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La familia Addams: la belleza de lo macabro

 

La familia Addams es, sin lugar a dudas, una de las más conocidas del mundo de la televisión y el cine. Solo con escuchar su nombre, queremos chasquear los dedos al ritmo de su inolvidable sintonía. Y es que la familia más peculiar del mundo lleva muchos años amenizando nuestras noches de Halloween, burlándose de la muerte y sorprendiéndonos con su gusto por lo macabro.

Cuando pensamos en cine de terror, buscamos películas que nos sorprendan, que nos hagan experimentar la sensación de miedo desde la comodidad y tranquilidad de la butaca. Queremos sentir el terror, pero sabiendo que lo que estamos viendo no es más que una ficción. De alguna manera, encontramos cierto placer ante estas manifestaciones.

Hay quien encuentra cómico el cine de terror por lo inverosímil que puede resultar en ocasiones y por la gran cantidad de clichés que suelen aparecer en él; y hay quien jamás vería un filme del género a solas.

Hacer sentir miedo a un espectador es bastante más complicado de lo que parece, pues entran en juego distintas emociones y la propia subjetividad. Esta misma premisa podríamos aplicarla a la comedia, hacer reír es una tarea realmente complicada y más si buscamos que la risa sea unánime.

¿Y si cogemos todos esos clichés del terror y los leemos en clave de comedia? Eso es, precisamente, lo que hace la familia Addams y ahí reside la clave de su éxito.

Un repaso por la historia

A lo largo de la historia, existen infinidad de manifestaciones artísticas vinculadas a la muerte. Igualmente, la cantidad de cultos que encontramos ya desde nuestros primeros pasos en el mundo nos recuerdan enormemente lo efímero de la vida. El ser humano siente una curiosidad inmensa por la muerte, por lo desconocido.

Así, esta inquietud ha quedado plasmada en diversas manifestaciones artísticas. Incluso los cementerios pueden convertirse en espacios artísticos al aire libre, un buen ejemplo de ello sería el Cementerio Monumental de Milán o el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires; sin olvidar, por supuesto, todas aquellas manifestaciones anteriores como las pirámides egipcias o el culto a la muerte de la prehistoria plasmado en los dólmenes.

En definitiva, no son pocas las huellas del pasado que rinden culto a la muerte. Sin importar la cultura o el rincón del mundo, siempre encontraremos alguna manifestación que nos recuerde ese tópico latino tan popularizado y conocido como Memento Mori. Porque si algo sabemos con certeza es que todos vamos a morir, aunque nuestra forma de interpretarlo difiera de un lugar a otro. Este culto, a su vez, se ha visto envuelto en el misterio y, con el tiempo, ha derivado en el terror.

Todo aquello desconocido o que suponga, en cierto modo, una amenaza para nuestra vida producirá terror. De esta manera, el género se alimentó de los miedos, de lo oculto y, sobre todo, de la muerte para construir obras (ya sean literarias o cinematográficas) que conectan con nuestro deseo por permanecer vivos. Pero… ¿es posible otra lectura?

Por supuesto, el terror como tal ha ido evolucionando y adaptándose a los distintos cánones y épocas que atraviesa. Sin embargo, posee ciertos elementos estéticos fácilmente identificables y susceptibles de llevar a la comedia. Y es que si hay algo más atrevido que el terror es, precisamente, reírse del mismo. Así, los monstruos que resultaban aterradores pueden convertirse en amigos o incluso en objetos risibles.

En el siglo XIX, la ficción gótica cobró una relevancia fundamental y, como consecuencia, derivó en algunos subgéneros. En este siglo, tenemos un buen ejemplo que dibuja lo que posteriormente será conocido como «comedia de terror»; hablamos de Sleepy Hollow de Washington Irving. A partir de este momento, un sinfín de títulos seguirían esta estela.

En cine y televisión, destacan algunos filmes tan conocidos como Gremlins(Joe Dante, 1984), La pequeña tienda de los horrores (Frank Oz, 1986), Hocus Poccus (Kenny Ortega, 1993), Mars Attacks (Tim Burton, 1996) o Beetlejuice(Tim Burton, 1988).

Asimismo, en España, destaca el director Álex de la Iglesia por ofrecernos los clichés del terror (incluso lo escatológico) en clave de comedia con títulos como El día de la Bestia (1995) o Las brujas de Zugarramurdi (2013). El cine, en ocasiones, nos invita a burlar nuestros miedos, a reírnos de las absurdas convenciones que, a veces, envuelven nuestras vidas.

