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Maduro amenaza pero es como el malandro que atraca sin pistola

 

Para finales de la década de los 80` del siglo pasado, Mijail Gorvachov debió afrontar el estrepitoso fracaso económico que estremecía a la URSS. “Podemos traer piedras de la luna pero no podemos asegurar que la gente disponga de papel sanitario”. Era el resumen de un colosal fracaso. La economía soviética se había convertido en una poderosa maquinaria de guerra que igual podía matar de hambre a sus usuarios.

Por Ezio Serrano Páez/ KonZapata

Décadas más tarde, la chatarra militar soviética sería el principal producto de exportación de Rusia para países consumidores de carroña ideológica como Venezuela. Si a Maduro le correspondiera realizar el balance descarnado de los 20 años de Revolución Bolivariana, en un ataque de franqueza del tipo Gorvachov, seguramente ofrecería como logros indiscutibles, el que los venezolanos de hoy podemos bañarnos en el Guaire, cocinar con leña en algún condominio clase media, mientras esperamos jubilosos el turno para nuestro próximo apagón.

El líder obrero y primer comandante, con su estilo de bufón diría: ¡Hoy no somos capaces de enterrar nuestros muertos, `pero sí podemos bailar salsa brava, vacílense mi nuevo paso!

1.- Guerra de Utilería

Pero el caso venezolano muestra cómo la actuación burlesca de los malandros no ahorra dolor y muerte. El gobierno de los bufones se limita a realizar su teatro barato. Basta a ver a un Jorge Rodríguez explicando la crisis eléctrica. La burla se sincroniza con la extorsión, la amenaza y el chantaje para alimentar el miedo paralizante y el espíritu acomodaticio del venezolano. Desde los tiempos de las fritangas de cabezas adecas, pasando por la revolución pacífica pero armada, hasta llegar a la amenaza rusa, han transcurrido más de 20 años viviendo de la mentira como política pública. Pero una cosa es creer por ignorancia y otra muy distinta hacerlo por conveniencia. Nos hemos acostumbrado al atraco del malandro que apunta con su mano en el koala, ¿Sólo por miedo?

Pero en un país tan poco serio, con una clase política acomodaticia, indispuesta para alterar su precaria zona de confort, la amenaza militar rusa propagada por un sátiro, igual puede seguir jugando un papel importante a la hora de robustecer los miedos incluidos en cualquier forma de dominación. La realidad no existe. La sustituyen las agudas interpretaciones de los genios de la política. Por ello, no importa lo dicho por el jefe de una pandilla que opera en El Valle: ¡Ahorren balas, esa vaina está muy cara y ni se consiguen! ¡Para atracar, suficiente con el miedo!

Los tiempos de fiestas patronales en que se vaciaba la pistola automática para celebrar el triunfo del equipo de baseball han llegado a su final. Quien duerma en un barrio de Caracas podrá notar la diferencia. Ni Cavin, principal abastecedor, está produciendo municiones. En realidad, ninguna empresa estatal está produciendo nada. No obstante Maduro promete movilizar a 3 millones de mili ancianos con sus respectivos fusiles. Y para que el thriller nos amarre a los sillones se incorporan actores de reparto: Hezbolá, el ELN, la Guardia de Islámica, las Avispas Negras cubanas, los colectivos y otros engendros.

La pura perspicacia popular atina a preguntarse por el modo en que la pandilla de ineptos que ha gobernado el país, perdedores en todas las batallas, (la del hambre, la del agua potable, la de la siembra, la de la salud, etc), podrán ganar una guerra cuando no son capaces ni de mal nutrir a sus tropas.

2.-Sin Ajedrez Político

La psicología del malandro marca la política venezolana hacia su interior. Miedo y aquiescencia, sus grandes aliados. El pícaro que atraca sin pistola así lo demuestra. Los andinos usamos la expresión “meter la caña”, para definir el acto de “tirar la parada”, hacer la finta o el simulacro. Es el trapo rojo. La apuesta cuyo éxito depende del miedo, la duda y credulidad del otro. Con su mano derecha metida en el koala, el malandro apunta la espalda de su víctima temerosa. ¡El celular o te quiebro! Como si existieran palabras de hierro y plomo. Es el robo como chiste, despliegue de la hilaridad y arrojo del pícaro contando con el terror y las dudas de su víctima. Y no puede ser de otro modo pues es un hecho cierto que el final de los guapos llegó con la invención de la pistola. El despliegue de la picardía del malandro en el poder demuestra que al menos los venezolanos, no practicamos el ajedrez político. Es un juego mucho más barato basado en la parada, la apuesta, meter la caña. A lo sumo practicamos una partida de barajas, Ajiley o Truco. El ajedrez político quedó para los gringos, los rusos y los chinos.

3.- La burla y lo siniestro

Pero el caso venezolano muestra cómo la actuación burlesca de los malandros no ahorra dolor y muerte. El gobierno de los bufones se limita a realizar su teatro barato. Basta a ver a un Jorge Rodríguez explicando la crisis eléctrica. La burla se sincroniza con la extorsión, la amenaza y el chantaje para alimentar el miedo paralizante y el espíritu acomodaticio del venezolano. Desde los tiempos de las fritangas de cabezas adecas, pasando por la revolución pacífica pero armada, hasta llegar a la amenaza rusa, han transcurrido más de 20 años viviendo de la mentira como política pública. Pero una cosa es creer por ignorancia y otra muy distinta hacerlo por conveniencia. Nos hemos acostumbrado al atraco del malandro que apunta con su mano en el koala, ¿Sólo por miedo?

Con décadas presenciando lo mismo, el miedo se va pareciendo a la cobardía cómplice. Y no es por pretensiones de guapeza, pero algo está mal cuando un país implora ayuda humanitaria, mientras se permite el saqueo de sus riquezas. Algo ocurre con el carácter del venezolano que lo lleva a convertirse en pedigüeño universal. Su capacidad de aguantador ya aleja la piedad y atrae la impudicia.

4.- El costo de salida

Lo que para nosotros es pura lógica malandra, los expertos le llaman costo de salida. Se exhibe el poderío militar, la chatarra invencible, su capacidad criminal. Pero se oculta la ruina, la inoperancia e incompetencia. Nuevamente nos apuntan con la mano dentro del koala pero con formato de guerra civil. Tocan nuestro miedo y dudas para el atraco mayor. Escapar para disfrutar del botín ya no es suficiente. Ahora elevan el costo de su apuesta. No es ajedrez político, es Truco, es Ajiley. No se conforman con el botín, además se les debe honra, gloria y perdón. Las huellas del crimen deben desaparecer. De otro modo no podrían regresar. ¡Estos sí que saben negociar! A más de 500 años de la llegada del conquistador europeo, nos ofrecen en trueque espejitos por oro en barras. El costo de nuestro miedo no podría ser mayor, pero ya lo advirtió Quevedo, “El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar.” Con tanto tiempo jugando a perder, terminamos hartos del jueguito que los malandros procuran imponer. Pero también nos hartamos de los que reiteradamente se apuestan el destino nacional en un tablero que con miedo, no se puede controlar. No hay otra que ponerse serios. Sin amenaza creíble, con el koala vacío, los malandros ganarán la partida.

 

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