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Pablo Antillano, luz en los ojos, genio en la sangre; Por Milagros Socorro

 

Pablo Arístides Antillano Calcaño nació en Caracas el 6 de junio de 1947. Diez días después, el 16 de junio de 1947, murió su madre, la poeta y periodista Carmen Josefina Calcaño Henríquez. Tenía 21 años. Había nacido el 26 de marzo de 1926.

El padre de Pablo, el periodista Sergio Antillano González, quien no había cumplido los 25 años cuando nació su primer hijo, encomendó la criatura al cuidado de su hermana Amanda Antillano, quien lo cuidó como si fuera su hijo por dos años, el periodo transcurrido hasta que Sergio se casó con la artista plástica Lourdes Armas Alfonso. Antes de empezar a hablar, ya Pablo tenía tres madres. A ninguna la llamó “mamá”. La madre muerta fue, según afirmó su padre, la herida siempre abierta en el corazón del hijo. La tía Amanda era “Amandita” y la madre de crianza, a quien según él mismo escribió en una crónica, también adoró, era su “Lula”.

Periodista. Ensayista. Creador de revistas. Editor. Columnista. Crítico de cine y de teatro. Animador de televisión. Gerente cultural. Consultor en Comunicaciones. Politólogo egresado de la UCV. Maestría en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica en The George Washington University (GWU). Profesor de Comunicación Política en la Escuela de Estudios Políticos de la UCV y en GWU. Premio Nacional de Periodismo Cultural 2001. Gran lector. Sibarita. Maestro de la conversación y el discernimiento. Pablo Antillano acaba de fallecer en Caracas, el 6 de febrero de 2019.

De raza le viene al galgo

Los muchos talentos del legendario periodista caraqueño pueden rastrearse en su genealogía. Por la rama paterna, además de ser hijo de un brillante reportero e intelectual adscrito a grupos literarios de los años 40 y 50, Pablo tenía el teatro en la sangre. Su abuelo Hilario había sido sastre, pero sus parientes cercanos Carmen, Margot y Paul Antillano fueron destacados actores de teatro, radio, cine y televisión.

Del lado Calcaño tenemos información por el trabajo de los genealogistas Antonio Herrera Vaillant y Juan Carlos Morales Manzur, quienes hicieron un minucioso trabajo sobre “Las familias Calcaño y Briasco en Maracaibo y Caracas”.

Originario de Génova, Italia, Giovanni Francesco Calcagno, nacido en Julio de 1764, fue el fundador de esta familia en Venezuela, al llegar a La Guaira, donde se casó con Juana Uraín de Castilla y Méndez, expósita. Este matrimonio se estableció en la ciudad litoralense y de la tuvieron tres hijos: un varón, Juan Bautista y dos niñas, Belén y Teresa. “En 1812”, escriben Herrera Vaillant y Morales Manzur, “la esposa de Giovanni Francesco y su hija Belén perecieron tapiadas, cuando el techo de la iglesia donde rezaban se desplomó sobre la congregación, el Jueves Santo, día del terremoto que asoló Caracas”.

Por suerte, la otra hija, Teresa, no estaba allí. Ya ella se había casado con un coronel. El hijo varón del fundador, Juan Bautista Calcaño Uraín (1799-1870), tatarabuelo de Pablo, se hizo periodista y político. Quizá por esos oficios, siguió el ejemplo del padre y abandonó su país para buscar fortuna en otra parte. Se fue a Cartagena. Y le fue tan bien que en 1829 recibió de Simón Bolívar el nombramiento de Secretario de la Prefectura del Departamento de Magdalena. Esto no le impidió regresar a Venezuela. En 1831 se instaló en Maracaibo y fundó una fracción política llamada de “los Campesinos”, partidarios de Bolívar y opuestos a los Tembleques, paecistas. Llegaría a ser senador por Maracaibo y uno de los fundadores de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, en 1842.

