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Héctor Silva Michelena: ¿Y ahora qué?

 

Los gobiernos del grupo de Lima, y Mike Pence, prefirieron prolongar la agonía en Venezuela, antes que acabar con la dictadura de raíz. La periodista Sabrina Martín, de PanAmPost, pregunta, con razón: “¿Y ahora qué?”. Dice que es la pregunta que se hacen los venezolanos luego de que la comunidad internacional se negara a una intervención militar en Venezuela a pesar de que la dictadura de Nicolás Maduro impidiera el ingreso de ayuda humanitaria asesinando voluntarios e incendiando camiones.

Estas son las decisiones  más importantes adoptadas hoy por el Grupo de Lima: Impulsar la designación de expertos por parte del Consejo de DDHH de la ONU, y propiciar una discusión sobre la situación en Venezuela en el Consejo de Seguridad, y pedirle al secretario general de la ONU que active el Consejo de Seguridad.

Los otros 14 artículos son pura paja, montículos de paja seca, cerros pajizos, altísimas montañas de paja bla, bla, bla. Que Pence dijo estamos resteados, que Elliot llamará al Consejo de Seguridad de la ONU, que Rusia no ejercerá su veto porque “sería bochornoso”, vaya ingenuidad de este clásico depredador. No había dicho la última sílaba cuando ya Rusia se oponía: eso es un asunto interno y no se puede intervenir, que ellos resuelvan su problema.

Y así, así, así. La montaña de paja rozó nuestro claro sol, se incendió, y el azul de nuestro cielo se puso ceniciento, los ríos verdes y plateados se secaron, temblaron las luciérnagas y las moscas doradas. Las estrellas colapsaron y vimos extendiéndose a los lados del cementerio la casa de los muertos, que sonreían de pie en sus vitrinas, donde cual maniquíes gesticulan para la eternidad.

Es paradójico, incoherente y hasta cobarde que los gobiernos de la región, específicamente del Grupo de Lima y de la Unión Europea, no afirmen con contundencia que Nicolás Maduro es un dictador y que ha perpetrado crímenes de lesa humanidad, y que a la vez se nieguen a una intervención militar. Mientras miles de venezolanos desamparados mueren asesinados por el régimen, la posición internacional es vilmente cómoda y cobarde. Prefieren prolongar la agonía, eso opina Sabrina Martín. Y yo comparto rotundamente su opinión.

¿Será cierto que “Es posible devolver a Venezuela al concierto democrático de las Américas sin cualquier medida extrema”, como señaló el vicepresidente de Brasil, Hamilton Mourao? Y agregó: “Brasil cree firmemente que es posible devolver a Venezuela al concierto democrático de las Américas sin cualquier medida extrema que nos confunda con aquellas naciones que fueron juzgadas por la historia como agresores, invasores y violadores de las soberanías nacionales”.

¡Es increíble! El cisne moribundo es una sirena. En la medición de fuerzas implícita en la entrada de la ayuda humanitaria Maduro optó por la radicalización. Sin importar que el mundo entero estuviera pendiente de lo que sucede en Venezuela, mostró su peor rostro. Y con la violencia le cerró la puerta a las opciones pacíficas y conciliadoras, y le subió el reto a la diplomacia internacional frente a su caso.

Las declaraciones de Mourau revelan justamente cuál es el temor de las naciones del mundo de intervenir en el país suramericano, pues quieren evitar ser juzgadas como agresoras, invasoras o violadoras; mientras la dictadura sigue asesinando a venezolanos y sumiendo al país en la miseria. Para el vicepresidente brasileño como para el resto de los países aún quedan sanciones y medidas internacionales para ejercer contra el régimen con el fin de presionarlo y aislarlo hasta que de manera pacífica abandone el poder. Pero,  señor Mourau, ¿no cree usted que la violencia de Maduro cierra las opciones pacíficas?

Olvidan que el artículo 187, literal 11 de la Constitución dice que corresponde a la Asamblea Nacional “autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”. Ciertamente, la fuerza militar sería una escalada drástica, pero José Cárdenas, quien integró el Consejo Nacional de Seguridad durante el gobierno de George W. Bush, y quien habla regularmente con funcionarios del gobierno de Trump, dijo que es necesario discutir esa opción. “No podemos sencillamente dejarla de lado”, dijo Cárdenas. “Para mantener la presión, hay que seguir combatiendo lo que hace el gobierno (venezolano)”.

