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El juego trancado entre Juan Guaidó y Nicolás Maduro

 

El logro más importante de Juan Guaidó a lo interno de la oposición, fue haberla unificado tras su juramentación el 23 de enero pasado. A lo externo, haber obtenido el respaldo de más de 50 países y conseguir poner a Nicolás Maduro contra las cuerdas, aunque por ahora sin desplazarlo del poder. Tras casi cinco meses desde su asunción como presidente interino, ahora Juan Guaidó -y el país- se enfrentan a la etapa más difícil en la carrera por desalojar al comunismo del Palacio de Miraflores.

El juego de dominó está trancado. Ni Maduro fue desalojado del Palacio de Miraflores, ni Juan Guaidó ha sido derrotado. En nuestra nota editorial del 14 de mayo titulada “Maduro está a tiempo de salir del Palacio de Miraflores sin un baño de sangre“, anticipamos que entre factores de un bando y otro se estaban tendiendo puentes. Un par de días después, la opinión pública conoció del tema de las reuniones en Oslo. Algunos sectores tanto del régimen como de la oposición aprovecharon la coyuntura para tratar de ridiculizar a Guaidó, tratando de hacerle creer a la gente que las negociaciones significaban la capitulación de la fórmula del cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres.

Por desgracia, ni la estrategia de persuadir a la Fuerza Armada, ni las protestas, ni las sanciones ni las propias conversaciones de Noruega han dado el mejor resultado. Nicolás Maduro sigue atrincherado en el poder con una crisis económica de magnitudes inenarrables y Edgar Zambrano acumula más de veinte días secuestrado y desaparecido, en un claro reto por parte de la dictadura a Estados Unidos, cuyos voceros de la Administración de Donald Trump amenazaron con “consecuencia serias” si Zambrano no aparecía.

Pero Guaidó no ha sido derrotado. La tiranía no se atreve a ponerlo tras las rejas. Siguen jugando al desgaste de la oposición, pero también entiende la cúpula que el presidente interino goza de respaldo interno y externo. Ese es un síntoma de debilidad del régimen, que aunque pudo superar el alzamiento del 30 de abril, no puede escaparse de la realidad interna de la Fuerza Armada, pues allá dentro de los cuarteles, el estado de sospecha es generalizado. Tan generalizado como en el ala civil. Todos son sospechosos de una posible deserción.

Con el juego trancado, sin que ninguna de las partes pueda derrotar a la otra, sigue siendo una opción para Maduro facilitar las condiciones de su salida del poder, antes de que sea demasiado tarde y el país termine en un callejón sin salida en el cual todos pagarán los costos.

Es esta la etapa más difícil para la oposición y para el país en la carrera por desplazar a Maduro del poder. Que mantengan sus factores la unidad, sigue siendo elemental en momentos en los que el adversario aprovecha cualquier escisión para fomentar el desánimo y la angustia, una clásica -pero muchas veces infalible- estrategia de “divide y vencerás”.

ElCooperante

 

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