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Revista PolítiKa UCAB: Gritos de esperanzas

 

Editorial 181

Este sábado miles de venezolanos se hicieron sentir, nuevamente, en las calles del país, para expresar su rechazo a los reiterados cortes de luz eléctrica y de agua, a los que somete, cada vez con mayor frecuencia, el régimen autoritario a los venezolanos. Pero también dijeron presente para dar apoyo a la nueva fórmula anunciada por el presidente encargado, Juan Guaidó, denominada “Operación Libertad”, con la que espera lograr el cese de la usurpación de Nicolás Maduro en la presidencia.

La operación libertad no es solo movilización, es un proceso que incluye diversas áreas. Con ella no se pretende crear expectativas falsas en torno a un evento, pero tampoco se deja espacio a la desesperanza. El objetivo concreto es organizar a la sociedad en general de forma sólida y con un canal de comunicación eficaz, que permita mantener a la gente movilizada.

La alternativa democrática parte de la premisa de generar acciones que produzcan el cese de la usurpación del poder por Nicolás Maduro, con lo cual se propiciaría el espacio político suficiente para concretar el resto de los pasos de su estrategia, lo que ha supuesto, además, revisar diferentes opciones de mecanismos de resolución del conflicto y, someterse de nuevo, a la regulación pacífica del mismo, mediante negociaciones con el apoyo, la presión y la mediación de diferentes actores de la comunidad internacional.

Mientras no exista un cambio político a partir del cese de la usurpación, y la exclusión de Maduro del poder -puesto que su presencia misma implica la ausencia de garantías electorales-, no habrá posibilidad de solucionar los graves problemas socioeconómicos y el conflicto político. Por eso, la apuesta se centra en lograr la salida de Maduro, mediante la ruptura de su base de sustentación, para instalar un gobierno de transición que logre concertar los términos de una elección presidencial con garantías creíbles en las que Maduro no se mida.

Liderazgo, unidad y coherencia

Los factores claves que se tradujeron en altos niveles de movilización ciudadana. El nuevo liderazgo alcanzó mayor posicionamiento fuera del país y mejorías en la coordinación de acciones con una parte de la comunidad internacional, el reconocimiento global de Guaidó como presidente interino y de la Asamblea Nacional por la mayoría de los países democráticos, iniciativas individuales y de acción colectiva de índole internacional, enfocadas en la búsqueda de una resolución de la crisis multidimensional. Esto ha permitido retomar el protagonismo en la vida política después de un año y medio, y albergar las esperanzas de sus bases sociales e incluso, de la mayoría del país.

De acuerdo con la estrategia de la oposición, el gobierno de transición se inicia con el cese de la usurpación y termina con la celebración de elecciones creíbles, a diferencia de la convención general que existe sobre lo que se entiende como un gobierno de transición. Asimismo, la política comparada pareciera ir contra esta secuencia por muy lógica que parezca, considerando que la mayor parte de los procesos de transición se iniciaron como consecuencia de una elección, y no en sentido opuesto.

El gobierno interino tiene el reto de revisar su estrategia actual para precisar, sin prejuicios, lo que está funcionando y lo que no, así como las limitaciones para su ejecución de manera realista.

La negociación como opción

¿Cómo hacer una separación entre lo político y el poder? Es una interrogante a considerar, sin duda, porque si algo es cierto es que el chavismo va a seguir existiendo, para suerte de algunos e infortunio de muchos. Ahora bien, los caminos para las transiciones son muy pocos y los números dicen que las condiciones locales no son muy distintas a otras en el mundo, siempre han terminado en elecciones.

Mientras se siga creyendo que quienes se mantienen aún en Miraflores son débiles y la alternativa democrática muy fuerte, no hay nada que negociar. Por el contrario, hay una vía más expedita, si se reconoce y se logra entender –más allá del malestar que pueda causar en el ánimo de muchos, que con argumentos válidos manifiestan su negativa a una posible negociación- que la crisis económica, política, social y humanitaria que padece el país -sin distinción de colores partidistas- requiere una solución urgente, que involucra a todos los factores: gobierno de transición, chavismo y comunidad internacional. Involucra incluso a los chinos y los rusos que son socios comerciales de la nación, ellos deben ser parte de la solución, por sus propios intereses.

Los aliados internacionales de la oposición tienen el reto de facilitar el camino hacia una solución pacífica y negociada, cuyo eje es la celebración de comicios presidenciales en el marco de garantías políticas y electorales, así como el reto inminente de emprender acciones que neutralicen la amenaza del gobierno de encarcelamiento al líder del sector democrático, Juan Guaidó.

No se puede subestimar –nunca- al adversario, mucho más en el terreno político.  El objetivo de Maduro no es gobernar sino mantenerse en el poder, Venezuela no es África ni Cuba pero cada día se parece más, haciendo un paréntesis importantísimo en el hecho de que en Venezuela, pese a la represión y la reiterada violación de los derechos humanos, la ciudadanía sigue en la calle, protestando. En esa diferencia se gesta la esperanza.

 

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