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Problemas que trae el cierre de la frontera Colombo-Venezolana

 

El alcalde de Cúcuta, César Rojas, ha prendido la alerta por la situación que vive la ciudad, luego del fallido intento de ingresar ayuda humanitaria a Venezuela a través de los pasos fronterizos.

Rojas ha hecho varios llamados al Gobierno Nacional para que dé una mirada a los problemas que ha traído el cierre de la frontera, y se ha quejado de que el presidente Iván Duque no haya hablado con él para analizar la situación después del concierto Venezuela Aid Live y del llamado 23 F, cuando el autoproclamado presidente de ese país, Juan Guaidó, intentó ingresar alrededor de 280 toneladas de alimentos, pero se lo impidió la policía venezolana, que controla Nicolás Maduro.

Según Rojas, luego de lo ocurrido, la ciudad quedó con grandes problemas. Uno de ellos, que cerca de 9 mil menores siguen sin poder asistir a las escuelas porque muchas de ellas quedan cruzando la frontera. También aseguró que un gran número de enfermos no se pueden atender.

La situación ha afectado tanto a comerciantes como a vendedores informales. De acuerdo con Rojas, la ciudad tiene alrededor de 800 mil personas desempleadas a raíz del incremento de la crisis migratoria de Venezuela.

El exministro del Interior, Juan Fernando Cristo, de origen cucuteño, sostiene que Cúcuta padece también la crisis de Venezuela: se ha deteriorado la calidad de vida, ha aumentado el desempleo, pero dice que esto ha empeorado, no solo desde el pasado 23 de febrero, sino desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de ese país. “Creo que ya está tocando fondo”, afirma.

“La incertidumbre, las personas que cruzan la frontera por las trochas, los enfrentamientos de los ciudadanos con la Guardia Nacional Bolivariana, alejan cualquier posibilidad de inversión en la ciudad. Por esa razón es necesario que se abra un mínimo de diálogo porque esta situación hace mucho daño tanto a los venezolanos como a los colombianos”, agregó Cristo.

El exministro señaló que, independientemente de la política internacional del presidente Iván Duque, debería pensar en un plan de choque para Cúcuta, que le permita a la población recuperarse de los efectos de la ruptura de relaciones con el Gobierno de Nicolás Maduro.

Añadió que así se hizo en las ocasiones en las que hubo cierres fronterizos como en 2015 cuando la frontera permaneció cerrada alrededor de un año.

Trochas siguen siendo la única alternativa

Incertidumbre, miedo y tensión es lo que se sigue viviendo en los diferentes puntos fronterizos de Colombia con Venezuela en Cúcuta, luego de que el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, tomara la decisión de romper las relaciones diplomáticas entre ambos países.

El rompimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países mantiene las fronteras cerradas por el lado venezolano y con restricciones de movilidad por el colombiano. Por este motivo los ciudadanos no pueden cruzar de una nación a otra, lo que ha ocasionado que muchos de ellos hayan optado por cruzar de manera ilegal a través de las casi 40 trochas. Mientras tanto, enfrentamientos violentos se siguen dando entre la Guardia Nacional Bolivariana y encapuchados que aseguran ser venezolanos que quieren llegar a su país para reencontrarse con sus familias o pasar alimentos.

Renzo Páez fue uno de los que optó por cruzar hacia Colombia a través de una de las trochas cercanas el Puente Simón Bolívar con su esposa e hija de cinco meses en busca no solo de alimentos y medicamentos como los demás, sino de un cambio de vida. Tomaron la decisión de mudarse a Colombia tras el recrudecimiento de la situación en su país desde el pasado sábado cuando cerca de 300 ciudadanos fueron heridos en enfrentamientos con las Fuerzas Militares bolivarianas al tratar de ingresar ayudas humanitarias.

Según relató el hombre, él y su esposa solo pudieron empacar ropa y algunas cosas necesarias para su nuevo comienzo en tierras colombianas. Dijo que las otras pertenencias se quedaron en Venezuela ante la imposibilidad de poder cruzar la frontera por algunos de los pasos legales y que la decisión la tomó con la intención de buscarle un mejor futuro a su hija, debido a que en su país atraviesa una difícil situación.

“Nos vinimos por la fuerte situación que hay en Venezuela: los problemas con la inflación, la inseguridad y la falta de fármacos. La cosa se ha puesto mucho peor desde que cerraron la frontera. Por eso decidimos venirnos. Dicen que no la van a reabrir, que la van a trancar definitivamente y eso es grave porque a este lado es que se pueden conseguir alimentos. Tampoco hay esperanza de progreso en ningún sentido porque no se garantiza la estabilidad laboral o la posibilidad de ahorrar para adquirir así sea un ‘terrenito’”, manifestó Páez.

Renzo aseguró que cuando pisó tierra colombiana aún no sabía dónde pasaría la noche, pero afirmó estar seguro de que a este lado de la frontera podrá encontrar mejores oportunidades, así le duela estar en un país que no es el suyo. Lo mismo opina su esposa Giana, quien en medio de lágrimas y con su bebé en brazos caminaba hacia Cúcuta sabiendo que dejaba atrás a su familia y amigos.

