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Diosdado Cabello es el encargado de meter miedo en el régimen de Maduro

 

En los últimos días Diosdado Cabello ha vuelto al centro de la escena del drama venezolano. Está disfrutando su protagonismo como juez, policía y verdugo de los diputados de la Asamblea Nacional de Venezuela con su control de la policía política, y desde su programa de televisión pretende imponer la estrategia del miedo y la desesperanza en la población. Incluso se está dando el lujo de eclipsar a Nicolás Maduro.

Pedro Benítez (ALN)

Desde su programa en la televisión estatal Con el Mazo Dando, el presidente de la corporativa Asamblea Nacional Constituyente (ANC)Diosdado Cabello, está dirigiendo la persecución y criminalización de los diputados de la Asamblea Nacional (AN) que preside Juan Guaidó. Su brazo ejecutor es el restituido director del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), general Gustavo González López.

Cabello hace mofa públicamente de sus víctimas, las amenaza, juzga y condena. Todo en vivo y directo. Así acaba de hacerlo con el vicepresidente del Parlamento, Edgar Zambrano.

Este estilo personal es bastante conocido dentro de Venezuela, su fundador fue Hugo Chávez y es la marca del chavismo. También es conocida la obsesión de Cabello su obsesión por destruir a la Asamblea Nacional de mayoría antichavista. Fue él quien empezó la operación para desconocer en los hechos esa nueva mayoría pocos días después de su elección, cuando la Cámara que presidía, todavía mayoritariamente del oficialista PSUV, eligió en vísperas de la Navidad de 2015 a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) violentando los lapsos constitucionales para que no lo hiciera la nueva mayoría. Luego ese TSJ bloquearía a la AN.

 

Lo novedoso son las circunstancias presentes, con un Nicolás Maduro tocado por la falta de contundencia en el apoyo de los generales y almirantes de la Fuerza Armada Nacional (FAN), y en particular por la defección del general Manuel Cristopher Figuera (quien a su vez había reemplazado a González Lopez) antiguo director Sebin, pieza clave en el entramado de poder.

La situación de Maduro es de tal precariedad interna que ha tenido que recurrir al general González López, el mismo a quien destituyó hace meses y que funcionarios bajo sus órdenes protagonizaran un extraño incidente con la caravana presidencial. A González López se le identifica con Diosdado Cabello, y este se ha dedicado en las últimas horas a dejar claro que es así. Por lo tanto, esto también es otro capítulo de la lucha por el poder (o por los despojos de ese poder) que libran él y Nicolás Maduro.

Un recordatorio de que el régimen chavista no es homogéneo. Por el contrario, las disputas soterradas entre los grupos y dirigentes que lo componen nunca han cesado y no se detienen incluso hoy. Desde que Hugo Chávez lo anunciara como su heredero el 8 de diciembre de 2012, Nicolás Maduro ha tenido que soportar la sombra de Diosdado Cabello como del jefe del ala radical del movimiento. Desde entonces ha habido un continuo forcejeo entre los dos por demostrar quién es el más duro, el más radical, el más chavista, o el más gallo del gallinero.

Cada gesto de debilidad de Maduro ha sido aprovechado por Cabello para apuntalar su posición. Y Maduro, que tan hábil ha sido en ir sacando del juego a potenciales adversarios internos (Rafael Ramírez o Miguel Rodríguez Torres), sin embargo, no ha podido con aquel que sigue al acecho como su enemigo íntimo.

Diosdado Cabello aseguró que había recibido un mensaje del TSJ acerca de tres diputados que “participaron activamente en el golpe” y afirmó que a los tres “tun, tun”, en referencia a que serían llamados a la puerta para ser arrestados. Cabello también dijo que el vehículo en el que iba Edgar Zambrano “hay que lavarlo completamente, desinfectarlo y quitarle los malos olores”.

Las muestras y proclamas de lealtad pública de Cabello a Maduro no cesan, pero sus ansias de poder no las puede ocultar. Actúa como el radical perdedor que sabotea todo intento de negociación, acuerdo o distensión, porque su apuesta personal es que mientras peor le vaya a Maduro, a la Asamblea Nacional, a Juan Guaidó y al país en general, mejor le ira a él.

Cuando hay una crisis, como en las caídas masivas del servicio eléctrico en el pasado mes de marzo, salió a dar la cara por el régimen mientras Maduro se escondía.

Ha venido repitiendo esa estratagema desde la mañana de 2 de mayo pasado. Ahora se dispone (o al menos eso afirma) a liquidar la AN y ya anunció el arresto de tres diputados más: Freddy Superlano, Sergio Vergara y Juan Andrés Mejía. Todo sin respetar procedimiento constitucional alguno y ningún tipo de forma.

Su estilo es el de la arbitrariedad y la intriga. Esta última le fue muy útil para mantener su ascendiente sobre el expresidente Hugo Chávez, quien lo protegió y promovió, a pesar de las continuas acusaciones de corrupción que se le hacían desde el mismo chavismo. Concretamente del fallecido diputado Luis Tascón.

Fue desde el chavismo que se le acusó de ser jefe de la “derecha endógena”. Un grupo en las alturas del régimen más preocupado por acumular dinero y poder que por un proyecto ideológico.

Su notoria ausencia de ideas y de propuestas ratifica aquella acusación. Desde su programa de televisión Diosdado Cabello demuestra que su habilidad política es la de la intriga, y más nada. Pero eso le ha sido suficiente para mantener el control del aparato partidista del PSUV y su influencia en ciertos sectores militares.

La apuesta de Cabello hoy es de carácter estrictamente personal. Consciente de que en cualquier acuerdo o negociación política que facilite una transición hacia la democracia en Venezuela él queda fuera del juego, su tarea es sabotear o bloquear cada intento. Por eso encabeza hoy la ofensiva del miedo.

 

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