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El trabajo en casa: ¿cómo conciliar lo profesional y lo personal?

 

El trabajo en casa está cada vez más extendido en todo el mundo. Las nuevas tecnologías han permitido que la distancia física no sea un obstáculo para formar parte de un aparato productivo. Puedes estar en Europa y trabajar para un empleador chino sin ningún problema.

Esto ha abierto inmensas posibilidades y oportunidades para cientos de trabajadores. Sin embargo, como ocurre normalmente, también ha dado lugar a que surjan realidades inquietantes. Una de ellas es esa amalgama que se produce entre lo profesional y lo personal en el marco del trabajo en casa.

Todas las personas tienen la disposición de trabajar creativamente. Lo que sucede es que la mayoría jamás lo nota”.

-Truman Capote-

Se supone que tu vida personal y tu vida laboral deben estar completamente separadas. Y decimos que “se supone”, porque en la práctica esto rara vez ocurre. Los seres humanos no tenemos un interruptor para apagar una zona de nuestra vida y encender la otra a voluntad. Veamos esto con mayor detalle.

Mujer con estrés con la cabeza apoyada en el ordenador

El mito de la separación

La separación entre la vida laboral y la vida personal fue un invento del industrialismo. Antes de este, el trabajo formaba parte de la vida personal de forma natural. Y esto no representaba ningún problema. El trabajo en casa era lo normal, no había razones para desplazarse a otro lugar.

Con la Revolución Industrial cambiaron las cosas. Las máquinas se convirtieron en el eje de la producción. El trabajo en casa básicamente pasó al olvido. Los trabajadores tenían que ir al sitio en donde estuvieran las máquinas para desempeñar su labor. El nuevo modelo exigió que se definieran horarios de trabajo fijos.

Fue así como las personas y las sociedades empezaron a pasar amplios períodos de tiempo en el trabajo. Aparentemente se trataba de dos ámbitos diferentes. Sin embargo, el ser humano no vive de esa forma compartimentada. Se lleva mucho de lo personal al sitio de trabajo y viceversa.

Las oficinas

Muchas labores no requerían de la congregación de trabajadores en torno a máquinas. Sin embargo, también desde la industrialización se crearon las oficinas. En ellas se concentraban las labores para facilitar el trabajo y el servicio a los usuarios.

Con las nuevas tecnologías esto cambió. En la actualidad, prácticamente todas las labores de oficina pueden ser hechas desde casa si se cuenta con un ordenador. Este es la gran máquina y en el presente está al alcance de casi cualquier persona. Si muchas empresas no han implementado el trabajo en casa es, principalmente, por falta de visión o por afán de control.

Hemos vuelto entonces a esos tiempos en los que el trabajo en casa es muy habitual. Sin embargo, persiste aún la mentalidad de que lo personal y lo profesional deben ser dos ámbitos separados. El hecho de que no ocurra genera tensión a muchas personas.

El trabajo en casa y las tensiones

Lo natural en el ser humano es integrar su vida profesional y su vida personal. Son dos ámbitos que no tienen por qué entrar en conflicto. Lo que sí puede causar tensión es ese afán de separar lo inseparable y, por supuesto, no lograrlo. También causa tensión vivir solamente una de las dimensiones que componen nuestro ser.

En realidad, de uno u otro modo, siempre estamos trabajando. El significado de la palabra trabajo tiene que ver con actividad, esfuerzo y transformación. Incluso cuando dormimos, nuestro cerebro sigue procesando y organizando información.

Lo que sí es cierto es que en algunos momentos trabajamos para otros, al menos de manera relativa. Contribuimos a que otros cumplan sus objetivos y, al mismo tiempo, logramos nuestra meta de obtener un ingreso. En otros momentos, solo nos concentramos en nuestros propios objetivos y trabajamos por ellos.

Mujer trabajando con su ordenador

Conciliar y no separar

El trabajo en casa tiene la gran ventaja de que ofrece mucha mayor libertad para organizar el tiempo. Sin embargo, para algunas personas esto es abrumador. Esa libertad genera caos y, de esta manera, terminan trabajando siempre y sintiendo que su trabajo todo el tiempo es interrumpido por algún asunto doméstico.

Algunos deciden implementar horarios férreos que muchas veces terminan incumpliendo. Si trabajas en casa, definitivamente no puedes ignorar que algo se está quemando en la cocina o que tu hijo está llorando en la sala de estar. Es imposible pretender compartimentar la vida y el trabajo de forma absoluta. Y, de hecho, no necesariamente es bueno.

Quizás lo mejor no sea encontrar la técnica perfecta para separar el ámbito profesional del personal. Tal vez lo que se impone es flexibilizarnos y aprender a conciliar los dos ámbitos. El trabajo en casa se presta para que laboremos en función de objetivos y no de horarios. Atender a las prioridades de cada día y no a la tiranía de los tiempos fijos.

 

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