“Me duele mucho venirme de Venezuela, pero me vengo por la situación del país. El sueldo no alcanza para comprar nada y tampoco puedo conseguir las cosas de mi bebé. Por eso debo pensar en ella y en su futuro. Los pañales, las cremas, las medicinas, todo, absolutamente todo, lo conseguimos acá en Colombia”, dijo Giana.

Edward, uno de los vendedores habituales de snacks en la orilla del río Táchira, una de las trochas clandestinas para el cruce de ciudadanos en la frontera, relata que desde los cierres a partir de las 4:00 de la mañana centenares de personas cruzan buscando la manera de transportar medicamentos, alimentos o cumplir citas de lado y lado de la frontera. Así mismo, dice que algunos estudiantes también han estado cruzando de la zona transitoria de ambas naciones, pese al temor generalizado que hay debido a la tensión entre ambos países luego de la suspensión de relaciones bilaterales.

Nelson Ramón fue otro de los que se adentró al río saltando piedras y tratando de sostener el equilibrio para que la harina, el arroz, el café, el azúcar y otro tipo de comida que llevaba para su familia no se le cayeran al río.

“No tuve oportunidad de pasar sino hasta ahora. Llevó alimentos para mi familia, mis tres hijos, mi suegra y mi mamá, porque allá no se consiguen. Por eso estuvo mal hecho que quemaran la ayuda humanitaria, porque los derechos humanos tienen que respetarse”, dijo Nelson frente a la destrucción de dos camiones con 20 toneladas de alimentos y medicinas cada uno el pasado 23 de febrero. Ambos bandos se culpan mutuamente de la quema de la ayuda.

Francisco Caba, uno de los trocheros, aseguró que por 10.000 pesos ayuda a que la gente pueda cruzar por estos sitios alternos de la frontera sin que corran peligros. Señala que los custodia hasta que logren tomar el transporte que necesiten cuando llegan al territorio que necesiten, bien sea Venezuela o Colombia.

“La gente del otro lado se está muriendo de hambre. Yo era chavista, pero dejé de serlo desde que empezó a hacer falta la comida. Yo era patrullero, pero ante la necesidad deserté. Lo que me hago es para la comida de mi familia, tengo una parte en Venezuela y otra en Colombia”, agrega.

No obstante, miembros de las Fuerzas Armadas Bolivarianas continúan pasando por los diferentes puntos fronterizos. Según Migración Colombia, son 567 miembros los que han desertado en medio de aplausos de quienes se mantienen alrededor de los pasos fronterizos. ¡Vénganse, Vénganse, vénganse!, les gritan los ciudadanos a la guardia venezolana para lograr que escapen y reconozcan, Juan Guaidó como presidente interino de ese país.

Enfrentamientos con la GNB

“Ellos son los que nos dispararon. Seguimos aquí porque somos de Venezuela y hemos intentado pasar pero no hemos podido. Nos dicen que somos traidores a la patria, pero necesitamos entrar y estamos desarmados”, manifestó Yennis, una mujer que se enfrentó con la guardia de su país y prefirió no decir su nombre completo por su seguridad.

La mujer aseguró que pese a que la ayuda humanitaria fue nuevamente guardada en bodegas para que no se dañara, el pueblo seguirá luchando para que entre y las personas que la necesitan al interior de su país puedan tenerla.

Sin embargo, Yeniss manifestó que espera que a Maduro le quede poco tiempo en poder porque su gobierno fracasó y el pueblo quiere algo mejor. Dijo que ellos siguen peleando mientras él sigue bailando sin importarle los cerca de 300 heridos que dejaron los enfrentamientos de este sábado, ni los muertos. La mujer señaló que es enfermera de profesión, pero renunció a su trabajo porque no podía seguir viendo cómo los niños se morían de hambre.

“Estamos tratando de liberar a nuestro país y por eso seguimos aquí en la frontera que une Colombia con Venezuela. Somos un pueblo rico, pero no tenemos libertad. Queremos encontrarnos con nuestras familias, que las tiene secuestradas el régimen de Maduro. Por eso nos están lanzando bombas de gases con pimienta y que nos están haciendo daño. Quiero reencontrarme con mi familia”, dijo, por su parte, William José Valiente Rodríguez, uno de los hombres que también se enfrentó con la guardia bolivariana.

De acuerdo con Valiente, al otro lado de la frontera también hay compatriotas que quieren que todo el país se reencuentre. Asegura que todos quieren la libertad de Venezuela y por lograr eso es capaz de seguir enfrentándose a las fuerzas armadas de su país sin tener armas de fuego en las manos. Sólo las piedras que pueda recoger por el camino.

Por el momento, Colombia, Estados Unidos y los países del Grupo de Lima siguen reforzando el cerco diplomático en contra de Maduro, sin que por el momento se vea una salida cercana a este conflicto.

Colcolombia

 

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