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Rafael Simón Jiménez: ¿Repudiar  cual  invasión?

 

Para quienes profesamos un sano nacionalismo, entendido como la defensa y promoción de los intereses, valores y tradiciones inherentes a nuestro territorio y gentilicio, no podemos sino ver con repudio y animadversión cualquier intento de terceros países o de  potencia alguna por dominar, tutelar o interferir en nuestras decisiones, colonizar nuestros recursos, afectar nuestra integridad territorial, o pretender ejercer el control sobre nuestras instituciones. Cualquier venezolano que sienta un elementar amor por su patria está obligado a reaccionar aireada y beligerantemente frente a conductas que tengan por objetivo subordinar o hipotecar nuestra soberanía.

Las anteriores afirmaciones cobran pertinencia cuando de la manera más perversa y deliberada, el régimen que nos desgobierna desde hace veinte años, ha declinado cualquier resguardo de nuestros intereses, y cualquier defensa activa de nuestra integridad territorial, colocando a Venezuela como pieza de canje en la geopolítica mundial, y especialmente permitiendo que la tiranía de  un país hermano como cuba, sometido a la ruina económica y la esclavitud política  desde hace más de sesenta años, haya no solo expoliado nuestros  recursos, especialmente petroleros, sino ejercido  una grosera inherencia y control sobre aspectos fundamentales de nuestra seguridad interna y externa.

Por primera vez en la historia de la dominación y los vasallajes, no es una potencia colonial, ni imperialista la que domina a Venezuela, sino un país de muy modestas dimensiones, de economía arruinada, de instituciones y libertades confiscadas, de población hambreada, y adicionalmente ese control no se ejerce mediante el uso de la fuerza económica o militar, sino propiciada mediante la sumisión que al impresentable dictador cubano Fidel Castro, hiciera voluntaria y gustosamente el gobierno de Hugo Chávez, y que se prolonga hasta nuestros días.

El sátrapa antillano, que desde muy joven aprecio los incuantificables recursos de todo tipo que poseía Venezuela, y su utilidad para sus desquiciados proyectos políticos, agoto todo su arsenal de recursos infructuosamente para conquistarlos por la fuerza. Invasiones armadas, financiamiento y avituallamiento de movimientos guerrilleros, todos destinados al fracaso, formaron parte de su catalogo siniestro, neutralizado afortunadamente en su oportunidad por decisión contundente del pueblo venezolano y de sus fuerzas                Armadas.

Nunca pensó el decrepito tirano que cuando había cancelado su despropósito por resultar inviable, Una circunstancia fortuita y desafortunada, como fue la llegada de Hugo Chávez al poder le iba a permitir obtener su trofeo sin costo alguno, solamente bajo el embrujo que su mefistofélica figura, produciría en un personaje fanático e ignorante, que en una conducta quizás de explicación freudiana, terminaría rindiéndose a su pies, y peor que eso entregándole todos los recursos y el control de su país.

Esa es la realidad incontrovertible, pública, fáctica, frente a la cual la dignidad de los venezolanos, y especialmente de sus líderes debe manifestarse con firmeza y sin ambages, es lo que nos toca repudiar, censurar y condenar, advirtiendo que si alguna otra osara horadar y mancillar como hoy lo hace el régimen  cubano nuestra soberanía, lo haríamos con igual o mayor fuerza, porque en la defensa de nuestra patria, de su integridad, intereses y soberanía no caben distingos.

El tambaleante Régimen de Nicolás Maduro, que pretende esconder su himalayica responsabilidad en la destrucción de Venezuela, en la dilapidación de sus recursos, en su cleptomaniaco ensañamiento con el tesoro público, que ha sido la causa protuberante de la tragedia económica y social que consume la vida de los venezolanos, en terceros, preferentemente en el imperialismo norteamericano y el gobierno racista, supremacista y xenófobo de Donald Trump, causante en su señuelo político, de todas las desgracias que hoy martirizan la vida de los venezolanos.

La eventualidad de una invasión militar  yanqui, despierta en el gobierno, y extrañamente en algunos líderes que se dicen opositores una reacción, casi rayana en la promesa de inmolación si un solo marine llega a “ollar el suelo sagrado de la patria”. Del coloniaje y el proconsulado impuesto por el sub imperialismo cubano nada, o poco dicen, a pesar de que esa es la realidad imperante: prefieren en una conducta un poco “extraña “ hacer pirotecnia verbal con una invasión que seguramente nunca llegara a producirse, en vez de confrontar la que nos ha “chuleado “ y confiscado nuestros recursos por casi veinte años. Inexplicable manera de confrontar realidad Vs. Fantasía.

Para quienes – como en mi caso – hemos profesado casi desde niños una postura y unas convicciones que nos aleja de cualquier simpatía con todo imperialismo, y particularmente con el norteamericano, y demás está decirlo con el gobierno de Donald Trump, estaremos listos para repudiar cualquier agresión que desde ese u otro país pueda perpetrarse sobre Venezuela. Pero ni por ingenuo, y menos por tarifado, haría yo coro al gobierno,  al grito “yanqui go home  “mientras sea  la dictadura cubana, la que siga controlando aspectos claves de nuestra soberanía,  y exprimiendo el poco petróleo que le queda a la quebrada PDVSA.

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