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Pedro García Otero: Cinco lecturas de la declaración de Elliot y el “prematuro 187”

 

Siendo Elliot Abrams un funcionario de segunda fila dentro del Gobierno de Donald Trump, sorprende la repercusión que han tenido unas declaraciones del encargado del tema Venezuela por la Casa Blanca a Caracol Radio el día de hoy.

Para quienes han venido siguiendo la posición de los principales voceros de EEUU, no hay nada nuevo en el discurso de Abrams.

Además, también sorprende que el resto de la declaración, lo que hay antes y después de la frase de “sería prematuro invocar” el artículo 187:11 de la Constitución, no haya tenido la misma repercusión: esto, a pesar de que Abrams ha calificado de “narcotraficante” al régimen de Maduro, ha reiterado (por enésima oportunidad) que “todas las opciones están sobre la mesa”, y ha dicho la frase crucial que tambien dice siempre: “estamos en un sendero de presión diplomática y económica”.

Hay por lo menos cinco maneras de “aterrizar” el discurso de Abrams en la lucha de la mayoría de los venezolanos por restituir el orden constitucional, pese a nuestra muy comprensible necesidad de anhelar un cambio en medio de la realidad de un pueblo que está, literalmente, comiéndose sus propias vísceras.

1) Los tiempos de la diplomacia no son los tiempos de nuestra urgencia

Muchos atribulados venezolanos de esta hora (es muy comprensible, bástese pensar en lo que puede sentir un zuliano que escuche que “sería prematuro”, terminar con su calvario), esperan el final de lo que es una pesadilla de corrupción, ineptitud, hambre y miseria. Sienten que ya no podemos solos, y en muchos sentidos, esto es muy cierto. Venezuela es hoy un país rehén.

Sin embargo, el quiebre militar que se esperó y no se produjo en 2014 y en 2017 no se produjo tampoco en 2019, lo cual hace que el proceso de deslavazar el régimen tenga que coger otros senderos menos expeditos.

Hace seis días, el propio Abrams dijo que “las sanciones en serio comienzan el 29 de abril, no se le ha dado ni siquiera una oportunidad de funcionar”. Y eso es cierto. El plazo para que las empresas internacionales se adapten a las sanciones contra Pdvsa arranca a finales de mes (“apenas” arranca, debería decirse). Eso es presión económica.

Pero además, EEUU, y lo ha dicho de manera sutil, intenta hacer todo para seducir a ese quiebre militar, incluyendo llamadas personales a todo el alto mando. Y eso es presión diplomática.

EEUU jugará al agotamiento de Maduro todo lo que tenga que jugar. No han engañado a nadie. Siempre hay un largo camino que recorrer en ese terreno antes de la opción militar, que realmente es la última opción. Con toda lógica, además.

Abrams ha vuelto a decir lo que ha dicho varias veces, pero hoy hizo más ruido

Si es por negociar, EEUU está negociando la situación de Venezuela con la OTAN y hasta con Rusia, por cierto, sin ningún venezolano en el medio, lo cual da una profunda tristeza y vergüenza históricas: mientras el régimen habla de “soberanía”, dos potencias se disputan nuestro pellejo. Hace 50, 40, 30 años, fuimos un país respetado, al que otros países acudían, por ser una voz independiente, para resolver sus conflictos.

2) Nuestra pelea es nuestra. Y nuestro sufrimiento también.

EEUU no tiene nuestro apuro. Cambiará sin pestañear el infinito sufrimiento de 20 y pico de millones de venezolanos, los que quedan en este país, antes de dar la sangre de un solo soldado estadounidense (si esa “solución” llegara a darse).

Por una razón muy sencilla: este lío es nuestro. Pensar en una fuerza militar presta a atendernos es tener una muy mala lectura de la Historia: bástese en analizar en los conflictos intestinos más recientes que han terminado teniendo carácter internacional, como el de la ex Yugoslavia o el de Siria.

Eso hace mucho más imperiosa su resolución por las vías diplomáticas e institucionales, que, debe insistirse, corren independientemente de nuestro infinito dolor y escarnio.

Por supuesto, este es un problema de toda la región, ya de geopolítica global. Pero por los momentos, la región, incluso en los momentos en los que Trump, Pence y Pompeo rugian al mismo tiempo, llamaba a encontrar vías de resolución pacífica del conflicto venezolano. Y EEUU, que ha aprendido de cada guerra en la que ha participado, tiene una razón más para intentar seducir y no destrozar la Fuerza Armada venezolana: se necesita en una eventual transición, aunque parezca una locura decirlo.

Solo piensen a quién han apelado el régimen y la oposición, quién es hoy el árbitro de la política venezolana, y lo entenderán. La única fuerza real, lo único que separa a este país de la disolución en este triste 2019, es su fuerza armada. Esto puede molestar, puede causar asco incluso a nivel físico, pero es la verdad.

Por algo Maduro y Cabello, todos los días, están apelando a sus paramilitares, los “colectivos”, el poder con el que realmente cuentan.

Lo que aprendió EEUU en las últimas guerras en las que participó (particularmente Irak y Siria) es que destruir un ejército deja al país en virtual estado de indefensión para caudillos regionales, brutales, corrompidos y hasta más difíciles de combatir que el problema original.

Algo que seguramente nadie quiere que se repita en Venezuela, salvo quienes hoy tienen el poder, para hacer imposible cualquier transición y regresar en rol de salvadores de la Patria. Que aunque hoy parezca una locura, es posible.

