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Beatriz De Rittigstein: El estratégico Golán

 

Además de los vigentes argumentos estratégicos, hay indelebles pruebas históricas y legales para que prevalezca el Golán israelí

Con el reconocimiento de Trump de la soberanía israelí en las Alturas del Golán, se formaliza una realidad concreta desde hace más de 50 años. Tras la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se disolvió y en 1918 la Liga de las Naciones repartió el control de la zona entre el Reino Unido que se ocupó de lo que conocemos como la Palestina histórica, y Francia se hizo cargo de lo que luego sería Líbano y Siria. En 1946, se creó la Siria contemporánea. En 1948, con la Declaración de Independencia de Israel, Siria fue uno de los países árabes en entrar en guerra con el propósito de aniquilar al renaciente Estado judío. El ejército sirio logró fortificarse en el Golán y durante años, los israelíes de la Galilea sufrieron las frecuentes agresiones bélicas de Siria, aprovechando esa ventaja topográfica.

El 5 de junio de 1967 comenzó la Guerra de los Seis Días. Cabe aclarar que, para ese tiempo, era inminente un ataque egipcio y sirio. Semanas antes, Nasser cerró el estrecho de Tirán y por definición, ello es un acto de guerra; en la frontera concentró unos cien mil soldados; ordenó al secretario de la ONU, U’Thant, que retire a los “cascos azules” y vociferaba que echaría a los judíos al mar. Israel se adelantó debido a su vulnerable territorio y al ineludible deber de defenderse en una guerra que pretendía su destrucción. A mitad del conflicto, hubo una propuesta de tregua aceptada por Egipto, pero no por Siria, por lo que Israel siguió con la campaña en el norte; las tropas sirias huyeron y las divisiones israelíes avanzaron.

En 1973, Egipto y Siria atacaron a Israel por sorpresa, en la solemnidad de Yom Kipur. Buscaban recobrar sus territorios, pero, pese a los intensos combates, la situación no se alteró.

La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada tras la guerra del 67, así como los posteriores Acuerdos de Camp David con Egipto, en 1978, y los Acuerdos de Oslo disponen el canje de territorios por paz; no existe convenio que se refiera a una retirada incondicional de Israel.

La aún no concluida guerra fratricida siria y la permanencia de Irán en el país árabe, hacen imposible cualquier diálogo. Además de los vigentes argumentos estratégicos, hay indelebles pruebas históricas y legales para que prevalezca el Golán israelí.

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