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Jesús Alexis González: Venezuela en ruta al civilismo

 

El civilismo, ha de entenderse como una doctrina política según la cual el gobierno de la Nación debe estar encomendado a personas civiles, a la luz de un régimen político inspirado y dirigido por individuos elegidos por el pueblo sobre quien reside la soberanía, sometiéndose al derecho y respeto de las libertades. A tenor de ello, una dictadura, aunque sea ejercida por civiles, no constituye un régimen civilista porque no está sometida a las normas constitucionales y legales del Estado.

El militarismo, por su parte, hace referencia a la preponderancia de los militares y de la doctrina militar en el desenvolvimiento de la Nación, con relevante influencia en la política del Estado en una clara desviación del recto sentido de lo militar al punto de perfilar un sistema político militar.

En lo especifico del caso venezolano, desde el año 1821 los militares impusieron su peculiar y distintivo rasgo en pro del control de los gobiernos, hasta el año 1958 (137 años después) cuando se da inicio a un período civilista al subordinarse constitucionalmente la estructura militar al poder civil; situación que fue interrumpida en la Constitución del año 1999 (bajo la influencia de Hugo Chávez) cuando se regresa al militarismo al concederle jerarquía militar al Presidente de la Republica en la condición de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, a la luz del Artículo 236 constitucional en cuanto a las Atribuciones del Presidente o Presidenta de la Republica, al establecer en su ordinal 5: “Dirigir las Fuerza Armada Nacional en su carácter de Comandante en Jefe, ejercer la suprema autoridad jerárquica de ellas y fijar su contingente”.

Es de resaltar, que Hugo Chávez Frías al momento de tomar juramento como Presidente de la República en 1999 irrespetó la Constitución en su Artículo 328: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política (…)” cuando cambió la tradicional expresión de Patria o Muerte por Patria, Socialismo o Muerte; la cual repitió el 30/01/2005 en la ciudad de Porto Alegre, Brasil al señalar la necesidad del socialismo para trascender el capitalismo, e inició tal pretensión bajo el indefinido y amorfo Socialismo del Siglo XXI. Tal “desobediencia constitucional”, la asumió como propia el hoy saliente usurpador Nicolás Maduro (ante las ilegítimas e ilegales elecciones del 20M 2018) cuando en el funeral de Hugo Chávez en 2013 gritó: “La batalla continúa, ¡Chávez vive, la lucha sigue!” (la cual repetía en la mayoría de los actos protocolares); todo ello con el agravante que de igual modo se convirtió en un saludo militar, muy especialmente por parte del denominado Alto Mando Militar: “Independencia y patria socialista. Viviremos y venceremos. Chávez vive, la lucha sigue”.

Resulta pertinente acotar, que la Fuerza Armada Nacional Venezolana está integrada (febrero 2019) por 25 Dependencias con un total de 344 Cargos, donde los entes con transversalidad militar suman 9 (36% del total) conformadas con 171 cargos (49,7% del total); mientras que las Dependencias de Apoyo y de Servicios suman 16 (64% del total) estructuradas con 173 cargos (50,3% del total). En el primer grupo se observa, que el Alto Mando Militar está conformado con 15 cargos (4,4% del total, 8,8% del grupo); mientras que en el segundo grupo se destaca la preponderancia, tanto de la Dirección General de Empresas y Servicios estructurada con 29 cargos (8,4% del total, 16,8% del grupo), como de la Universidad Militar Bolivariana organizada con 38 cargos (11,1% del total, 21,9% del grupo).

Por otra parte, es sabido que una República en su condición de Nación ha de estar sustentada en un régimen democrático integrado por ciudadanos y dirigido por civiles a cuyas órdenes debe encontrarse la estructura militar; siendo de manifiesta obviedad que un régimen militar no puede ser democrático habida cuenta de su naturaleza autoritaria basada en la obediencia debida; más aún para el caso venezolano ya que la Constitución establece en su Artículo 2: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna (….) la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”; e igualmente en su Artículo 6: “El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela (….) es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”.

A tenor de los señalamientos precedentes, se desprende que el militarismo no puede instituirse como un árbitro del acontecer político, tal como el Alto Mando Militar, nuevamente, actuó en enero/18/2019 al declarar su “irrestricto apoyo” a un nuevo mandato del usurpador, quien en cómplice reciprocidad continuamente señala: “La revolución bolivariana es militar”. Ese “armonioso desenvolvimiento”, en mucho responde, se infiere, al deseo de la cúpula militar por mantener sus elevadas cuotas de poder económico (Zona Económica Militar) y político que han acumulado durante el “proceso revolucionario” (¿?) chavista-madurista.

Reflexión final: Apenas se instale el gobierno de transición, se hará obligante reinstitucionalizar la Fuerza Armada hasta deslastrarla de su actual condición de “partido político”.

 

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