construyendo su historia de los hechos, aunque ésta no tenga nada que ver con lo que realmente sucedió. No es nada extraño, ha ocurrido y seguirá ocurriendo en el mundo, pero en nada ayudará en la búsqueda de soluciones.

Se ha impuesto aquella tesis de que “Para estar guindando, es preferible caer”, argumento absurdo, sobre todo si se tiene en cuenta, en este caso, el inmenso daño que generará a la población y al país. Pero las pasiones no entienden de argumentos y nos han llevado hasta aquí, y Maduro tiene la principal responsabilidad, porque es quien gobierna y quien debe garantizar la convivencia de los venezolanos, su seguridad de todo tipo y la integridad nacional en su más amplia concepción. Su incapacidad, negligencia y desprecio por la suerte de Venezuela, se expresan claramente en la situación actual. No ha podido contener las acciones anti nacionales internas ni externas, ni ha sido capaz de lograr la unidad nacional necesaria para salir adelante. No hay excusa posible. Si le aceptamos el argumento de que el caos es responsabilidad conjunta de traidores a la patria y fuerzas extranjeras, sigue siendo su culpa al haber sido incapaz de enfrentar ese reto.

El daño producido a la nación es gigantesco, sea cual sea el desenlace final de esta crisis, si es que se llega a una resolución de la misma en el corto o mediano plazo. Pues muy bien podríamos continuar en un estado de suspenso prolongado por mucho tiempo. Venezuela quedará en una situación de minusvalía ante sus vecinos, el resto de las naciones del continente y el mundo entero. Su soberanía será un recuerdo y las decisiones importantes sobre nuestro destino se tomarán, como en este momento se están tomando, en los centros internacionales de poder, según sus intereses y no los nuestros. No importará si superamos los problemas económicos, si abatimos la inflación, si terminamos con la escasez y la locura cambiaria. O si mejoraran nuestros indicadores alimentarios, productivos, educativos, de salud y de seguridad personal. Ya no será la Venezuela luchadora por la libertad, ejemplo y guía de nuestros compatriotas sudamericanos.

No me importa si no soy comprendido ni siquiera por mis amigos más cercanos. Sé que las pasiones nublan la mente y dan paso a la irracionalidad total. Para mí es una obligación efectuar estos señalamientos, así me quede solo por hacerlo. Para cualquier pueblo con una mínima autoestima, no pueden ser motivo de alegría las decisiones injerencistas amenazantes, humillantes y descalificadoras del gentilicio, que pueblos vecinos y grandes potencias nos hacen hoy con total naturalidad. Salir de los energúmenos y delincuentes que nos oprimen y atropellan, no justifica el sacrificio de la patria, la disolución de la nación y nuestro sometimiento a facinerosos extranjeros, que jamás actuarán en función de nuestros intereses y necesidades, sino que profundizarán el sometimiento tal y como lo han hecho en otras partes del mundo. Los ejemplos están a la vista y los acontecimientos en pleno desarrollo.

Rechazo totalmente la política “proconsular” llevada adelante por una parte de la Asamblea Nacional. Necesitamos líderes nacionales, patriotas, dignos de nuestra herencia soberana e independentista; no necesitamos ser gobernado por un procónsul sin importar si nació o no en Venezuela. Si algo vimos el 23 de enero fue a bastante pueblo en las calles, en actitud de lucha como para poder avanzar exitosamente, sin la necesidad de arrendar nuestro destino. La bazofia gubernamental puede ser sacada del poder, ante un empuje popular total y coordinado de la gente, que incorporará seguramente a todos los venezolanos, sin distingos partidistas ni ideologizaciones bastardas. De nada les valdrá el generalato corrompido que hoy los defiende. Que se llena la boca con la constitución, la lealtad, la democracia y la soberanía, pero que en la práctica pisotea cada uno de esos principios y se muestra complaciente con sus violaciones permanentes, por parte del desgobierno dictatorial y opresor que defiende.

Seguiré en combate por una salida nacional, pacífica, constitucional y electoral de esta crisis. Estoy más que seguro que si la gente sale a defender sus derechos, entre ellos los electorales, tan combativamente como ayer salió, puede derrotar al gobierno en todos los terrenos, sin la necesidad de sometimiento ninguno a los poderes internacionales que hoy nos acosan.

 

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