3) Toca dar demostración de fuerza.

Las protestas del fin de semana del apagón, en Caracas, asustaron tanto al régimen que el lunes botó a Luis Motta Domínguez y han normalizado en la capital, casi volviendo el sistema eléctrico, por los momentos, a la situación ya calamitosa, y previa a los grandes apagones desde el 7 de marzo, con la excepción hecha del horror al que están sometidos los sobrevivientes de la revolución bolivariana (porque hasta decirles “habitantes” es un exceso) en el occidente del país.

El régimen tiene demasiado miedo al pueblo movilizado en la calle, y quienes hoy decían “nos j…” en las redes sociales, harían bien en dejar el teclado y enterarse de dónde son las manifestaciones opositoras este fin de semana. Y participar y hacer conexiones para algo tan elemental como transmitir información en grupos de whatsapp, por ejemplo.

Maduro, que en meses no había salido de Caracas, visitó Maracay hoy. Eso dice de qué lado está la calle, pero también es un llamado de atención sobre la ofensiva que pretende el régimen.

4) Guaidó es aún el presidente para 54 países

Eso no ha cambiado después de las declaraciones de Abrams, ni después de que la Asamblea Constituyente “allanó” la inmunidad parlamentaria de Juan Guaidó: 50 y pico de países lo siguen reconociendo como presidente. Detenerlo será un secuestro para los países más poderosos de la Tierra con excepción de Rusia y China.

Sutilmente, la declaración de Abrams deja en offside a la parte de la oposición que ha demandado a Guaidó para que “invoque” (no se puede usar este verbo sin comillas, sugiere casi algo sobrenatural) el 187:11. Guaidó no puede “invocarlo” unilateralmente. No sin recorrer todo el calvario hasta que finalmente (y puede pasar mucho tiempo para ello) se decida, si se decide, que la última opción es la militar. Algunos analistas dicen que tanto como agosto de 2020, cuando comienza la campaña electoral en EEUU.

Pero en tanto y en cuanto Guaidó siga siendo el presidente reconocido por 54 países y el político mejor valorado de la oposición, con 73% de apoyo, pese a estar casi completamente censurado en los medios tradicionales, no se le debería presionar desde dentro de la oposición. Es el vocero fundamental de la estrategia. Una estrategia que, por cierto, requiere extrema unidad opositora.

5) El régimen sigue en caída libre.

En tanto, es cierto, Maduro ha creado las condiciones para detener a Guaidó. Pero Cabello ha señalado “no tenemos prisa”. Y por supuesto que no la tienen. Están jugando al desgaste de la oposición y al desgaste del propio Guaidó, lo que hace imperioso que cualquiera que en este momento lo apoye lo haga aún más, porque después de él viene un largo desierto, como ha advertido Thays Peñalver en ese magistral artículo titulado Consejos sobre el 187:11.

Solo si Maduro y Cabello ven a Guaidó huérfano de apoyo interno y externo lo detendrán. Pero eso desataría, probablemente, reacciones mucho más duras de la comunidad internacional, especialmente de la Unión Europea, que le tiene terror a Trump y al unilateralismo, y actúa desde ese reflejo, pero que en Yugoslavia cedió, por ejemplo.

Maduro y Cabello no están más fuertes porque no haya una pistola apuntándoles. No tienen opciones. Son gobernantes acorralados, ilegítimos, que se han inventado una institucionalidad que no resiste un soplido; a los que Rusia extorsiona con quitarle la ayuda militar si no pagan este mes 1.000 millones de dólares que no tiene y no van a tener. Sospechan de sus propia sombras, y cada uno sospecha del otro.

Y más allá de eso, no hay ninguna razón legítima para que se mantengan en el poder. No serán capaces de resolver un solo problema. La calle les está gruñendo cada día más cerca.

En estos días, me ha salido de fantasma el discurso de Rafael Caldera el 4F1992, cuando, oportunistamente, olfateaba el ambiente favorable a los golpistas en la calle y decía que “no se le puede pedir a un pueblo que se inmole en nombre de la democracia”.

¿En nombre de qué puede Maduro pedirle a los seguidores que aún le quedan que se inmolen? ¿En nombre de una revolución que ha matado de hambre a las madres, a los primos o a los hermanos de aquellos que deberán inmolarse? ¿Quién se inmolaría, a la hora de la chiquita, por Maduro?

Justamente, EEUU y sus aliados internacionales, esperan que esa pregunta tenga que ser respondida por la nomenklatura mucho antes de que el primer marine se ponga su uniforme de campaña.

Epílogo

¿Qué puede cambiar el statu quo, el ritmo que llevan “las presiones diplomáticas y económicas”? Varias cosas: una diaspora más brutal de la esperada, una asonada militar, una poblada, o una torpeza de Maduro que precipite una ruptura con la UE o con aliados como México o Uruguay…

O una solución negociada con unas elecciones, probablemente con un tercero en el poder.

Así como nosotros no hemos alcanzado el máximo de nuestro sufrimiento, tampoco lo han alcanzado ni Maduro ni sus más cercanos, que a lo mejor descubren que seguir apoyándolo tiene un costo muy superior al de tratar de reinsertarse en un proceso democrático.

¿Alguien recuerda el cambio en el orden de la estrategia por parte de Juan Guaidó el día en que la ANC “autorizó” al TSJ a continuar el juicio en su contra?

En política nada es casual…

ND

 

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