Se anunció una lluvia de sanciones. ¡Ya las sabemos! Y no han dado el resultado que el 90 por ciento de la población venezolana mayor de edad espera y espera y espera. ¿Es humano seguir en esa tesitura hasta las calendas griegas? Ad calendas graecas es una locución latina de uso actual. Se indica con ella que una cosa no se realizará nunca, ya que en Grecia no existían las calendas (división del mes romano). Cuenta Suetonio que esa expresión la empleaba mucho el emperador Augusto (63 a.C.) en las conversaciones familiares para dar a entender que alguien no pagaría nunca. Existen expresiones de similar significado en castellano: cuando las ranas críen pelo o cuando las vacas vuelen.

Ante las blandengues  decisiones del grupo de Lima, los venezolanos hemos mostrado decepción, pues esperábamos acciones más contundentes contra la dictadura. ¿Es viable esa ayuda humanitaria sin custodia militar, y realizar elecciones libres, es decir, con otro CNE, después de lo que vimos el 23 de febrero y días subsiguientes?

Leamos en voz alta el texto de Lenin sobre diálogos con enemigos o adversarios: “Nosotros dialogamos con los enemigos que hemos jurado destruir, solamente cuando carecemos de la fuerza necesaria para abatirlos. Por medio del diálogo alcanzamos aquellos objetivos a corto y mediano plazo para ganar tiempo, y cuando efectivamente seamos más fuertes, entonces tomamos sin contemplaciones lo que queremos y sin que nos conmuevan las declaraciones y las apelaciones de los enemigos vencidos”. ¿No es esta la cartilla, o trampa, que siguió y armó Maduro, y que desinfló a la oposición hasta que se juramentó, en cabildo abierto, Juan Guaidó?

Esto es lo que hizo Maduro ante una oposición ingenua, donde (salvo honrosas excepciones, María Corina Machado y Antonio Ledezma) parece que no hay políticos de verdad, esos que saben muy bien cómo actúan las dictaduras. “Un paso adelante, y dos atrás”, para fingir debilidad y acumular fuerzas para, luego,  ganado el tiempo necesario, “tomar sin contemplaciones lo que quieran  y sin sentirse conmovidos  por declaraciones  o apelaciones de los enemigos vencidos”. Así pueden lanzar el zarpazo. Maduro bailó salsa el 23 de febrero por la noche, y volvió a hacerlo, esta vez en un teatro Teresa Carreño lleno hasta las banderas. Se siente vencedor de sus enemigos: Guaidó, las elecciones libres, con nuevo CNE nombrado por la Asamblea Nacional, y la democracia.

La guinda del pastel: “Hay informaciones sobre serias y creíbles amenazas a la vida e integridad personal de Juan Guaidó y de su familia, así como hacia la familia de su señora”, declaró el canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, tras leer la declaración final del Grupo de Lima al término de la reunión sostenida el lunes. Guaidó ¿un ave Fénix? El ave Fénix, es un pájaro mítico de la mitología griega, que se consumía por acción del fuego cada 500 años, pero luego resurgía de sus propias cenizas.

Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna. El ave Fénix es muy fuerte y puede mucho. Como tiene al pueblo, Guaidó tiene los poderes creadores de ese pueblo. Puede desencadenar la tormenta que despeje las cenizas del nuestro cielo, y abra paso a sus luces azules.

Mas recordemos los cuatro primeros versos del poema Bodas Negras, del padre Carlos Borges: “Oye la historia que contóme un día, el viejo enterrador de la comarca: Era un amante a quien por suerte impía,  su dulce bien le arrebató la Parca”. Pueda que la noche se aleje y dé paso a un brillante cometa: será el Cristo superior de la Santa Eucaristía.

No hay palabras para el horror en las fronteras de Colombia  y Roraima, en Santa Elena de Uairén, sevicia, crimen, sangre. Honor a los periodistas que arriesgaron todo para que las imágenes de la masacre ardieran en los ojos del mundo, y quedasen grabadas para siempre. Todos encarnan al valiente fotógrafo de Mauthausen, quien documentó el exterminio en ese campo de concentración nazi.

 

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