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Ramón Guillermo Aveledo: Colombia, ida y vuela

 

“Yo también soy venezolana” me dijo bajito la cajera del supermercado bogotano, parada obligada cuando uno viaja para comprar esas cosas de consumo diario que ahora aquí escasean. Venezolano de Maturín era el mesonero del hotel y de Maracaibo el de la cafetería.

“Soy venezolano” empezaba el improvisado cartel escrito sobre cartón de una caja, del hombre que pedía en un semáforo de la avenida La Esperanza mientras acurrucados en la acera lo miraban su mujer y dos hijos pequeños.

Un joven desorientado que me mostró la dirección que buscaba, pidiendo información para llegar y luego, apenado, ayuda para pagar el transporte público para llegar hasta ella, resultó ser duaqueño y me mostró su credencial de primer teniente del Ejército. “Soy desertor –me dijo- allá hubo una rebelión”.

Por motivos personales viajé a Bogotá. En solo tres días vi un pedacito mínimo de los más de un millón y medio de venezolanos, algunos los calculan ya en dos millones que vive allá. Era treinta y siete mil en 2005.

No es raro que además de las muchas muestras de hospitalidad y solidaridad que han recibido, haya ya manifestaciones de xenofobia. Como un panfleto en Soacha, al Sur de Bogotá días atrás, llamando a la “limpieza social de venezolanos y viciosos” denunciado por el Centro de Investigación y Educación Popular vinculado a los jesuitas.

En El Tiempo un reportaje sobre la delincuencia en Ciudad Bolívar, sector popular bogotano, anota que ésta no puede atribuirse a nuestros connacionales, algunos de los cuales habrían entrado en contacto con los grupos antisociales de allí. En una conversación con un taxista, con ayuda del tráfico, tuve tiempo de explicarle nuestra visión de la realidad cuando atribuyó el aumento de la inseguridad a “los hermanos venezolanos”.

Dígame usted ¿Cómo hace uno para que no le duela? Honradamente, no hay derecho a que hayamos llegado a esto.

Por otro lado, en Colombia se notan los signos del progreso. Hay problemas sociales y desigualdades, la política no es un mar de la tranquilidad, pero se siente que avanza.

La economía funciona bien. Mejoran sus índices de competitividad. Inserta en la globalización toma ventaja de ella. La democracia vive en un intenso e informado debate.

El Congreso libre discute con transparencia. Las altas cortes deciden con independencia. El Presidente puede tener desacuerdos pero acata los fallos. Producción, legalidad, libertad. Es el difícil camino del desarrollo.

 

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