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León: “La economía no mejorará mientras no se resuelva el problema político”

 

El economista Luis Vicente León considera que el tiempo puede jugar en contra de Juan Guaidó porque lo debilita en términos de expectativas

Carlos Seijas Meneses / Tal Cual

Cuando una persona se enferma tiene, en un principio, la capacidad de resistir con la voluntad, las fuerzas y las energías que posee su cuerpo. Pero sin el tratamiento ni los medicamentos necesarios que prescribe un doctor, el estado de salud y las dolencias empeoran. Así mismo sucede con un país.

Venezuela acumula seis años enferma. Desde que Nicolás Maduro asumió la Presidencia en 2013, la actividad económica ha caído más de 50%. A pesar de las advertencias y de las prescripciones de economistas, la nación cumplió en enero más de un año con ese “quebranto” llamado hiperinflación, que inició en noviembre de 2017. En ese mes la tasa de incremento de precios fue de 56,7%, según la Asamblea Nacional. Rebasó la barrera de 50%, cifra mínima para que una nación pase a un proceso de ese tipo, de acuerdo con lo establecido en 1956 por el economista Philip Cagan.

En enero pasado, la Comisión de Finanzas y Desarrollo Económico del Parlamento informó que el índice interanual enero 2018 — enero 2019 se ubicó en 2.688.670%, lo que hizo previsible que la tasa de hiperinflación pudiera superar la proyección de 10 millones hecha por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Un fenómeno hiperinflacionario es el más fuerte de una economía”, dice el economista Luis Vicente León, presidente de la firma encuestadora Datanálisis. Y como si fuera poco, Venezuela recibió este año lo que el experto considera como “un gran golpe”: las sanciones impuestas por el gobierno del presidente Donald Trump.

“El gobierno de Maduro intenta manipular la historia diciendo que los problemas básicos que tiene el país en este momento son consecuencia de las sanciones, bloqueos e impedimentos. Pero en realidad, la crisis no viene de ahí, la crisis ya estaba ahí. Venezuela ya tenía una enfermedad debido, principalmente, al modelo primitivo del gobierno venezolano (control, intervencionismo, expropiaciones, hostilidad y generación de dinero para cubrir el déficit fiscal)”, recordó el experto.

Eso, dice, ya había generado una enfermedad crónica, que se ha reflejado sobre todo en el alza acelerada de los precios y de los costos de producción. Pero ahora, cual topping en el helado, se añaden las sanciones estadounidenses, que tienen como principal objetivo “provocar la implosión” y la salida de Maduro del poder. “La consecuencia que pueden tener las sanciones, mientras no se logra la meta, es una amplificación de la crisis”, asegura León.

¿Pero no es Maduro y sus funcionarios los únicos afectados? Expertos afirman que las sanciones son un golpe para el gobierno, que ha alimentado la corrupción con Pdvsa

– Obviamente que el gobierno es el primer afectado, pues es el que controla el poder. Ese dinero le da el oxígeno para su trabajo político y el mantenimiento de la “revolución”. Desde esa perspectiva, la comunidad internacional aplica las sanciones. Pero el efecto secundario de ese proceso es en la economía y en el pueblo.

El populismo del Estado, para poder mantenerse, exige que haga algunos repartos en la sociedad. El gobierno necesita recursos para pagar el CLAP, que pese a ser una política populista, es la única vía que permite comer a buena parte de la población.

Las sanciones le cortan al Estado la mitad de los barriles de petróleo que exportaba, entre 500.000 y 600.000 barriles, y compromete entre 75% y 78% de los ingresos en dólares de Venezuela, pues Estados Unidos es el principal cliente de Pdvsa.

Es verdad que la medida afecta al gobierno, lo pone en aprietos y aumenta los riesgos de implosión, pero también es verdad que la economía empeora mientras no se resuelva el problema político. Es absurdo decir que al quitarle al país 75% de los ingresos, no va a haber problemas de infraestructura, de electricidad, de agua, de demanda y para la producción. De hecho, lo estamos viendo. Ya se nota la diferencia entre la Venezuela del 23 de enero y la de hoy.

