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En Ecuador, Nicaragua y Venezuela caen los símbolos chavistas

 

La estatua del presidente argentino Néstor Kirchner frente a la sede de Unasur, en Ecuador, tiene los días contados. “Procederemos a retirarla”, dice el presidente ecuatoriano Lenín Moreno. ¿Los motivos? Que Kirchner “no representa los valores y la ética de nuestros pueblos”, critica el mandatario. Esta medida se suma al derribo, decapitación y quema de estatuas de Hugo Chávez en Venezuela y de los “árboles de la vida”, símbolo sandinista, en Nicaragua. En ambos casos por parte de manifestantes.

María Rodríguez (ALN)

Se acabó la idolatría. El socialismo del siglo XXI murió hace tiempo y muchos de los vestigios de esta etapa, en forma de estatuas, van desapareciendo. En Venezuela, Nicaragua y también en Ecuador. La mayoría de las veces por actos vandálicos de una población que protesta activamente y a la que esos símbolos no les representan. Más bien les indignan, como las crisis económicas, políticas, sociales y humanitarias fruto de 20 años de chavismo.

De ahí el derribo, la decapitación y la quema de estatuas de Hugo Chávez en Venezuela, acelerada desde las protestas de 2017, pero también antes. Uno de los últimos ejemplos fue en enero de este año, apenas dos días antes de que Juan Guaidó jurase como presidente encargado del país. En San Félix, estado Bolívar, manifestantes que rechazan el régimen de Nicolás Maduro prendieron fuego a una estatua de Chávez. Acabó calcinada y por los suelos.

Esta semana, otra estatua de Chávez, esta vez en la avenida Sucre de Pariaguán, al sur del estado Anzoátegui, amaneció sin cabeza. Previsiblemente es un acto de protestas por el megapagón en el país, según informa El Pitazo.

En mayo de 2017, este monumento fue rociado con gasolina e incendiado. Por este hecho se detuvo a un hombre al que se le encargó remplazar la estatua.

Moreno: “Procederemos a retirar la estatua de Néstor Kirchner”

También en 2017, un grupo de manifestantes arrancó de un pedestal otro monumento de Chávez, ubicado en Villa del Rosario, en el estado Zulia. Lo decapitaron, quemaron y destruyeron. En el pedestal sólo quedaron las botas de la estatua.

En 2014 otros manifestantes también derribaron una estatua del expresidente, en una plaza en San Antonio del Táchira, y difundieron las imágenes a través de Twitter.

Pero hay otras ocasiones en las que el retiro de estos vestigios del socialismo del siglo XXI se hace de una manera más civilizada. Eso pretende el presidente ecuatoriano Lenín Moreno, que nada tiene que ver con el legado chavista de Rafael Correa, del que se distanció poco después de asumir el poder. Para el gobierno de Moreno, la estatua del expresidente argentino Néstor Kirchner está de más a las puertas de la sede de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y tiene que desaparecer.

“Procederemos a retirar la estatua de Néstor Kirchner. Él no representa los valores y la ética de nuestros pueblos. Suramérica tiene una pléyade de héroes y próceres que sí nos representan”, explicó Moreno en un vídeo difundido por redes sociales. Una alocución en la que anunció la retirada de Ecuador de Unasur por transformarse en una “plataforma política que destruyó el sueño de integración que en un inicio nos vendieron”.

 

 

En 2018, Byron Suquilanda, del Movimiento Creo (al que pertenece el que fuera candidato presidencial que perdió contra Moreno, Guillermo Lasso), ya presentó una iniciativa en la Asamblea Nacional de Ecuador para remover el monumento de Kirchner. Esto ocurrió justo después de que se revelara en Argentina el circuito de coimas que pagaban presuntamente empresarios de la obra pública a funcionarios de la administración kirchnerista.

“No tiene nada que hacer en el frente del edificio de la Unasur el monumento del expresidente argentino, que no es justamente un buen ejemplo para los ecuatorianos. No es justamente la representación de la integridad latinoamericana para la cual fue creada la Unasur”, dijo Suquilanda en esa ocasión, según recoge el portal Infobae. En esos días fue retirado en Quito el busto de Kirchner situado en la plaza Argentina.

Y si en Venezuela y en Ecuador van desapareciendo estatuas chavistas, también en Nicaragua, aunque siga al frente el régimen de Daniel Ortega. En las protestas de abril de 2018, los manifestantes derribaron y quemaron varios “árboles de la vida”. Se trata de unas enormes estructuras metálicas, entre 15 y 20 metros de altura, multicolores, asociadas con el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional.

La vicepresidenta y primera dama, Rosario Murillo, ordenó su instalación en 2013 y ya hay más de un centenar por Managua. Su visión de ocupar el espacio público con símbolos de tinte político y seudoesotérico generó muchas críticas, sobre todo por el costo del proyecto: más de 3,3 millones de dólares, sin incluir las cuotas anuales de electricidad para iluminar dichos árboles, lo que supera el millón de dólares, según reseñó BBC Mundo.

Así, paso a paso, los símbolos chavistas siguen cayendo. Una metáfora que podría anticipar el final del chavismo si triunfa la hoja de ruta de Juan Guaidó: “Cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres”.

 

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