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¿Cómo afecta al público la nueva resolución del BCV para la compra y venta de divisas?

 

Las mesas de cambio fueron concebidas como un mecanismo para permitir la libre compra y venta de divisas a través de bancos públicos y privados, tras el desmontaje de un vetusto control de cambio que permitió la fuga de al menos 300 mil millones de dólares, según exministros del régimen de Hugo Chávez. El mercado, aunque incipiente, ha fluctuado con libertad. Pero la resolución 19-05-03 del BCV hecha pública este martes y que establece un método de “intervención cambiaria” prendió las alarmas. ¿Se trata de otro anclaje de la tasa? ¿Es un retorno al control original? ¿Cuál es el impacto real que tendría en el modesto público de las mesas de cambio?

Danny Leguízamo /EC

No hay retorno. Ni a los controles originales ni a nuevos controles y por tanto, el mercado de las mesas de cambio, aunque pequeño, seguirá operando bajo un esquema de flotación, pero flotación sucia desde el punto de vista de la teoría económica, por cuanto el Banco Central de Venezuela podrá intervenir vendiendo divisas en momentos en los que la demanda supere la oferta. Bajo este mecanismo, el ente emisor pretende evitar que el bolívar continúe su depreciación. Y decimos que se trata de una depreciación, porque cuando el tipo de cambio es flotante -aunque la flotación sea sucia- la moneda no se revalúa o se devalúa, sino que se aprecia o se deprecia.

La resolución 19-05-03 del BCV señala en su primer artículo que “El Banco Central de Venezuela, cuando lo estime pertinente, podrá
realizar de manera automática, operaciones de venta de moneda extranjera con los bancos universales y microfinancieros regidos por el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Instituciones del Sector Bancario y por leyes especiales, mediante el débito de la cuenta única que mantengan las respectivas instituciones bancarias en el Banco Central de Venezuela por la cantidad en bolívares equivalente a la operación cambiaria ejecutada”.

Es decir, en un escenario en el que la demanda de divisas supere la oferta empujando al alza el tipo de cambio en detrimento del bolívar, el BCV podría “intervenir” ofertando más divisas a través de los bancos. De allí el término de teoría económica “flotación sucia”, puesto que estas divisas serían ofrecidas a los compradores a la tasa fijada por el BCV, sin que aquello represente un anclaje del tipo de cambio como en el pasado reciente.

Y de allí, también, que el segundo artículo de la resolución añada que estas divisas de la intervención cambiaria deberá ser destinadas “a operaciones de compraventa de monedas extranjeras integradas al Sistema de Mercado Cambiario, dirigidas de manera directa, a sus clientes del sector privado con excepción de los que integran los sectores bancarios y del mercado de valores, al tipo de cambio que haya aplicado el Banco Central de Venezuela para la intervención cambiaria en función de los objetivos de política cambiaria (…) El Banco Central de Venezuela podrá autorizar la realización de operaciones interbancarias con el objetivo de atender excesos de demanda final por parte de los clientes del sector privado de otras instituciones bancarias”.

El resto del articulado establece las condiciones a la banca y la fórmula respectiva para el cálculo del monto que los bancos deberán cancelar al BCV en el caso de que no logren “aplicar” la totalidad de las divisas que les correspondería vender en un eventual mecanismo de intervención.

Pero el economista Jesús Casique manifestó a esta sala de redacción que hay un detalle que podría limitar la intervención del Banco en el mercado: que no hay divisas. “La demanda seguirá siendo superior a la oferta”, dijo Casique, anticipando que el bolívar continuará perdiendo terreno frente al dólar, tal como hemos venido recogiendo en trabajos de El Cooperante: desde la apertura de las mesas de cambio, el bolívar se depreció 11%, partiendo de la última tasa Dicom, que fue de 5200 bolívares por dólar.

No habrá una afectación para el modesto público de las mesas de cambio tras esta resolución. No mientras el Gobierno siga permitiendo la fluctuación de la tasa, y no mientras siga despenalizada la compra y venta de divisas. De facto, la economía ya está dolarizada, particularmente en el sector comercio.

La libertad en la compra y venta de divisas llegó demasiado tarde para evitar la debacle, tan tarde como llegaron los indicadores actualizados del Banco Central de Venezuela. Pero han llegado. Por la fuerza. Porque la botija está vacía. Porque las reservas internacionales han caído a mínimos históricos. Porque Petróleos de Venezuela -que aporta 96% de los dólares que ingresan o ingresaban al país- fue politizada, burocratizada, endeudada y desmantelada desde los tiempos de Rafael Ramírez hasta Manuel Quevedo. Y porque las sanciones de Estados Unidos limitan las operaciones con divisas. Han “rectificado” en el Gobierno obligados por las circunstancias.

 

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