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Oscar Iglesias: Ojo con VOX

 

Según avanza la campaña, observo con preocupación como Vox ha logrado un protagonismo del que seguro se van a arrepentir el PP y Ciudadanos, por su seguidismo a la formación de extrema derecha. Pero del que también se puede arrepentir el resto de la sociedad española, si muchos votantes de centro y progresistas se confían con la posible victoria del PSOE, no depositan su voto en las urnas y descubren alarmados, en la noche del domingo, que las dos derechas y la ultraderecha consigue los representantes suficientes en el Congreso para formar Gobierno.

¿Por qué digo esto? Porque no todos los votantes de Vox son de extrema derecha, como se puede ver en los actos de esta formación política. Porque hay un malestar latente en muchos ciudadanos, que han visto como les han ido arrebatando su calidad de vida y muchos derechos que creían consolidados con tanta austeridad de los gobiernos del PP. Porque hay insatisfacción ciudadana, muchos ciudadanos se sienten abandonados. Y porque el desencanto ha hecho que cale en amplias capas de la población el sentimiento de que “no hay que fiarse de ningún político”.

Todo ello forma un caldo de cultivo para que Vox obtenga muchos votos. Más aún teniendo en cuenta que Vox puede estar movilizando para votar a ciudadanos que no van a un colegio electoral hace muchos años, o que no lo han hecho nunca.

Vox ha llegado y, tanto en estas elecciones generales como en las elecciones municipales y autonómicas, puede ser determinante para la conformación de los gobiernos si no hay una movilización de los ciudadanos que no quieren crispación y ponen sus esperanzas en construir una España mejor para todos.

Vox está intentando aprovechar la indignación de muchos ciudadanos y una serie de realidades políticas y sociales para conseguir un resultado no solo bueno sino determinante, con un discurso simplista, de enfrentamiento y de división. Entre ellas:

El pacto realizado en Andalucía entre PP, Ciudadanos y Vox ha sido decisivo para blanquear a Vox. Las ansias de poder a cualquier precio, incluso debilitando la democracia, ha llevado a la normalización del voto a la extrema derecha, algo inédito desde la transición democrática en España. Tanto los dirigentes de Vox como sus simpatizantes se encuentran en la fase “sin complejos”.

La polarización territorial llevada a cabo por los secesionistas, que dieron un golpe de Estado, y el discurso de enfrentamiento del PP y Ciudadanos ha influido y está influyendo en la opinión pública y en una parte del electorado, que tiene la sensación de que Torra y los suyos hacen lo que les da la gana.

La falta de expectativas laborales, la precariedad y la existencia de trabajadores pobres puede llevar a votantes que ideológicamente no son de extrema derecha a votar a Vox. El paro está concentrado en barrios muy localizados de muchas grandes ciudades. En Madrid, hay 19 barrios con más del 10 por ciento de paro y algunos con porcentajes entre el 13 por ciento y el 14 por ciento. ¿Qué votarán? ¿Se dejarán atrapar por el sentimiento o por la razón? De momento, Vox está visitando con frecuencia estos lugares.

Abandono de los barrios y sensación de inseguridad en algunas áreas también muy concretas de las ciudades, donde además hay población envejecida y el número de actuaciones policiales es mayor que en el resto de la ciudad.

Deterioro de la convivencia y ocupación de espacios públicos: parques, canchas deportivas, espacios al aire libre.

Menos servicios sociales, donde las personas más vulnerables carecen de muchas coberturas públicas, o creen que las tienen que repartir. En estos entornos, es sencillo fomentar el discurso “se lo llevan los de fuera. Primero los españoles”.

Concentración de inmigrantes en distritos concretos de las ciudades. En algunos barrios de la ciudad de Madrid llega al 30 por ciento de la población. Hay 18 barrios con más del 20 por ciento de población inmigrante, cuanto la media en Madrid es del 13 por ciento. Dos ejemplos, Usera tiene el 20,6 por ciento de población inmigrante y Retiro el 7,1 por ciento.

El factor ideológico. Parte del electorado puede sentirse atraído por un partido de corte autoritario, con retórica populista, reaccionario y conservador en las costumbres y con actitudes islamofóbicas. Todo ello, envuelto con la retórica trumpiana de “los españoles primero”.

El grado de participación electoral en los distritos y barrios donde las rentas son más bajas. En estas zonas, normalmente el porcentaje de voto es menor en todas las elecciones que en los barrios más pudientes de las ciudades.

Estos elementos, junto con otros, pueden hacer que la noche del domingo suenen las alarmas. Para evitarlo, hay que movilizarse con el voto para conseguir un futuro mejor para todos.

Como señala un manifiesto recientemente presentado: “la cultura debe impedir que la indignación provocada por las injusticias sociales se vuelvan contra las instituciones democráticas. Sólo la democracia social puede afrontar las verdaderas causas de la pérdida de los derechos sociales, la precariedad laboral, la acumulación de la riqueza en pocas manos y la degradación del planeta.”

 

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