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Los millones y el culpable del que poco se habla de la catástrofe eléctrica

 

Si a los 34.000 millones de dólares destinados al sector eléctrico nacional se le suman 6.000 millones de dólares aportados para instalaciones eléctricas fuera de Venezuela, se consolidan 40.000 millones de dólares malversados técnica y financieramente por Hugo Chávez y Nicolás Maduro, junto a los ministros del área, destacando entre ellos Rafael Ramírez, ex presidente de PDVSA.

Orlando Zamora / Konzapata

Las cuentas ministeriales y de los entes involucrados han sido siempre opacas. Para ocultar los manejos discrecionales desde el Ministerio de Finanzas, que controló al Fonden, y de Rafael Ramírez, canalizador de fondos desde PDVSA y ejecutor principal del plan eléctrico nacional. A su alrededor se tejió una red de “facilitadores de obras y suministros”.

Este proceso incluyó la destrucción de instituciones y empresas como Edelca, Cadafe, La Electricidad de Caracas C.A. y tres compañías privadas más, todas adquiridos por 1.195 millones de dólares. Así como el desmembramiento de 14 empresas públicas dedicadas a la electrificación en las regiones.

Se allanaron los caminos para posibilitar el centralismo, la discrecionalidad total, abandonando la profesionalidad técnica que hubo en el pasado. El enrevesado negocio eléctrico se prestó para la corrupción y el engaño sobre obras inconclusas o jamás realizadas.

Con el experimento de Rafael Ramírez se abandonan los viejos planes de dotar a buena parte del territorio nacional con grandes líneas que van desde los 800 KV hasta los 230 KV, infraestructura de mayor envergadura que pierde relevancia por las supuestas soluciones regionales que emplean termoeléctricas que usan líneas de menor trasmisión de voltajes y que ameritaban menores desplazamientos de tendidos de líneas.

Hugo Chávez hizo cumplir el esquema de Rafael Ramírez que consistió en reemplazar la solución del déficit en el margen operacional del sistema eléctrico, como se diseñó hace décadas, en base a la hidroelectricidad, reemplazándolo por la supuesta creación de 17 centrales termoeléctricas. Alimentadas con derivados que en el futuro PDVSA no podría garantizar.

Ramírez dijo en el 2010: “Nuestro Gobierno identificó la necesidad de introducir generaciones termoeléctricas”, satanizando al funcional y ecológico modelo hidroeléctrico de mucha mayor envergadura y ahorrador de hidrocarburos.

Esa decisión constituyó un profundo viraje al esquema vigente desde 1985, cuando se inicia la segunda etapa del sistema de trasmisión de 800 KV, instalando una tercera línea para suministrar energía a Caracas con el apoyo de La Electricidad de Caracas. La idea era mejorar y sustituir parte de los 2.000 MW generados por ésta. En acatamiento de la política nacional de sustitución de hidrocarburos.

Con el experimento de Rafael Ramírez se abandonan los viejos planes de dotar a buena parte del territorio nacional con grandes líneas que van desde los 800 KV hasta los 230 KV, infraestructura de mayor envergadura que pierde relevancia por las supuestas soluciones regionales que emplean termoeléctricas que usan líneas de menor trasmisión de voltajes y que ameritaban menores desplazamientos de tendidos de líneas.

Su acople al Sistema Eléctrico Nacional presentó con el tiempo dificultades técnicas, que impidieron en los apagones de marzo, convertirse en una eficiente alternativa de fuente energética paralela, confiable, al decaer la hidroeléctrica.

De las 17 centrales termoeléctricas concebidas, no se conoce actividad de las siguientes: José María Valdez (Sucre), La Cabrera (Aragua), Juan Bautista (Nueva Esparta), Cigma (Sucre), Argimiro Gabaldón (Lara), San Diego de Cabruta (Guárico), Guanta (Anzoátegui-Sucre), Tamare (Zulia), Bachaquero (Zulia).

Se paraliza la culminación de las grandes centrales hidroeléctricas Fabricio Ojeda, en La Vueltosa, Mérida ( con capacidad para 514 MW), La Manuel Piar o Tacoma (2.160 MW), Masparro, Barinas (25 MW). No edifican la Segunda Línea de 765 KV de La Arenosa-Yaracuy.

La discrecionalidad del centralismo, en las manos del Zar eléctrico-petrolero, y su gente transforma un sistema eléctrico que fue eficaz hasta 1998, en otro terrible, en el que se destruyó el 60% de la generación eléctrica movilizando paradójicamente para ello mucho más de 40.000 millones de dólares.

El resto de las termoeléctricas como Planta centro (Carabobo), Josefa Camejo, Pedro Camejo, Termocentro (Miranda), Termozulia, Ezequiel Zamora (Guárico), generan menos electricidad de la prevista, otras están incompletas de equipos e infraestructura. Tacoa está inactiva.

Eramos felices sin calles oscuras

Se dispone hoy tal vez de unos 8.000 MW (millones de vatios), cuando en su mejor momento se contaba con más de 24.000 MW instalados, de los cuales la Hidroeléctrica del Guri consolidaba unos 12.000 MW, y el resto constituido por las centrales hidroeléctricas Macagua I, II y III, las termoeléctricas Planta Centro del Palito, Tacoa en Vargas, la Oscar Augusto Machado de Los Teques, entre otras.

Hugo Chávez hizo cumplir el esquema de Rafael Ramírez que consistió en reemplazar la solución del déficit en el margen operacional del sistema eléctrico, como se diseñó hace décadas, en base a lahidroelectricidad, reemplazándolo por la supuesta creación de 17 centrales termoeléctricas. Alimentadas con derivados que en el futuro PDVSA no podría garantizar.

La Edelca, creada en 1963, fue liquidada por el nuevo ministro para la Electricidad designado por Nicolás Maduro, Igor Gavidia. Edelca era el“cerebro técnico” del Sistema Eléctrico Nacional. Era una eficiente empresa pública. Administrada con criterios gerenciales de corporaciones privadas.

Licitaba proyectos de distribución y generación eléctrica a empresas locales, italianas, suecas, japonesas. Construyó el Guri I (1978), Guri II (1984), colocó la décima turbina de la segunda casa de máquinas de Guri (1986).

En 1986 inaugura el sistema de trasmisión de 800 KV hasta el centro del país: Guri-Horqueta, Guri-La Arenosa. Con 1.260 kilómetros de longitud entre ambas. Que terminan entre los estados Aragua y Carabobo.

La discrecionalidad que priva, después de la liquidación de Edelca, le permite al chavismo escoger a dedo con el pretexto de la crisis eléctrica del 2010, a proveedores y suministradores de equipos.

Por falta de inversión a Guri se le dificulta llegar con más capacidad al Zulia, que comenzó a depender de las termoeléctricas incompletas del chavismo como son: Termozulia I, II, III, Bachaquero, Tamare, que apenas generan en su conjunto un 4% de las necesidades del Zulia.

Los sistemas de alta trasmisión a 765 KV y 400 KV han permanecidos estancados en los últimos 18 años. La democracia construyó 2.083 kilómetros mientras que el chavismo apenas 153 kilómetros. De 400 KV entre los años 1959-1998 se extendieron 2.949 kilómetros y en la era chavista tan sólo 657 kilómetros.

La democracia empleó la mitad de los 40.000 millones del chavismo y es todavía la infraestructura y sistema que sostiene lo que funciona aún del Sistema Eléctrico Nacional.

 

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