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Cesáreo Espinal Vásquez: La pasión del pueblo

 

“…El mundo es del hombre justo…”. José María Vargas (1835)

 

El domingo de ramos se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén y su aclamación hijo de Dios, es recibido con gran alegría dándole mantos, ramas de olivo y de palma;  termina la cuaresma y se inicia la Semana Santa en recuerdo de la pasión crucifixión, muerte y resurrección de Cristo. Pasión tiene diversas acepciones y significados interpretándose como sufrimiento, esperanza, esmero o amor. La pasión de Cristo, como redentor, hijo de Dios, entre las bienaventuranzas y la resurrección engloba todos estos conceptos de pasión, desde el amor hasta el sufrimiento por la esperanza de vida eterna, porque Jesucristo es pueblo. Es necesario  entender que pueblo, no es solo el pobre como algunos piensan, porque, pueblo somos todas las personas sin distingos de clase social, raza, credo o sexo. Cuando Mel Gibson, filmó la película “La Pasión de Cristo”, desde el punto vista de especulación artística y de rentabilidad tuvo éxito y por supuesto, las últimas horas de la crucifixión de Cristo  fue impactante por lo crudo del sufrimiento debido a la escena de su flagelación  que hizo llorar a casi todos los espectadores;  hoy por hoy, el sufrimiento de los pueblos que viven en la esperanza de un amanecer mejor en resurrección para terminar de la agonía que se padece por el suplicio sometido por gobernantes con díscolas doctrinas que subyugan a pobres y ricos, blancos y negros, adultos, ancianos y niños causadas por ejecuciones autoritarias y por abuso del poder. Hoy, es la pasión de sufrimiento  que está padeciendo nuestro país de la llamada izquierda nacionalista bolivariana inspirados y sometidos al imperatum  marxista con la política del miedo, del autoritarismo, la corrupción y del  odio. La política de Estado y Gobierno como lo ordena la Constitución, debe ser de armonía y convivencia social, donde todos los ciudadanos sin excepción puedan aspirar a la superación personal  honestamente,  a salud, calidad de vida y aportar su trabajo y  conocimientos en beneficio del país, por senderos del buen camino, pero en nuestra patria, lamentablemente es todo lo contrario. Quinientos años antes de Cristo, el ateniense Pericles moribundo  dijo: “muero feliz porque nadie ha llevado luto por mi culpa”, debería ser esa frase juramento inviolable y eterno de quienes detentan el poder. En el sufrimiento de Cristo para la redención y resurrección de la humanidad, del hombre justo en una sociedad de sana convivencia, deben  entender  los gobernantes que en sus prebendas y abuso de poder habrá siempre la esperanza de la resurrección de un nuevo amanecer de amor y concordia, con la alegría de las hojas de palmas, Cristo Redentor, que termine con el sufrimiento de la pasión del pueblo.

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