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César Malavé: Poncio en la asunción

 

Transcurre la Semana Santa y frente a la triste realidad que vive el país, nos llega, así, de repente, el episodio doloroso de la entrega de Jesús a su sacrificio ante la maledicencia humana. Aquella multitud que en actitud fervorosa alfombró de palmas las calles por donde pasó el asno montado por quien reconocieron como rabí, en poco tiempo se transformó en una masa amorfa de odio en su contra. Al extremo, que le valoró más despreciable que el zelote asesino y llegó a gritar a todo gaznate exigiendo su suplicio. Cuando Jesús es presentado ante Poncio Pilato, el gobernante hizo gala de la mayor permisividad frente a un ramplón populacho. Satanás entró en los corazones del pueblo, para buscar acabar con la vida del hijo de Dios, con todos los sufrimientos que hombre alguno pudiese soportar. Cuando Pilato entregó a Jesús para que fuese azotado y burlado, pensó excitar la compasión de la muchedumbre. Esperaba que ella decidiera que este castigo bastaba. Pensó que la malicia de los sacerdotes estaría  satisfecha.   ¡Se equivocó! Tranzó con el mal, como hoy en día lo hacen tantos modernos sanedrines manejados por el Caifás “todopoderoso” desde Miraflores. Satanás sí estaba complacido con el hombre que pudo soltar al Salvador de la humanidad y no lo hizo. Estaba complacido, por cuanto anhelaba, que después de toda esa flagelación. Después de ese martirio que hombre jamás ha sufrido. Después de tanta angustia y vejación el hijo de Dios se rendiría, se entregaría y frustraría los planes de Dios para la salvación del hombre. Pero aquí se volvió a equivocar la maldad. Dios,  hecho carne en la persona del hijo, aguantó lo indecible, lo inimaginable, lo incontable y, murió en la cruenta cruz.  Para completar el plan de salvación, resucitó a los tres días y hoy podemos decir ¡Amén! ¡Somos salvos!

Lo lamentable en todo esto es que así como Satanás se movió en la voluntad de Poncio y en la voluntad del pueblo, en aquel tiempo de su crucifixión, para que hicieran decisiones equivocadas, y se lavaran las manos, hoy lo sigue haciendo, metido en el alma de los usurpadores y de sus séquitos enredados en sus propias mentiras. Estos poncios, van a misa, bajan la cabeza frente a las sagradas imágenes, celebran todos y cada uno de los días de la Semana Mayor, pero sobre todo el Viernes Santo. Muchos se dirigen a la Asunción, capital del estado Nueva Esparta, donde van a verificar si dentro del Santo Sepulcro aún está Jesús bien muerto. Estos modernos Poncio viven sembrando la confusión para que no veamos la verdad verdadera y torzamos el rumbo buscando a un Dios crucificado, muerto, sin fuerza y sin poder. El venezolano, está llamado en estos días de reflexión y de muchos corazones contritos, a buscar la presencia en nuestras vidas del Dios triunfante, hecho conciencia de pueblo. Ese Dios, que más temprano que tarde termine con los males que agobian a Venezuela como consecuencia de la presencia de Satanás en los que se lavan las manos frente a la inseguridad, el hambre, la desnutrición, la falta de insumo en los hospitales, los secuestros, el financiamiento al terrorismo, el desempleo, la falta de vivienda, el deterioro de la educación, la impunidad, la injusticia. Y que permita que, la ausencia de estado de derecho y la corrupción, sean arrastrados por el diluvio de la justicia y volvamos a tener una Venezuela realmente democrática, libre y de los venezolanos. Un Dios triunfante hecho bravo pueblo, de decisiones determinantes, que nos permita volver a la verdadera tradición, en La Asunción, y caminar en paz y sin temor al lado del Santo Sepulcro. ¡Amén! ¡Vamos bien!

@cesarmalave53

 

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