Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Rodrigo Cabezas: Después de las nubes, el sol

Rodrigo Cabezas: Después de las nubes, el sol

 

Un buen día del mes de octubre de 1981, teniendo 25 años de edad, entraba a un salón de clase de la escuela de economía de LUZ, ya no era estudiante. Era mi primera clase en una cátedra electiva que versaba sobre el mercado petrolero mundial. Comenzaba aquella mañana la más gratificante aventura de mi vida, ser profesor de mí ilustre La Universidad de Zulia.

Nada me ha sido más apasionado desde la ciencia económica que enseñar a pensar desde la razón a casi tres generaciones de jóvenes que buscaron el conocimiento profesional en nuestra alma mater; pero digámoslo de una misma vez, cuanta enseñanza encontré y aprendí en la esperanza y sueño de cada joven universitario que a lo largo de 37 años pude, como docente, canalizar su instinto de rebeldía y superación. José Martí tenía razón cuando afirmó que “quien se alimenta de ideas jóvenes, vive siempre joven”.

Sumergido en el huracán de las ideas políticas y la militancia para hacerlas triunfar, fui tras de un gran zuliano, colega profesor, el mejor de todos, por riguroso y por valiente, Luis Hómez. Con los votos del pueblo zuliano fuimos al parlamento en el año 1989 como simple intérpretes de sus necesidades y angustias, y ello, me llevó 22 años en la vida pública azarosa de la política. Lo recuerdo para volver sobre mi vida de universitario. Tome la decisión de no dejar de dar mis cátedras en la escuela de economía a todo evento.

Ello me permitió seguir estudiando de manera permanente, actualizándome en la pesquisa de cada nuevo pensamiento en la economía política  y la constatación de las experiencias concretas del desarrollo económico universal.

Permítanme un detalle, para mi trascendente, que alimentó mi condición de universitario desde la política militante. Desde esa cima observe a la universidad con mayor compromiso. Vi pasar varios equipos rectorales y decanos electos democráticamente por nuestro claustro y asambleas de facultad y, con cada uno de ellos trabaje en los noventa del viejo siglo y en la primera década del actual, para traer recursos financieros a las obras de infraestructura de LUZ. Lo hice venciendo el sectarismo propio de las miserias humanas.

Me siento, a la altura de este mí tiempo vital, orgulloso de no haberle fallado nunca a mis alumnos y, en general a mi universidad cuando ocupe responsabilidades fuera de ella. Hoy a mis 62 años de vida puedo decir con el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa que “pase por aguas encharcadas de la política y salí con mis botines limpios”. Acá estoy de pie frente a mis alumnos de las cátedras Economía Venezolana y Economía Contemporánea de China y, en mis investigaciones sobre la crisis global y los cambios tectónicos en la globalización siglo XXI. Esta sigue siendo mi pasión de vida.

Nunca será posible devolverle a la universidad cuanto nos ha dado para ser desde la educación, la ciencia y la cultura lo que somos. Siempre faltara tiempo para recordarlo y rendirle tributo. Perennemente debemos cuidarla, protegerla y defenderla de las acechanzas de los poderosos que pudieran creer que la fuerza es superior a la razón, las bayonetas a las ideas, la arrogancia a la reflexión, el oscurantismo a la ciencia. Reclamo a la universidad de puertas abiertas, jamás cerrada al torrente principal de nuestro caudaloso río del saber, nuestros muchachos, nuestros alumnos. Debemos ser los primeros en colocar por encima de cualquier interés material, la defensa del derecho humano a la educación. Volvamos con la pasión de la juventud a exclamar la consigna justa por humanística: La educacion es un derecho, no un privilegio.

El porvenir de Venezuela requerirá de una universidad revitalizada, renovada, capaz de cumplir su histórico cometido de buscar verdades desde la ciencia que le sirvan a su pueblo para el progreso y el desarrollo. Hoy mismo la universidad autónoma enfrenta el desafío de acompañar el inmenso sentimiento de cambio político anidado en la nación. Eso es lo paradigmático de este tiempo de mengua en lo económico y crujir en lo político. Con sentido de la dimensión histórica de lo que estamos viviendo podemos concluir que no se trata de una oposición política contra unos gobernantes, es una nación contra una elite que fracaso en garantizar el sustento central de su postulado: La igualdad y el bienestar de las mayorías.

Quien habla formo parte, por sus convicciones humanistas y socialistas, de un proyecto político que no tiene nada que ver con el actual naufragio originado en la impericia profesional en la conducción de la política económica y de nuestra industria petrolera, la vulneración ética del compromiso contra la corrupción y los corruptos y, en el sufrimiento y dolor causado a las familias por nuestros hijos que partieron a tierras extrañas o por las carencias para alimentarse o conseguir el medicamento a tiempo para el quebranto de salud.

Enfrentamos una crisis económica y política de dimensiones colosales y devastadoras. Que cada quien asuma su responsabilidad. De nuevo con Martí afirmo: “Haga cada uno su parte de deber, y nada podrá vencernos”. Como profesor universitario, ciudadano, padre de familia y abuelo tengo una opción, me coloco al lado del pueblo grande del que provengo en su afán por un nuevo horizonte. Exijamos que el pueblo tenga la oportunidad de decidir en sufragios limpios con una nueva institución electoral; por el pueblo no deben decidir elites políticas, económicas o militares nacionales o extranjeras.  Que se imponga la democracia protagónica prevista en la CRBV y no la violencia, la muerte y destrucción. Dejen que el pueblo se exprese.

Termino mis palabras en este encuentro con mi amada universidad y tanto nuevos y viejos amigos que me abruman. Nada más caro a la universidad autónoma que la libertad para que se exprese en la tolerancia de lo diverso el conocimiento científico y el reconocimiento a nuestra riqueza cultural. La batalla de hoy se escribirá, en el amanecer que se anuncia, como una nueva epopeya venezolana por la libertad. Por ello mí fundado optimismo que esta se impondrá. Siempre vence la libertad.

Con Alberto Plaza entonemos su canto: “No le quites alas a la libertad porque ella ha empezado a levantar el vuelo”.  Y con LUZ su eterno lema de Jesús Enrique Losada: Después de las nubes, el sol.

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »