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Pedro R. García: Uvas de la ira II

 

Los bancos deben ser contenidos, y el sistema financiero transformado.

“Mis ojos han visto la gloria de la yegada del Señor:

Está pisoteando la vendimia en la cual se guardan las uvas de la ira; Había liberado el nefasto rayo de su terrible espada:

Su verdad sigue adelante”. (John Steinbeck  Las uvas de la ira).

Ubicando algunas pistas…

En EE.UU., la riqueza está fuertemente concentrada en relativamente pocas manos. En 2007, el 1% de los hogares (la clase alta) poseía un 34,6% de toda la riqueza en manos privadas, y el 19% siguiente (la capa de administradores, profesionales, y pequeños empresarios) poseía el 50,5%, lo que significa que sólo un 20% de la gente poseía un extraordinario 85%, dejando sólo un 15% de la riqueza para el 80% inferior (trabajadores asalariados y remunerados). En términos de riqueza financiera (el valor total neto menos el valor de la casa en propiedad), el 1% de los hogares tenía una parte aún mayor: un 42,7%. (Fuente: Domo).El ingreso real promedio por hogar en EE.UU. es actualmente de 49.777 dólares. En 1999, antes de la toma del poder por George Bush, era de 52.388 dólares. Una disminución de un 5% en diez años. Aún más inquietante es el hecho de que el 20% de los hogares en el pico de la pirámide experimento un verdadero aumento de sus ingresos. El 50% inferior perdió ingresos durante los últimos diez años, y el 20% inferior perdió un 8% de ingresos en ese período. No es sorprendente que haya tanta ira entre la clase media trabajadora en el país frente al rescate para el 1% superior. Sesenta millones de unidades domésticas ganan menos actualmente de lo que ganaban hace 10 años. Las políticas de la Reserva Federal durante los últimos diez años han beneficiado a los especuladores y castigado a los adultos mayores, los que ahorran y a la clase media trabajadora. Cada política, programa y regulación presentada por la Reserva Federal en los últimos tres años ha servido para fortalecer, cebar y apuntalar a sus propietarios de Wall Street, demasiado grandes para fracasar. La familia trabajadora de clase media estadounidense, mientras tanto, es demasiado pequeña para importar. Steinbeck se dio cuenta proféticamente de que el sufrimiento de la clase trabajadora no se debía al mal tiempo, a la mala suerte, o a las acciones de la clase trabajadora. Era causado por el abuso de poder e influencia en todo el país por parte de su acaudalada elite gobernante en su esfuerzo por enriquecerse por todos los medios. Circunstancias históricas, sociales, y económicas separan a la gente entre ricos y pobres, terratenientes e inquilinos, y los que están en roles dominantes luchan cruelmente por preservar sus posiciones. Durante la Gran Depresión los agentes de bolsa, banqueros y empresarios mantuvieron un papel dominante, mientras agricultores, trabajadores, y el hombre de a pie eran tratados como perros. Steinbeck utilizó este simbolismo al hacer que el perro de la familia de Load fuera atropellado por una persona rica que conducía un elegante coche descapotable al principio de la novela. Steinbeck veía a los grandes terratenientes de California como el epítome de los malignos Poseedores. Los terratenientes crearon un sistema por el cual los migrantes eran tratados como animales, enviados de un inmundo campo al borde de la carretera a otro, denegados salarios tolerables, y obligados a volverse contra sus hermanos simplemente para sobrevivir. El mundo de Steinbeck era negro y blanco, bueno y malo, rico y pobre. Actualmente, los medios corporativos dominantes lo estigmatizarían como un chiflado anticapitalista, socialista. Los que tienen el control quieren que las masas se pierdan en matices grisáceos. En los años treinta era más obvio quién era el culpable. La red de seguridad social de los programas del Nuevo Trato de Franklin Delano Roosevelt acababa de comenzar. En  aquel entonces parecía una buena idea aliviar el sufrimiento de los pobres. En realidad, hizo poco por ayudar, ya que la tasa de desempleo era todavía de un 18% en 1939, diez años después del comienzo de la Depresión. Esos programas, junto con cientos implementados desde los años treinta, han creado una clase marginada dependiente y han dejado a EE.UU. con una deuda no financiada de más de 100 billones de dólares. Los ricos utilizan las 70.000 páginas del código tributario del Servicio de Impuestos Internos para evitar impuestos. Utilizan su riqueza para comprar influencia en Washington DC, amañando el juego a su favor. El 50% de la población, la base de la pirámide, no paga impuestos sobre la renta. La clase media trabajadora, con ingresos reales en disminución, paga la cuenta. Es engañada por una industria financiera dispuesta a mentir, confundir y defraudar para que crea que puede vivir como los ricos. Directores ejecutivos, superestrellas corporativos lisonjeados por los medios corporativos, subcontrataron los puestos de trabajo bien remunerados de la clase media a países extranjeros, aumentando las utilidades por acción, el precio de sus acciones y sus bonificaciones de mega-millones. Podrá no parecer semejante a los años treinta, pero es peor para millones de familias estadounidenses de clase media trabajadora. La dignidad de la ira. “Y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están yenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia”, John Steinbeck  Las uvas de la ira, los sentimientos de respecto a la gente sobre la que escribía pueden ser resumidos en este pasaje: “Si tienes problemas o estás herido o necesitado… acude a la gente pobre. Son los únicos que te van a ayudar… los únicos”. Los Load que se niegan a ser quebrantados por sus circunstancias. Mantienen su dignidad, honor y amor propio, a pesar de las dificultades y tribulaciones que los afectan. El hambre, la muerte trágica, y el maltrato de las autoridades no les amilanan. Su dignidad ante la tragedia contrasta con la vileza de los terratenientes ricos y los policías que trataban a los trabajadores migrantes como criminales, no importa cuánta desgracia y degradación se acumulan sobre los Load, su sentido de justicia, familia, y honor nunca desfallece. Steinbeck creía que mientras la gente mantuviera un sentido de injusticia, un sentido de furor contra los que trataban de menoscabar su amor propio, nunca perdería su dignidad. TOM Load es el símbolo de todos los trabajadores pobres maltratados que se niegan a ser vencidos. Los terratenientes y la policía son los opresores. TOM mata a un policía en una lucha por la dignidad de los trabajadores. La despedida de TOM de su Madre, captura la esencia de la lucha: “En donde haya una pelea para que los hambrientos puedan comer, allí estaré. Donde haya un policía pegándole a uno, allí estaré. Si Casi sabía, por qué no, pues estaré en los gritos de la gente enfurecida y estaré en la risa de los niños cuando están hambrientos y saben que la cena está preparada. Y cuando nuestra gente coma los productos que ha cultivado y viva en las casas que ha construido, allí estaré, ¿entiendes?”, TOM Load  Las uvas de la ira de Steinbeck estaba dirigida contra los banqueros que robaban las granjas, los terratenientes de California que trataban a los trabajadores como alimañas, y la policía que se ponía de parte de los ricos y brutalizaba a los trabajadores. La cólera y la ira de TOM Load contra los que querían que se acobardara son presentadas con fuerza en este pasaje: “Ya lo sé, Madre. Lo estoy intentando. Pero esos ayudantes del sheriff… ¿Has visto uno alguna vez que no tuviera el culo gordo? Y menean el culo y muestran su revólver por ahí. Madre dijo, si ellos estuvieran trabajando con la ley, lo podríamos soportar. Pero no es eso. Su trabajo es minarnos la moral. Intentan que estemos encogidos, arrastrándonos como una perra apaleada. Tratan de destrozarnos. Por Dios, Madre, yega un momento en que lo único que uno puede hacer para conservar la dignidad es atizarle a un policía. Nos están comiendo la dignidad”. En nuestros días la ira de Steinbeck se concentraría en los mega-bancos de Wall Street, las mega-corporaciones y los políticos que les permiten que saqueen la riqueza de la nación. Las sequías, los embargos y la tecnología yevaron a millones de agricultores a las ciudades durante los años treinta y la tendencia se aceleró con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. EE.UU. se convirtió en el fabricante del el mundo entero, y la manufactura representaba más de un 28% del PIB a mediados de los años cincuenta. El negocio de la banca, los seguros y los bienes raíces representaba menos de un 11% del PIB. Desde la adopción de la tarjeta de crédito a gran escala a finales de los años sesenta, el papel de los banqueros y de la deuda en nuestra sociedad ha crecido incansable e implacablemente. A mediados de los años ochenta fue demasiado tarde para echar marcha atrás, cuando el sector financiero sobrepasó al sector manufacturero en importancia relativa para nuestra economía. Actualmente, los beneficios generados por los banqueros mediante la venta de deuda a la clase media, la creación de derivados para estafar viudas y fondos de pensiones, y el manejo de sus instituciones como casinos es púdicos subidos al apalancancamiento financiero representan un 21,5% del PIB. Los beneficios de manufacturas ascienden ahora a un miserable 11,2% del PIB, mientras directores ejecutivos titanes de la industria de la General Electric, Hewlett Packard, Intel y Apple enviaron los puestos de manufactura a Asia en un noble esfuerzo por aumentar las utilidades por acción y otorgarse recompensas con paquetes de 30 millones de dólares. (Fuente: www.mybuger360.com). La deuda total de EE.UU. en porcentaje del PIB se mantuvo notablemente estable durante tres décadas en aproximadamente un 130%, mientras que los beneficios financieros como porcentaje del PIB se ubicaban consistentemente un poco por debajo del 1%. El ascenso de Alan Greenspan al trono de la Reserva Federal desató una tormenta de polvo de deuda y de beneficios bancarios durante los últimos 25 años. Los beneficios totales de la industria crediticia y financiera crecieron cada una en más de un 250%. Los salarios reales de los trabajadores de clase media son más bajos actualmente de lo que eran en 1971. Desde que los puestos de trabajo mejor pagados en la manufactura fueron enviados a ultramar, Wall Street yenó el vacío suministrando millones de deuda al estadounidense promedio para que pudiera comprar cosas producidas en China por gente que tomó sus puestos de trabajo. Wall Street y los medios corporativos convencieron a los estadounidenses de clase media de que su estándar de vida aumentaba con las olas de deuda. El padrino, Greenspan, protegía y custodiaba a los grandes bancos. Cuando cometían errores en sus esfuerzos por expoliar y saquear a gran escala, el padrino reducía las tasas de interés e inundaba el sistema con liquidez. Si es cara, son ellos lo que ganan, si es cruz, pierde EE.UU. (Fuente: Barry Ritholtz). Las inescrupulosas instituciones financieras de Wall Street trabajaron sin límites, sin regulación y sin escrúpulos en su insaciable saqueo y pillaje de la riqueza del público estadounidense. La Reserva Federal suministró el combustible y el Congreso encendió la mecha con la revocación de Grass-Steagall, yevando finalmente a la mayor explosión financiera en la historia de las finanzas del mundo en 2008. La crisis financiera fue creada por los mayores bancos de Wall Street y las políticas de la Reserva Federal. Es un tributo a su poder monetario, a la total captura de los medios dominantes, y al total control de los políticos corruptos en Washington DC, el que de alguna manera los bancos Demasiado grandes para quebrar sean más grandes ahora de lo que eran antes de la crisis. La clase media trabajadora ha pagado la cuenta de los billones que han sido transferidos a las arcas de esas empresas siniestras. Como recompensa, los ahorristas reciben un 0,25% por sus ahorros. Esos sujetos han dejado sin trabajo a 8,5 millones de personas en los últimos tres años. Steinbeck comprendió que los banqueros que embargaron las casas de los agricultores pobres y alimentaron la especulación que condujo al Jueves Negro no eran otra cosa que extensiones de un monstruo perverso: “El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar­”, los que controlan actualmente nuestra economía merecen el mismo desprecio e ira que Steinbeck acumuló sobre bancos y terratenientes de California en los años treinta. Jesse, del Jesse’s Café American, captura la ira en su evaluación de nuestro estado de cosas actual: “Los bancos deben ser contenidos, y el sistema financiero transformado, y se debe restaurar el equilibrio de la economía, antes de que pueda haber alguna recuperación ininterrumpida. Todo lo demás es saqueo y locura, con la apatía y el egoísmo complaciente como sus cómplices”. Individualismo y generosidad “Nunca más voy a tener miedo. Pero lo tuve. Por un momento pareció como si nos hubieran derrotado. Derrotados por completo. Parecía como si no tuviéramos a nadie en todo el mundo, sólo enemigos. Como si nadie siguiera siendo amistoso. Me hizo sentir bastante mal, y también asustada, como si estuviéramos perdidos y a nadie le importara… Los ricos van y se mueren y sus hijos no sirven para nada y van desapareciendo. Sin embargo, Tom, nosotros seguimos surgiendo. No te inquietes, Tom. Yegan nuevos tiempos, distintos. Tranquilo dijo ella. Debes tener paciencia. Mira, Tom… nosotros, nuestra gente, seguirá viviendo cuando estos otros hayan desaparecido. Escucha, Tom, nosotros somos la gente que vive. No nos pueden borrar del mapa. Nosotros somos la gente, nosotros seguimos adelante”, Ma Joad   Las uvas de