No hay forma de que el país no se debilite económicamente cuando ya estaba enfermo y pierde su cliente más importante. Repito, el primer afectado es el gobierno, pero toda la economía también se ve perjudicada. Las sanciones son para estrangular al hombre, pero estrangularlo significa que en el camino se tiene que producir un colapso. Ahora yo pregunto: “¿Quién es el receptor del colapso? ¿Solo Maduro? ¿O también todos nosotros?”.

Conflicto de poderes

El 97% de los venezolanos afirma que el país está “mal” y “muy mal”. Eso es, simplemente, el reconocimiento total de la crisis por parte de casi toda la población, y sus sentimientos y emociones son negativos: tristeza, preocupación, rabia, desconfianza, frustración, angustia, incertidumbre, miedo, confusión y nerviosismo. Es un mapa terrible de sentimientos nacionales, que son, obviamente, la base del conflicto entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, es decir, entre Juan Guaidó y Nicolás Maduro.

Sin embargo, el conflicto de poderes no se resuelve ni con adjetivos, la legalidad, la Constitución ni con quién tiene la razón y quién es el bueno. Los conflictos de poderes se dirimen por quién es el más fuerte. Esto es una guerra, y esa guerra la gana el más inteligente, el más fuerte y el que tenga la fuerza para doblegar a su enemigo, o incluso para negociar con él. Esas son las dos condiciones de éxito en ese conflicto de poderes.

– ¿Qué tiene cada uno? ¿Qué tiene Maduro y qué posee Guaidó?

– Lo primero que Maduro tiene es el poder, él puede ordenar meter preso o liberar de la cárcel a alguien. Guaidó no puede liberar ni siquiera al jefe de su partido, pues él no tiene control territorial. Es un presidente simbólico. Políticamente muy importante, pero ejecutivamente no tiene el poder territorial.

Lo que tiene el gobierno es ese poder que no es despreciable, porque al final atemoriza, tiene las instituciones, puede meter preso a una persona, en fin, tiene un poder que no tiene la oposición. Y el segundo poder es el militar, que es el pilar fundamental de su sostenimiento. Maduro está en el poder porque tiene al sector militar.

– ¿El Plan País es inaplicable mientras Maduro tenga el poder?

– Absolutamente. Eso es como una propuesta electoral, aunque siempre es bueno tener, por lo menos, algo preparado, pensado y además presentado al país para que la gente sepa, precisamente, cuál es el plan. Pero el gobierno tiene eso, a los militares, y algunos países como China, Rusia, India y Turquía que lo ayudan.

– Entonces, ¿cuáles son los escenarios?

– Bueno, hay varios escenarios, con diferentes probabilidades de ocurrencia. El primero, si esto se queda en sanciones y no se logra romper al sector militar, Maduro se va a quedar y el país seguirá empeorando. Y si las sanciones no se levantan, pero sí se fractura el sector militar, puede venir un golpe.

El militar, en este momento, está preso entre dos miedos: el miedo de un nuevo gobierno que lo “joda”, y el miedo a que la fractura no se produzca y terminen enjuiciando a los que se revelen contra Maduro. Por eso prefiere no moverse.

El último escenario puede darse si Estados Unidos al final se da cuenta de que su estrategia no sirve y que no es capaz de sacar a Maduro con una salida abrupta, como una intervención militar.

Yo creo que la probabilidad de salida de Maduro a corto plazo es mediana. No es total, pero es una buena probabilidad. Es la más alta que ha tenido la oposición durante toda su lucha contra la revolución. Pero el tiempo puede jugar en contra de Guaidó, porque lo debilita en términos de expectativas. Aunque Maduro también corre un gran riesgo. En la medida que todo esto se demore más, los riesgos de una invasión militar son mayores.

 

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