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¿Se llevará a Maduro la mega crisis del mega apagón?

 

La crisis eléctrica lleva años. Y el país escuchaba mentiras. Muchas mentiras. Mientras, campeaba la corrupción. Mucha corrupción. La mala gestión. Pésima gestión. El 9 de julio de 2010, el reciente fallecido Alí Rodríguez, entonces ministro de Energía Eléctrica, decretó, desde el estado Sucre, que la crisis ya había sido superada. Y Hugo Chávez lo secundó. Y Rafael Ramírez desde PDVSA lo apoyó. Y el pueblo chavista se lo creyó. Pero la realidad demostraba que la crisis seguía. Hasta que explotó. Hasta que llegó el mega apagón de este marzo de 2019. Este apagón de lesa humanidad. Un apagón que apunta como único responsable al desgobierno de Nicolás Maduro.

Juan Carlos Zapata

Nicolás Maduro es culpable. Lo señalan los hechos. Lo acusa la realidad. Porque no tomó las medidas que había que tomar lo que ya se había incubado desde los tiempos de Hugo Chávez. Hay que recordar que el ex ministro Jesse Chacón también se dio un plazo de 100 días para acabar con los apagones, y allí fracasó, y se fue a finales de 2015 rumiando amarguras. Fracasó donde fracasaron todos los ministros del ramo. Hasta Argenis Chávez, hermano de Hugo Chávez, estuvo al frente de Corpoelec. A Jesse Chacón lo sustituyó el actual Luis Motta Domínguez que llegó bombardeando nubes y como nadie, hablando de sabotajes, que fue un aspecto, al menos, a lo que Jesse Chacón se negó. Lo cierto es que todo derivó a peor con Maduro. Y de allí todas las culpas que son suyas. Maduro tuvo el aviso de la situación en el Zulia, que llevaba un año siendo crítica. ¿Y qué hizo? ¿Qué hicieron? Por ello es que no hay otro responsable que él. Todos los problemas se le juntaron.

Las plantas adquiridas a diversos contratistas fueron exprimidas al máximo. Si las plantas eran nuevas, si fueron entregadas como proyectos llave en mano, debían ser mantenidas. Si eran usadas, con mayor razón. Pero esto no ocurrió. Fueron explotadas a todo tren. Se cuenta la anécdota de un proveedor que hace 4 años asistió a una reunión en Corpoelec para avisar sobre la necesidad de ejecutar labores de mantenimiento. Como el proveedor ya había caído en desgracia con el nuevo gobierno de Maduro, no fue escuchado. Otro proveedor anota que no había programa de mantenimiento. Menos presupuesto. Se le negaba a una planta de 100 millones de dólares un filtro de 500 de dólares. Dicho de otro modo: Por un filtro de 500 dólares se ponía en peligro una planta de 100 millones de dólares.

Primero. El mantenimiento. Las plantas adquiridas a diversos contratistas fueron exprimidas al máximo. Si las plantas eran nuevas, si fueron entregadas como proyectos llave en mano, debían ser mantenidas. Si eran usadas, con mayor razón. Pero esto no ocurrió. Fueron explotadas a todo tren. Se cuenta la anécdota de un proveedor que hace 4 años asistió a una reunión en Corpoelec para avisar sobre la necesidad de ejecutar labores de mantenimiento. Como el proveedor ya había caído en desgracia con el nuevo gobierno de Maduro, no fue escuchado. Otro proveedor anota que no había programa de mantenimiento. Menos presupuesto. Se le negaba a una planta de 100 millones de dólares un filtro de 500 de dólares. Dicho de otro modo: Por un filtro de 500 dólares se ponía en peligro una planta de 100 millones de dólares. Si se cuenta que cuando estos proveedores se reunieron en Corpoelec las plantas llevaban 3 años sin mantenimiento, y han pasado 4 desde entonces, el acumulado es de 7 años. Los proveedores dicen: antes cuanto fallaba Guri, bastaban 20 minutos para que las otras plantas entraran en operaciones y así se evitaba que el apagón fuera masivo. Pero con máquinas desgastadas, esta fue imposible. La falta de mantenimiento, la desidia, es un problema del gobierno central. O sea, del régimen de Nicolás Maduro. Y de la llamada gerencia militar que venía de los tiempos de Hugo Chávez y que Maduro llevó al extremo.

Segundo. La falla fue en Guri. En la represa que lo da todo. La vieja Guri. La madre Guri. Que esperó por las otras represas. Por Tocoma, por ejemplo. Un día se sabrá lo que ocurrió en realidad. Que fue un incendio. Que fue una turbina que se salió de eje. Que si una pieza que faltaba, una simple pieza. Que una máquina no calibrada. Lo que sea. Lo que haya sido. Pero la historia vuelve al mismo punto. La gestión. El mantenimiento. ¿Por qué las líneas de transmisión están tomadas por la maleza? ¿Por qué una máquina se descontrola? ¿Por qué no se ataja a tiempo el problema? Problemas de generación y transmisión, han reconocido los voceros del régimen, sin que ello implique hacerse responsables. Y es más de transmisión, dicen los expertos, y dice uno de los proveedores consultados, que termina afectando el conjunto del sistema. No puede haber gestión sin plan. No puede haber previsión sin programa. Y no lo hay porque no hay gerencia. No hay personal. Los trabajadores trabajan con las uñas. Los trabajadores lo vienen advirtiendo. Los robos y el tráfico de equipos, igual que en PDVSA. Advierten de la falta de logística. De herramientas. De condiciones de trabajo. De seguridad. De transporte. De comida…Es un tren de trabajadores desmoralizado. A los que les robaron la mística. Que tienen que rebuscarse la vida y están obligados a invertir tiempo en solucionar problemas básicos para sobrevivir en la Venezuela de la escasez y la hiperinflación. Y la gerencia fue purgada. O se fue del país. No hay personal especializado, que es el mismo caso de PDVSA. El régimen otra vez habla de sabotaje. Ora de ataque. Ora de guerra eléctrica. Otra manera de no asumir lo que es una crisis que viene de lejos. El régimen vuelve a mentir. Como mintió Maduro hace poco señalando en una entrevista que había aumentado el consumo eléctrico en 2018. ¿Cómo? Con unas empresas básicas en el suelo. Con un sector productivo a menos de media máquina. La verdad es que la crisis les explotó. Como explotó el desabastecimiento. Como explotó la hiperinflación. Culpable Maduro.

Tercero. La madre de todas las crisis. Y al producirse el mega apagón, todas las crisis quedaron en evidencia. Como en cadena. El impacto hospitalario. El impacto en las redes de gasolina. El impacto en la banca. El impacto en la telefonía. En internet. En las comunicaciones. El impacto en el abastecimiento. El impacto en la escuela de los muchachos. En los aeropuertos. En el servicio de agua. En el servicio de gas. (Que del agua y el gas no se ha visto todo lo que puede desencadenarse). El impacto en el comercio. El impacto en lo cotidiano que dejó más que al descubierto la distancia entre aquellos que poseen dólares en efectivo y los que no. Ya lo decíamos este jueves, antes de que estallara el apagón, que la crisis juega en contra de Maduro. Hablábamos de “Las nuevas manifestaciones de la crisis”, sin sospechar que horas más tarde se iba a producir el apagón. Y esta es una crisis aguda. Que impacta en lo político. En el campo militar. Que impacta hasta en los sueños de la gente. Esta es una crisis que va a desatar otra crisis. ¿Y se llevará a Maduro?

 

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