la ira. La elite del poder que cree que puede controlar a las masas como un bufón maneja una marioneta debería andar con cuidado. La ira de las masas puede ser feroz y repentina. Preguntadle a Hosni Mubarak. Como Steinbeck se dio cuenta hace muchas décadas, el egoísmo descontrolado, apoyado y alentado por las autoridades, conduce a la pobreza, a la desesperación y a veces a la revolución. El falso mantra de una economía basada en el interés propio y el libre mercado es una cortina de humo propagada por los pocos con riqueza y poder para oscurecer la verdad de que han utilizado su riqueza y su poder para amañar el juego a su favor. Los que no tienen nada pueden soñar con llegar a poseer, pero las probabilidades de lograr ese sueño son actualmente exiguas. Steinbeck distingue con mordacidad entre el egoísmo de la clase acaudalada y el altruismo de los trabajadores pobres. En contraste y en conflicto con esta política de egoísmo está la conducta de los migrantes entre ellos. Conscientes de que su sustento y supervivencia dependen de su devoción hacia el bien colectivo, los migrantes se unen compartiendo sus sueños, así como sus cargas a fin de sobrevivir, los que tienen el control tienen que mantener la división de las masas. Necesitan que los estadounidenses sean distraídos por amenazas terroristas fantasma, diferencias políticas irrelevantes, American Idol, Charlie Sheen, Lindsey Lohan y Lady Gaga. Necesitan que los estadounidenses se concentren en sí mismos. Su mayor temor es que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que “Nosotro” podemos cambiar la dirección de este país y yevar ante la justicia a los perpetradores de crímenes contra el pueblo de este país. John Steinbeck vio el poder potencial del hombre común si se convierte “Nosotros”: “Un hombre, una familia, obligados a abandonar su tierra; este coche oxidado que cruje por la carretera hacia el oeste. Perdí mis tierras, me las quitó un solo tractor. Estoy solo y perplejo. Y por la noche una familia acampa en una vaguada y otra familia se acerca y aparecen las tiendas. Los dos hombres conferencian en cuclillas y las mujeres y los niños escuchan. Este es el núcleo, tú que odias el cambio y temes la revolución. Mantén separados a estos dos hombres acuclillados; haz que se odien, se teman, recelen uno del otro. Aquí está el principio vital de lo que más temes. Este es el cigoto. Porque aquí “he perdido mi tierra” empieza a cambiar; una célula se divide y de esa división crece el objeto de tu odio: “nosotros hemos perdido nuestra tierra”. El peligro está aquí, porque dos hombres no están tan solos ni tan perplejos como pueda estarlo uno. Y de este primer “nosotros”, surge algo aún más peligroso: “tengo un poco de comida” más “yo no tengo ninguna”. Si de este problema el resultado es “nosotros tenemos algo de comida”, entonces el proceso está en marcha, el movimiento sigue una dirección. Ahora basta con una pequeña multiplicación para que esta tierra, este tractor, sean nuestros. Los dos hombres acuclillados en la vaguada, la pequeña fogata, la carne de cerdo hirviendo en una sola olla, las mujeres silenciosas, de ojos pétreos; detrás, los niños escuchando con el alma las palabras que sus mentes no entienden. La noche cae. El pequeño está resfriado. Toma, coge esta manta. Es de lana. Era la manta de mi madre, cógela para el bebé. Esto es lo que hay que bombardear. Este es el principio: del “yo” al “nosotros”. El pueblo de EE.UU. tiene una alternativa. Puede continuar por un camino de desidia, individualismo y acecho del lucro, o puede unirse con generosidad y preocupación por el bienestar del prójimo y de futuras generaciones aún no nacidas. El camino actual, forjado por una minoría de una elite privilegiada lucrada, yevará a la destrucción de este país y a una miseria de una escala sin precedentes. Depende de cada uno de sus ciudadanos mostrar el coraje de John Steinbeck, quien sin pensar en sí mismo, se alzó contra las rocas de la condena, y se pronunció a favor de los que no tienen una verdadera voz en las salas de la justicia, o en las salas del gobierno. Al hacerlo se convirtió en enemigo del status quo político. ¿Están   dispuestos a incurrir en la ira de los intereses creados y enfrentar sus mentiras y propaganda con la furia de su propia ira en busca de la verdad? Esos sujetos en su arrogancia están seguros de que no tiene el coraje, ni la fortaleza de ánimo y la ira para derrotarlos.

“Con nuestras omisiones le hemos cortado una vez más rodajas al tiempo, pero el tiempo sigue igual”

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