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Jose Maria Aristimuño: Venezuela audaz, adiós a la OPEP

 

Las transiciones en el juego del poder con apoyo popular generan siempre un huracán de posibilidades. Aspiremos que el tiempo juegue a favor y esta etapa sea lo menos violenta y traumática. Se hace imperativo tomar medidas con arrojo que permitan en poco tiempo, con la esperanza y el optimismo por delante, devolver la prosperidad a los venezolanos; sobre todo su identidad nacional, tan vapuleada por la manera criminal como ocurrieron los hechos en estos años. Ignorancia e ineficiencia con ribetes de comunismo obligaron a más  de 4 millones de venezolanos a abandonar su patria: la diáspora.

El cambio de manos

Rómulo Betancourt (algunos lo llaman el padre de la democracia) fue exitoso en la transición. Presidente de 1945 a 1948 (conjuntamente con militares) y de 1959 a 1964. Se le debe el Pacto de Punto Fijo, con el propósito de elecciones libres.

La nombrada doctrina Betancourt, sintetizada en su libro Venezuela, política y petróleo, escrito en el exilio, es una lectura necesaria para entender este ciclo de la historia y colocar esas reflexiones en  los actuales acontecimientos. Betancourt siempre vio el petróleo como la  palanca del desarrollo. La riqueza cuyo fin último es el beneficio de la población.

Venezuela, más que tierra de gracia, es una mina. Por supuesto que duele dicha acepción. Ya fue descubierta y utilizada por saqueadores de oficio. La historia no miente: desde la fiebre del oro en Baja California, Klondike en Alaska, y Australia, la riqueza súbita no es buena compañera. La consecuencia inmediata es la corrupción y, por ende, degrada el trabajo y trastoca la sociedad.

Organización de Países Exportadores de Petróleo

La OPEP, 1960. Su padre: Juan Pablo Pérez Alfonso, creador de una idea genial. Existía la Guerra Fría y cumplió su función de desmarcarse de otros productores y crear un cartel  para estabilizar los precios del crudo. Estuvo bien.

Aún medio siglo después seguimos siendo la taza del oro negro. Debajo de nuestros pies hay casi 400 mil millones de barriles de petróleo: el 25 % de  los mayores recursos probados del mundo. Pero estar en un cartel no es lo adecuado en tiempos difíciles. Precisamente en esa  independencia radica la soberanía.

La OPEP ya no posee la fuerza defensiva de años anteriores, por lo tanto no funcionará para los fines consiguientes. La única manera de impulsar este nuevo modelo es subir rápidamente la producción, pues según los últimos informes actualmente estamos bombeando unos 800 mil barriles diarios. De los 15 miembros de la OPEP, fuimos terceros productores, y ahora competimos por los últimos lugares. Ya Catar anunció que se va de la OPEP; incluso Nigeria y Libia no cumplen con la cuota por su severa crisis.

¿Cuánto debemos subir? Irresponsable decirlo.

¿Cuánto tiempo? Menos.

Actualmente, la OPEP posee el 41 % del mercado y tiene dos ayudantes que juegan desde afuera de manera inteligente para apuntalar el petro precio: Rusia y México (pero sin compromiso adquirido). No nos funciona la ecuación precio/cantidad. La jugada maestra es comenzar a ser independientes, deslindarnos sin miedo para poder retomar los mercados perdidos producto de la geopolítica energética y de hipotecar parte el recurso hacia dos potencias en el nuevo juego mundial, Rusia y China.

Despertaremos muy pronto en  otro país, la Venezuela herida. Pero volveremos a ser la Venezuela heroica de Eduardo Blanco. Comenzando por hacer uso inmediato y racional  del recurso originario, el petróleo, no como el excremento del diablo sino como el maná de los dioses.

Si espero, perderé la audacia de la juventud. Alejandro Magno.

 

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