Antes de regresar a su tierra, Juan Bautista Calcaño Uraín se casó con la cartagenera Josefa Antonia, ‘Pepita’, Paniza de Ayos. Tuvieron doce hijos, entre quienes se cuentan Juan Bautista, (1824-1914) músico y compositor, miembro de la Academia de la Historia y de la Academia de la Lengua, políglota y gramático. José Antonio (1827-1897), poeta, miembro fundador de la Academia Venezolana de la Lengua. Fue el orador de orden el 28 de octubre de 1876, en ocasión del traslado de los restos del Libertador desde la Catedral al Panteón Nacional y cónsul en Liverpool, Inglaterra. Luis Camilo (1829-1878) escritor. Arístides, (1828-1878) poeta y novelista. Eduardo (1831-1904), abogado, orador, literato, compositor y periodista. Eduardo (1831–1904), abogado, escritor, periodista, orador y político.

Casi toda la docena tuvo carreras como las descritas. Y así llegamos al hijo número 9,

Simón Calcaño Paniza, nacido en Caracas en 1835, quien se casó con Juana Paula Octavia Sánchez Beltrán. Serían los bisabuelos de Pablo. Tuvieron cinco hijos. La mayor, Josefina, murió soltera; y cuatro varones, entre quienes estaba Arístides Calcaño Sánchez, abuelo de Pablo, quien llevó al altar a Consuelo Henríquez Hernández y tuvieron once hijos, entre ellos, Josefina Calcaño, la madre de Pablo Arístides, quien, como puede verse, tenía por segundo nombre el de su abuelo materno.

La foto

Esta imagen fue captada por Vasco Szinetar en 1984, cuando Pablo Antillano era secretario General de Fundarte. Fue el cargo que lo esperó a su regreso de Maracaibo, donde llegó a mediados de 1983, contratado por el diario Crítica para reformar completamente ese matutino. Sería una tarea fallida porque los propietarios del periódico no demostraron una real voluntad de ponerlo a tono con los tiempos y, mucho menos, seguir las rupturales directrices del intelectual que venía de ser jefe de las páginas culturales de El Nacional y fundador de muchas revistas que sacudieron el panorama editorial venezolano.

Pablo había estudiado Arquitectura en LUZ, donde era responsable de la Juventud Comunista de la facultad. Pero antes de concluir la carrera, cuando tenía 19 años, se fue a Caracas y se inscribió en Sociología. Entonces vino el cierre de la UCV, en tiempos del presidente Rafael Caldera, lo que lo llevó a empearse en algo… en una revista. Casi dos décadas después, volvió a vivir en Maracaibo, esta vez por menos de un año. Estaba en la capital zuliana cuando lo llamaron para ofrecerle la más alta posición en Fundarte y no se lo pensó dos veces.

Esta gráfica retrata la gran característica de Pablo Antillano: las luces que abarcaba su mirada. Y otra, su capacidad de avisorar lo nuevo, de plantarse en la tradición y en la modernidad a la vez sin conflicto, con total soltura. La mano en el libro y en los ojos el movedizo destello de las tendencias en constante renovación.

Su hermano Sergio Antillano Armas dice que Pablo dejó varios libros inéditos; y que uno es una colección de relatos ambientados en la Edad Media. En 1986, escribió un articulo de donde extraemos este fragmento: “La serie de películas de aventuras en el espacio, en las que la tecnología es opacada por personajes aislados o cubiertos con batas medievales; la presencia de pantanos y seres misteriosos, de príncipes, princesas y ermitaños es sin duda otro rasgo claramente romántico frente a la tecnología. En el fondo, son obsesiones para los románticos la originalidad, la experiencia irrepetible, la emoción única, lo personal, la alucinación individual, la fuga del presente, la impotencia ante la realidad, la esperanza: pero jamás la imitación, jamás la vulgaridad del contagio del consumidor sofisticado”.

Por ese camino, Pablo Antillano era un romántico. Era, por ejemplo, un experto en juegos de cónsola y se procuraba las últimas versiones que salieran en Japón, pero al mismo era un adicto a las historias, a “la emoción única”, al brote súbito del ingenio propio y ajeno.

Con esta retirada Venezuela pierde un bastión de refinamiento, inteligencia y libertad.

 

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