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Gustavo Márquez: Ni Estado paralelo; Ni gobierno autoritario

 

Ni Estado paralelo de Guaidó

Ni gobierno autoritario de Maduro

Dialogo y referéndum para cambiar y evitar la guerra

“Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la soberanía popular para que ejerza su voluntad”. Simón Bolívar. Angostura, 15 de febrero de 1819

Desde la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución (PCDC) hemos venido advirtiendo sobre el giro que ha tomado la crisis político institucional del país, la cual avanza aceleradamente hacia un “choque de trenes” que podría desencadenar una guerra civil con participación internacional. En efecto, a partir del 23 de enero, con la “autoproclamación” inconstitucional del presidente de la Asamblea Nacional (AN), Diputado Juan Guaidó, como supuesto Presidente (e) de la República, contando con el apoyo político y militar del gobierno de EEUU, el respaldo del Grupo de Lima y varios países de la Unión Europea, el tren de la intervención militar dirigida desde Washington, se encarriló hacia la que hemos llamado, la “ruta de guerra” por la vía del uno, dos, tres: 1) Cese a la Usurpación; 2) Gobierno de Transición; 3) Elecciones”. La “primera estación” supone la renuncia o salida por la fuerza del Presidente en ejercicio por la acción directa del gobierno de los EEUU y sus aliados. En el otro extremo de la línea, el tren de Nicolás Maduro se mantiene aferrado al poder con un rechazo del 80% de los venezolanos, contando con el respaldo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y gobernando al margen de la Constitución, atrapado en el laberinto de sus propias contradicciones, sin darle respuestas efectivas a la crisis económica y social que ha provocado la pauperización de la sociedad venezolana y la quiebra de la institucionalidad democrática.

Los posibles desenlaces de esta confrontación llevada al límite son: la capitulación negociada del Presidente Maduro por la presión económica y militar de EEUU y sus aliados, o el inicio de una guerra civil con participación internacional siguiendo el patrón de Libia o Siria. En el primer caso, los ganadores exigirían su botín e impondrían sus condiciones enfocadas fundamentalmente en el aprovechamiento de las reservas petroleras y mineras, además de la instalación de un gobierno “transición” títere que garantice la protección de sus intereses geopolíticos y económicos. Si ocurre el segundo desenlace, entraríamos en la vorágine de una guerra civil con participación internacional por tiempo indeterminado que cobraría miles de vidas humanas, la destrucción de la infraestructura nacional y muy posiblemente la mutilación y pérdida de la integridad territorial del país, con graves consecuencias para las generaciones presente y futuras. En ambos casos, el conflicto terminaría en una negociación con el gobierno de EEUU de espaldas al país y en la humillación histórica del pueblo venezolano, que sería la víctima y quien tendría que pagar las consecuencias y cargar con los costos y la pérdida de soberanía de la Nación.

Ante este terrible escenario, en el que está en juego la existencia misma de la Patria, hemos venido planteando como salida a la crisis política la “ruta al alternativa de la paz y el cambio”, la cual tiene como primera estación la apertura de un diálogo entre la AN y el Gobierno con el acompañamiento de la ONU, para acordar por consenso la reestructuración del CNE. La segunda estación, es la convocatoría de un referéndum consultivo, aplicando los artículos 70 y 71 de la Constitución, para que sea el pueblo quién decida si quiere o no renovar los poderes públicos. De esa manera, el protagonismo y la decisión para zanjar el conflicto politico institucional quedaría en manos del soberano, sacando del primer plano a Trump y su pandilla. En ese diálogo y negociación, los interlocutores deben dialogar con los movimientos sociales y políticos, para construir un programa de emergencia y recuperación nacional consensuado, que atienda con urgencia la grave y desvastadora crisis social y económica que agobia a los venezolanos.

Además de hacer pública la propuesta, decidimos presentársela a la AN y al Presidente Maduro, mediante un diálogo franco, dejando claro nuestra posición de rechazo a la conformación de un gobierno paralelo al margen de la Constitución, impulsado por EEUU y sus aliados. La Directiva de la AN nos invitó a dialogar sobre la situación del país y sus posibles salidas. El pasado 5 de febrero acudimos a la sede del Parlamento Nacional a una reunión con el Diputado Guaidó, en su carácter de Presidente de la AN, dejándole bien claro que no lo reconocemos como Presidente interino, sino solo como cabeza del Poder Legislativo. Le dijimos que no estábamos allí como mediadores sino como proponentes de la “ruta de la paz y el cambio” como alternativa a la propuesta de EEUU y el Grupo de Lima asumida por él, que hemos denominado la “ruta de la guerra”. Le informamos que esperábamos reunirnos con el Presidente Maduro para llevarle esta misma propuesta.

El Diputado Guaidó, descartó de plano el diálogo con el Presidente Maduro e insistió en la secuencia de la ruta trazada por Trup y el Grupo de Lima, cuyo primer paso es el “cese a la usurpación” con la salida inmedianta de Maduro. Ante el emplazamiento que le hicimos respecto de sí estaba de acuerdo con una intervención extranjera, respondió de una manera ambígua que “no la deseaba”. Sin embargo, con el correr de los días ha dejado claro que no descarta, en uso de sus autoasumidas “competencias” y en “defensa de la soberanía”, autorizar “si fuese necesario” una intervención de EEUU en Venezuela1 y llamó a constituir un voluntariado para que opere el “corredor humanitario” por el cual se forzará la entrada al país de la llamada “ayuda humanitaria” de la USAID, que como se sabe, es el dispositivo utilizado en caso de conflictos armados y el instumento político del imperialismo estadounidense para intervenir países como parte de su juego geopolítico. A esto se suma la aprobación por la AN de la “ley del estatuto que rige la transición” que regula la “ruta de la guerra” en sus tres etapas. Este “estatuto” establece que la AN designará un “gobierno de transición” plenipotenciario, que gobernará el país hasta que haya elecciones en un plazo indeterminado. Mediante esa ley se suspende la Constitución y mientras dure la “transición”, dicho gobierno designado por la cúpula partidista que domina la AN, sin ser electo por el pueblo, actuará por un tiempo indefinido al margen de la constitución, el cual ¿Se trata de un golpe a la Constitución? ¿De un golpe de estado? ¿La soberanía de qué país se defiende llamando a una intervención extranjera? ¿De la Patria o de la del invasor que pretende convertirnos en un protectorado? Por su parte, el Presidente Maduro ha respondido con la posible convocatoria de una elecciones anticipadas por la inconstitucional ANC, una reacción que en la cual en la actual coyuntuta profundizaría la polarización.

Ante este escenario, en el que las opciones se ubican en dos extremos que se confrontan por el poder en el marco de la disputa geopolítica de las grandes potencias, ambos violentando la Constitución y avanzando peligrosamente hacia una guerra fraticida, el camino para garantizar la paz y evitar la pérdida de la soberanía de la Nación, siguiendo el pensamiento de El Libertador, es consultar la voluntad del soberano mediante un refendum consultivo, previa reestructuración del CNE por consenso, para que el pueblo decida si quiero o no relegitimar los poderes públicos, para que ejerza plenamente su soberanía en un momento de extraordinaria trascendencia para el país. Esa es nuestra apuesta por la paz y el rescate de la soberanía popular, para lograr una salida constitucional, democrática, pacífica y soberana a la crisis política.

 

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