Pero no hay duda de que la familia que hoy nos ocupa es una de las que mejor se ha reído de la muerte, ha sobrevivido intacta al paso del tiempo cautivando admiradores de todos los rincones y edades logrando combinar la risa y el terror en una sintonía sin igual. La familia Addams, por razones obvias, forma parte del imaginario de múltiples generaciones en cuanto a la comedia de terror.

Miércoles personaje de la familia Addams

La familia Addams, una risa macabra

El caricaturista estadounidense Charles Addams sorprendió en 1933 con una serie de caricaturas en The New Yorker. Estas eran personajes macabros que abrazaban el humor negro y parodiaban la vida cotidiana. Unas décadas después, en los años 60, estas caricaturas terminarían derivando e inspirando una conocida serie de televisión: La familia Addams. Pero esta no era la única familia que reinaba en la televisión de la época, en otra cadena distinta, se emitía una serie de una familia bastante similar llamada The Munsters.

El humor negro y la adopción de los clichés del terror para, posteriormente, parodiarlos servían de base para una auténtica sátira de los valores de la contemporaneidad. De algún modo, lo normal pasaba a ser lo raro, lo extraño; mientras todo aquello que se salía de lo convencional era venerado. Esta técnica dibuja una especie de mundo al revés que divierte al espectador por la extrañeza, pero, simultánemente, le invita a cuestionarse sus propios valores.

Todos nacemos en una sociedad que influye en nuestras decisiones, nos hace capaces de discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Pero este tipo de géneros, nos invitan a adoptar una nueva perspectiva, un punto de vista que, desde el humor, rompe nuestros esquemas tradicionales. El éxito de la familia Addams es tal que no le bastó con una serie de televisión, sino que se hicieron películas, series animadas y hasta un musical.

Sus personajes son calcos del cine de terror, pero llevados a la vida cotidiana. Ya no son apariciones fantasmagóricas que deben atemorizar al vecindario, sino ‘vecinos’ un tanto peculiares. De algún modo, todo ello nos remite a la idea de lo freak, de todos aquellos individuos que, por la razón que sea, no se corresponden con lo normativo en un momento determinado.

Los Addams escapan de todos los convencionalismos, pero poseen su propia moral, sus propias reglas; y miran hacia nuestro mundo tratando de encontrarle el sentido.

Lo interesante, además, del elemento risible es ver cómo se logra romper con los valores convencionales, romper con las reglas y cuestionarlas desde la ironía. Y esto no es algo exclusivo de la comedia de terror, sino que podemos aplicarlo a la vida cotidiana. ¿Y si lo normal fuera totalmente lo opuesto? Seguramente, criticaríamos todo aquel comportamiento que se saliera de nuestra norma.

Por ejemplo, si nos hubiesen enseñado, como a Morticia, que las rosas son más bellas sin su flor, es decir, dejando tan solo sus espinas, seguramente, las cortaríamos y nos dejaríamos llevar por la belleza de las espinas encontrando extraño a quien admirase la flor y sus pétalos. Al final, todo depende del punto de vista y de lo que hemos aprendido en sociedad.

Ese juego con el contraste, en definitiva, produce la risa, pero no deja a un lado el componente reflexivo. Se invierten los valores, se toma lo macabro como bello y se termina por cuestionar todo. Además, no debemos olvidar que, para muchas personas, la estética del terror puede resultar excepcionalmente bella. Y es que la belleza, como el gusto, es algo totalmente subjetivo.

Nuestra vida es efímera, nuestro paso por el mundo está profundamente ligado a la muerte… ¿Por qué temer? ¿Por qué no burlarse de ello? La familia Addams lo ha hecho de forma exitosa durante décadas y nos ha brindado una especie de suspiro, un alivio que hace más agradable nuestro paso por la vida (o por la muerte).

Nuestra vida es trágica muchas veces, es amarga y no es como la habíamos soñado, por ello, la risa es una terapia, una catarsis que nos alivia en nuestros momentos más grises.

De este modo, los Addams lograron cautivarnos con su particular punto de vista acerca de lo estético, de lo correcto, de lo moral, de lo cómico. Y nos cautivaron tanto que, incluso muchas décadas después, siguen arrasando en los teatros de nuestras ciudades.

 

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